Una artista vegana, un joven carnicero y un deseo arrollador: “Tenía la heladera llena de carne, pero volvía porque necesitaba verlo”
Miranda, profesora de arte, acababa de separarse y de tener otras relaciones que habían sido un completo desastre. Cada vez que entraba a la carnicería de la vuelta y veía a Raúl, un joven morocho de mirada filosa y varonil hasta la médula, algo en su cabeza —y en su cuerpo— se encendía