Qué es el “doomscrolling”, la práctica en redes que aumenta la ansiedad y fatiga mental

El consumo compulsivo de noticias negativas en redes sociales se volvió cada vez más común, especialmente entre los jóvenes. Especialistas advierten que esta práctica puede aumentar la ansiedad, generar fatiga mental y dificultar la concentración

El doomscrolling se instala entre los jóvenes como el consumo compulsivo de noticias negativas en redes sociales

El doomscrolling (consumo compulsivo de noticias negativas en redes sociales) se consolidó como una de las prácticas más extendidas entre los jóvenes. Bajo la mirada del filósofo Tomás Balmaceda en Infobae en Vivo Al Mediodía, este fenómeno afecta la salud mental y motiva el resurgimiento de actividades manuales tradicionales como vía de escape fuera del entorno digital.

El ‘doomscrolling’ genera un aumento notorio de ansiedad, fatiga mental y dificultad para sostener la concentración. Frente a ello, las nuevas generaciones recuperan hobbies como el tejido, la cerámica, la jardinería y la cocina, en busca de calma y de vínculos personales fuera de las pantallas. Para muchos, esta búsqueda es una respuesta necesaria ante el desgaste provocado por la saturación informativa en internet.

Balmaceda describió: “Este fenómeno, que los yanquis tienen palabras para todo, se llama doomscrolling. La idea es que vos estás con tu teléfono viendo todo el tiempo información constante”. Insistió en que el consumo ininterrumpido de noticias puede anestesiar la empatía y genera una sensación permanente de crisis. “Al ver tantas cosas tristes y ver tantas cosas que nos inquietan, nos empezamos a anestesiar”, afirmó.

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La saturación informativa en internet motiva el resurgimiento de hobbies tradicionales como respuesta a la fatiga digital (Freepik)

El filósofo explicó que ante ello, muchos jóvenes desarrollan respuestas propias: “Empezaron a generar sus propios anticuerpos, sus propias respuestas”. Estas estrategias incluyen actividades “superclásicas, del siglo pasado” como tejer, bordar, trabajar la cerámica o cuidar plantas, que permiten alejarse momentáneamente del ambiente digital.

Hobbies tradicionales como refugio frente al exceso digital

La jardinería es una de las actividades que ganó popularidad entre quienes buscan paciencia y tiempos distintos de la urgencia digital. “Vos te dedicás a tener tu plantín, necesitás paciencia, pausa y tiempo. Todo lo que las redes sociales no nos están dando”, destaca. Estos hobbies se consolidan como territorio de desconexión, donde lo importante es el “proceso” y no el resultado inmediato.

Balmaceda resaltó que el valor está en compartir y en dejar el celular de lado. Destacó también la cocina como otro de esos espacios: cocinar exige atención, presencia y desconexión obligada. “Cuando estás cocinando, tenés la atención puesta ahí. Si no, se te quema todo, te podés lastimar. Requiere concentración”.

Desconexión y nuevas relaciones sociales fuera de las redes

Una experiencia destacada en este cambio de hábitos es la creación de ambientes enfocados en la desconexión colectiva. En ese sentido, Balmaceda mencionó que existe una alternativa llamada “El Club Offline”. El sitio reúne actividades con foco en la presencialidad.

Balmaceda insistió en el carácter colectivo de estos espacios. “Estos hobbies, que a veces se llaman hobbies de abuela, aunque es un poco estigmatizante, nos permiten tener experiencias más allá de lo virtual, de las pantallas”. Así, compartir una merienda, tomar mate o colaborar en una creación se convierte en parte fundamental del disfrute.

Los testimonios muestran que la socialización presencial y la atención sostenida emergen como logros esenciales, capaces de fortalecer vínculos que difícilmente se forjan en el entorno digital.

La saturación informativa en internet motiva el resurgimiento de hobbies tradicionales como respuesta a la fatiga digital (thanyakij-12)

Entre el privilegio de desconectar y la vida cotidiana conectada

El debate sobre la viabilidad de desconectarse de las redes digitales incluye una variable social y económica. “Muchas veces desconectarse es un privilegio”, consideró Balmaceda, aludiendo a las condiciones que imponen las obligaciones laborales, educativas o simplemente el modo de vida actual.

En la charla surgió el reconocimiento de que para una parte de la población alejarse por completo de internet es prácticamente imposible. Emprendimientos, trabajo, relaciones barriales o familiares dependen de estas herramientas digitales. “Hay gente que puede y gente que no puede”, sintetiza una interlocutora, resaltando la dimensión colectiva de la conectividad.

La digitalización atraviesa todos los niveles y estrategias del día a día. Para muchas personas, las plataformas sociales se han transformado en una extensión cotidiana, útil tanto para la organización barrial como para las gestiones laborales.

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