Escapó de la guerra en Croacia, se casó con un argentino y lleva la mitad de su vida en nuestro país: “Acá nunca me sentí una extranjera”

Snježana Strunje llegó a Buenos Aires cuando tenía 27 años. Iba a quedarse por tres meses, pero terminó pasando por el registro civil. Hoy, a los 54, repasa sus primeros tiempos en Argentina y destaca la calidez de la gente. “Este es un país fantástico para hacer amigos”, dice

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Escapó de la Guerra de Croacia, se casó con un argentino y ya lleva la mitad de su vida en nuestro país: “Nunca me sentí una extranjera acá”, dice Snježana Strunje.

Cuando aterrizó en Buenos Aires, en el año 1994, no sabía ni una palabra de español. Llegó, cuenta a Infobae, un poco por amor y otro poco escapando de la guerra que se había desatado en su país hacía cuatro años. De Zagreb, Croacia, en ese momento Snježana Strunje tenía 27 años y se había enamorado de Guido, un argentino que conoció en Italia en 1992, mientras cursaba un posgrado en Economía.

Después del flechazo, ella volvió a Croacia y él a Argentina. “Mantuvimos la relación por carta y fax, hasta que él se vino a Zagreb en pleno conflicto bélico”, recuerda Sñe, apodo con el que se hace llamar. Aquellos días, dice, estuvieron repletos de incertidumbre y tensión. “Sobrevolaban aviones, pero no se sabía si iban a bombardear o no. Había un montón de amenazas y, cuando empezaban a sonar las alarmas, teníamos que ir a los refugios”, explica.

Finalmente, Guido le propuso a venir a Argentina. “Acepté. Me pareció una oportunidad para ir a conocer un país de Sudamérica. Yo venía del crudo invierno de mi país y me encontré con un clima tropical. ¡No podía creerlo!”, dice la croata, acerca de sus primeras sensaciones en Capital Federal.

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El plan original, cuenta entre risas, era quedarse por tres meses. “Como te darás cuenta todavía no volví. Tuve que pedirle a mis padres que me mandaran algo de ropa, porque solo había traído prendas para pasar el verano”, recapitula. Además, renunció al puesto que tenía en la Cancillería de Croacia, donde había pedido una licencia.

Sñe y Guido cuando se conocieron en Roma en 1992.

-Una vez en Argentina, ¿qué fue lo primero que hiciste?

-Anotarme en un curso de español para extranjeros en la Universidad de Buenos Aires (UBA) porque no hablaba una palabra de castellano. Con Guido, hasta ese momento, nos comunicábamos en italiano. En ese curso conocí varias personas que estaban en mi misma situación. De hecho, conservo amigas de esa época: una finlandesa, una brasileña… Teníamos los mismos problemas, las mismas dudas e inquietudes.

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-¿Te adaptaste enseguida a vivir en otro país o te costó?

-Buenos Aires me encantó. Nunca me sentí una extranjera acá. Creo que eso ayudó muchísimo a que tomara la decisión de quedarme. Pensá que además, yo venía de un país en guerra donde cada vez que había amenaza de bomba terminábamos en un refugio. Una situación extrema que, inevitablemente me hacía pensar: “Tiene que existir una vida mejor, una vida más tranquila”.

-Muy duro...

-En ese momento yo tenía 27 años y Croacia estaba en conflicto bélico desde hacía cuatro. Para mi generación, a diferencia de mis antepasados, era algo impensado. Me hace acordar, salvando las distancias, a lo que vivimos al comienzo de la Pandemia, porque no se podía planificar nada. Cuando tenés 23, 24, 25, querés conocer personas, recorrer lugares, hacer cursos... Me sentía atrapada en una situación que no podía controlar.

En 1994, meses después de llegar a la Argentina, Sñe y Guido pasaron por el registro civil.

-¿Qué fue lo que más te gustó de Argentina?

