Luis Ernesto Cárdenas, uruguayo, 60 años y taxista hace veinte, mató en defensa propia a un pasajero que lo atacó con un cuchillo, fue detenido y liberado tras una noche en la comisaría luego de que el juez Luis Zelaya le dictara la falta de mérito. En diálogo con InfobaeTV, contó cómo fue la secuencia, qué sintió al momento de ser abordado y detalles que explican de qué manera terminó muerto el delincuente.
"No recuerdo tener el cuchillo en mi mano y apuñalar directamente. Es probable que haya pasado pero no tengo el recuerdo de haber hecho eso. Fue fruto del forcejeo, iba de acá para allá", confesó Cárdenas.
Contrario a la información de que el atacante había muerto en el hospital Penna, el taxista describió: "Cuando logré alejarlo del auto tenía el cuchillo en la mano. Mi intención era sacar el auto para pedir ayuda. Cuando voy a hacer eso, antes de llegar a la puerta veo las luces de un patrullero. Empiezo a hacer señas. Viene, se acerca, el señor (el agresor) decía que le quería robar y yo decía que era al revés. Me hizo dejar el cuchillo, pidió refuerzos, SAME, al señor lo acuestan y cuando le levantan la ropa ven manchas de sangre en el tórax. Empieza a perder el sentido, no contestaba y falleció ahí".
Pero, ¿cómo se llegó hasta aquí? Así lo detalló Cárdenas: "Subí al pasajero en Callao y Rivadavia y me pide que lo lleve a Vieytes y Carrillo. Titubeo dónde es y me dice 'el (hospital) Borda'. Estoy por Vieytes y me dice 'necesito que dobles acá, Paracas 350, vivo'. Doblo, voy mirando la dirección, observo que desde la izquierda, el lugar donde hay casas, 377 es impar, miro al frente y no hay (es un paredón). Cuando me doy vuelta tengo un cuchillo en el cuello. Entonces me detengo y (el hombre) avanza para adelante como si quisiera meterse adentro. Ante esto con mi mano izquierda tomo la cuchilla para frenarlo, muerto de miedo. Eso me produce cortes en la mano. Entonces voy haciendo fuerza para sacármelo, tira un puntazo y me lastima en el ojo. Comienzo a sangrar de una manera descomunal. El auto andando, subió a una vereda y nos chocamos contra una pared. Yo quería abrir la puerta del pasajero pero estaba con el seguro. Cuando puedo abrir la puerta, lo empujé bastante casi para salir. Ahí abrí la puerta mía, paso por atrás y ya lo puedo agarrar. Trenzamos en lucha, forcejeamos, el cuchillo va, viene y en ese ínterin comienzan las heridas. El señor queda herido".
También contó un dato que, según su visión, le salvó la vida: no tenía puesto el cinturón de seguridad: "Por suerte no lo tenía. No lo uso por eso. Una vez anterior intentaron asaltarme con un arma de fuego, dos chicos me la pusieron en la costilla, veo dos policías, le hice señas de luces, paré abrí mi puerta y me bajé. Los policías enseguida los agarraron. Si tengo el cinturón no lo puedo hacer. Entonces desde esa vez no uso más el cinturón por seguridad".
-¿Había sufrido otros hechos de violencia?
-Robos sí, pero tranquilos, te ponen revólver, dame la plata, se bajan chau. Eso sí 4 o 5 veces, como creo que todo el mundo. Nada que ver con esto. El señor tenía esa intención o se vio frustrado porque cuando me atacó con la cuchilla quería irse para adelante para apropiarse de mi billetera. La reacción mía lo enfureció y ahí le dio por querer matarme.
-¿Por qué en esta ocasión reaccionó así?
-Estaba muy asustado, tenía el cuchillo en el cuello, un poquito que lo empuje y me mata. Me asusté muchísimo, pensé en mi familia, en mi señora, mis hijos, y dije 'tengo que pararlo'.
-¿Volverá a trabajar en el taxi?
-Ese es el gran dilema. Hay que subirse, hay que manejar, que suba gente a tu espalda. Estoy evaluando la posibilidad de cambiar de trabajo, este no es el mejor momento porque el trabajo no abunda, pero va a haber que buscar algo menos riesgoso, tengo 60 años.
-Más allá de lo que le pasó, ¿diría que la profesión de taxista es peligrosa?
-Es muy riesgosa. Estamos muy expuestos a todo. Hay situaciones que se te crean. Por ejemplo, sube una chica, hacés un viaje, y te dice 'no tengo plata' o se baja corriendo y se va sin pagarme. ¿Qué hago? ¿La corro? Se pone a gritar que la quiero violar y voy preso. Estás expuesto a muchas cosas. La gente a veces no toma conciencia, hay que estar en el lugar de uno.
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