La menopausia no solo representa el final de la etapa reproductiva, sino también una transformación profunda en el funcionamiento del organismo. Durante este período, muchas mujeres experimentan cambios que pueden impactar directamente en la salud cardiovascular y metabólica.
Uno de los factores centrales es la disminución de los niveles de estrógeno, una hormona clave en múltiples funciones del cuerpo. Además de intervenir en el ciclo menstrual, participa en el procesamiento de las grasas, ayuda a mantener equilibrado el colesterol y cumple un papel importante en la regulación de la inflamación.
Por eso, después de este período muchas, mujeres comienzan a presentar un aumento del colesterol LDL —conocido como “colesterol malo”—, una reducción del HDL —el llamado “colesterol bueno”— y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.
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En este contexto, investigadores de la University of Texas at Arlington analizaron qué ocurre exactamente en el organismo cuando disminuye esta hormona. Los científicos encontraron que la caída del estrógeno altera funciones clave del hígado y activa mecanismos inflamatorios que podrían explicar parte del aumento del riesgo cardiovascular observado tras la menopausia.
Además, observaron que al restaurar los niveles de estradiol —la forma más activa del estrógeno— muchos de esos cambios comenzaron a revertirse. El estudio fue publicado en la revista Scientific Reports.
Qué ocurre en el cuerpo cuando disminuye el estrógeno
Antes de la menopausia, las mujeres suelen tener menor riesgo cardiovascular que los hombres de la misma edad. Esa diferencia se reduce con el paso de los años y especialmente después del descenso hormonal. Los investigadores querían entender por qué sucede esto y qué papel cumple el hígado en ese proceso.
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El hígado es uno de los órganos más importantes para el metabolismo. Allí se producen y eliminan grasas, colesterol y distintas sustancias necesarias para el funcionamiento del cuerpo. Cuando ese sistema pierde equilibrio, aumentan las probabilidades de desarrollar hipertensión, acumulación de grasa en las arterias y enfermedades cardíacas.
El equipo liderado por Subhrangsu S. Mandal descubrió que la falta de estrógeno activa señales inflamatorias dentro del hígado. Esa inflamación modifica la manera en que el organismo procesa el colesterol y otras grasas.
“Queremos entender cómo la pérdida de estrógeno desencadena esa reacción en cadena”, explicó Mandal. En otras palabras, la caída hormonal no afecta únicamente al sistema reproductivo: también altera mecanismos metabólicos que influyen directamente sobre la salud cardiovascular.
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Inflamación hepática y cambios en el colesterol
Uno de los descubrimientos más importantes del estudio estuvo relacionado con una enzima denominada IDO1. Las enzimas son moléculas que intervienen en distintos procesos químicos esenciales del organismo y ayudan a regular múltiples funciones del cuerpo.
En este caso, los investigadores observaron que la IDO1 cumple un papel clave en las respuestas inflamatorias y en el metabolismo de determinados nutrientes, dos mecanismos estrechamente vinculados con la salud metabólica y cardiovascular.
Los investigadores observaron que, cuando disminuía el estrógeno, la actividad de esta enzima aumentaba en el hígado. Ese incremento estaba acompañado por mayores señales de inflamación y por cambios negativos en el colesterol.
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En concreto, el organismo comenzaba a acumular más colesterol LDL, que favorece la formación de placas en las arterias, mientras disminuía el HDL, encargado de ayudar a eliminar el exceso de grasa de la sangre.
El estudio también detectó un aumento de moléculas inflamatorias como IL6 y TNF-α. Estas sustancias forman parte de la respuesta inmunológica del cuerpo, pero cuando permanecen elevadas durante mucho tiempo pueden contribuir al daño vascular y metabólico.
En otras palabras, la disminución de estrógeno parecía crear un escenario menos favorable para el metabolismo y la salud cardiovascular. Los investigadores observaron que, ante la falta de esta hormona, aumentaban distintos procesos vinculados al deterioro metabólico y a la inflamación del organismo.
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Sin embargo, cuando el estrógeno fue restituido, varios de esos cambios comenzaron a revertirse. Este hallazgo refuerza la idea de que la hormona cumple un papel fundamental en la regulación del colesterol y en el control de mecanismos asociados al daño inflamatorio.
Cómo estudiaron el efecto de la pérdida hormonal
Para investigar estos mecanismos, los científicos utilizaron modelos animales diseñados para reproducir la disminución de estrógeno que ocurre después de la menopausia. Los animales con bajos niveles hormonales desarrollaron cambios metabólicos asociados a mayor riesgo cardiovascular; presentaron aumento de peso, niveles más altos de colesterol LDL y reducción del HDL.
Luego, los investigadores administraron estradiol para evaluar si esos efectos podían revertirse. Tras el tratamiento, observaron mejoras en distintos indicadores metabólicos y una disminución de los marcadores inflamatorios.
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También analizaron una sustancia llamada kynurenina, un metabolito asociado a procesos inflamatorios y estrés metabólico. Sus niveles aumentaban cuando faltaba estrógeno y descendían nuevamente después de la suplementación hormonal.
Además, algunas proteínas encargadas de transportar y eliminar colesterol recuperaron parte de su funcionamiento normal.
El rol del sistema inmunológico en la salud cardiovascular femenina
La investigación también puso el foco en unas células inmunológicas del hígado conocidas como células de Kupffer. Estos componentes actúan como un verdadero sistema de vigilancia del organismo: identifican sustancias potencialmente dañinas y participan activamente en las respuestas inflamatorias del cuerpo.
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Los investigadores analizaron cómo reaccionaban estas células y glóbulos blancos vinculados al sistema inmunológico frente al estradiol. Descubrieron que la hormona reducía las señales inflamatorias y mejoraba mecanismos relacionados con el metabolismo del colesterol.
Esto sugiere que el estrógeno no solo influye sobre las hormonas reproductivas, sino también sobre el sistema inmunológico y los procesos inflamatorios que afectan al corazón y a los vasos sanguíneos.
Los límites de la terapia hormonal y la búsqueda de alternativas
Aunque los resultados muestran efectos beneficiosos del estradiol, los investigadores advierten que la terapia hormonal no es adecuada para todas las pacientes.
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“La terapia hormonal puede mejorar la salud cardiovascular y hepática, pero también eleva el riesgo de cáncer de mama y ovario. Por eso buscamos alternativas”, señaló Mandal.
Por ese motivo, los científicos intentan identificar tratamientos más específicos que permitan bloquear los mecanismos inflamatorios sin necesidad de administrar hormonas durante períodos prolongados.
Uno de los posibles objetivos es precisamente la enzima IDO1. Si futuros medicamentos logran controlar su actividad, podrían reducir parte del daño metabólico asociado a la menopausia sin los riesgos vinculados a ciertas terapias hormonales.
Los autores consideran que estos hallazgos ayudan a comprender mejor cómo interactúan las hormonas, el hígado y el sistema inmunológico después de la menopausia.
Aunque todavía se trata de investigación experimental y faltan estudios en humanos, los resultados podrían abrir el camino hacia terapias más personalizadas para prevenir enfermedades cardiovasculares en mujeres.