-Además del clima, la comida y la música, lo que más me gustó fue la gente. Los croatas son reservados. Los argentinos en cambio, son abiertos y generosos. Recuerdo que me escuchaban hablar, se me acercaban y me preguntaban: “¿Cómo te llamas? Yo decía “Sñe”, que es una parte corta de mi nombre. Después de eso, venía una catarata de preguntas: “¿De dónde sos? ¿Qué hacés acá? ¿Cuánto tiempo hace que estás acá?”. De repente me quedaba hablando un montón de horas con gente distinta. El primer tiempo me parecía un poco invasivo. “Quieren saber todo de mí”, pensaba. Pero me acostumbré. Me parece que Argentina es un país fantástico para hacer amigos. De hecho, en 2019, viajé con mis amigas argentinas a Croacia. Fuimos a Dubrovnik, recorrimos la Costa Dálmata: fue increíble. Creo que uno también es embajador de su país en el país que eligió vivir, ¿no?

-¿Tu familia te apoyó en tu decisión de instalarte en un país de Sudamérica?

-Muchísimo. No era la primera vez que salía de Croacia. Viví en Italia un año y, antes, estuve cuatro meses en Estados Unidos. Por eso, al principio, ellos lo tomaron como un viaje más. Después, cuando les planteé que me quería quedar lo entendieron. Siempre priorizaron mi felicidad. Decían: “Lo importante es que estés bien”. Lógicamente, más adelante vinieron a visitarme y les encantó.

En 2019, Sñe llevó a sus amigas argentinas a conocer Croacia. "Fuimos a Dubrovnik, recorrimos la Costa Dálmata: fue increíble. Creo que uno también es embajador de su país en el país que eligió vivir, ¿no?", dice.

-Al revés que hiciste vos, ahora son muchos los argentinos que eligen irse del país.

-Me parece muy bien que se vayan, que junten experiencia, que aprendan otros idiomas y que conozcan otras realidades. En ese caso van a saber valorar lo que tienen en su país. Eso también es súper importante. Creo que cuando uno se va, se da cuenta de lo que realmente tiene. Y por más bien que estés económicamente, siempre querés volver a tu país.

-Vos llevás la mitad de tu vida viviendo en Buenos Aires, ¿tenés pensado regresar a Croacia en algún momento?

-Para ser sincera: durante muchísimos años pensé que iba a quedarme en Argentina de manera temporaria. “Cuando termine la guerra vuelvo”, pensaba al principio. Después nació nuestro hijo, Luca (22), y no quise desarraigarlo: “Nos quedamos hasta que termine el colegio”, decía. La realidad es que siempre buscaba una excusa para seguir quedándome acá y, al mismo tiempo, siempre pensaba que algún día iba a volver a Croacia. Lo ideal sería vivir seis meses acá y seis meses allá. Croacia es un país hermoso y, obviamente, viajo todos los años a visitar a mi familia. Dos o tres veces por lo menos.

Sñe con su familia en Croacia. "Obviamente viajo todos los años a verlos. Dos o tres veces por lo menos", dice.

-¿Qué es lo que más extrañas?

-Los afectos: mi familia, mis sobrinos, mis amigos de toda la vida y las charlas. Yo soy muy del “Te acordás”. “¿Te acordás de lo que hacíamos en la primaria?”; “¿Te acordás cuando en la secundaria pasó tal cosa?”. Esas anécdotas del pasado que solo podés charlar con determinadas personas.

-Después de 27 años de estar acá, ¿dirías que sos más argentina que croata o al revés?

-(Piensa). Hay un montón de costumbres argentinas de la que me apropié. El asado, obviamente, me encanta y las empanadas también. Probé bailar tango, pero no me duró mucho. Mate no tomo. Igual siempre vivo como en una dualidad. Porque cuando voy de viaje a Croacia me parece que nunca me fui. Pero por otro lado, no conozco más las situaciones y costumbres nuevas costumbres de allá. Me entero cuando voy. En Argentina aunque nunca me sentí extranjera, lo soy. Porque por mi nombre, por mi acento, me preguntan todo el tiempo de dónde soy. Entonces en algún momento te terminás preguntando: “¿De dónde soy?”. Yo creo que soy de los dos países.

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