El neurólogo Conrado Estol advirtió que las personas que duermen hasta tarde, se levantan agotadas y modifican de forma extrema sus horarios los fines de semana pueden integrar un subgrupo de depresión asociado al ritmo circadiano.
Durante su columna semanal en Infobae al Mediodía, el neurólogo dialogó con Maru Duffard y el equipo integrado por Andrei Serbin Pont, Fede Mayol y Facundo Kablan. La charla partió de los despertares nocturnos, abordó los problemas de salud mental y cerró con mensajes sobre el Día Mundial del ACV.
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Conrado Estol desaconsejó usar el celular durante un despertar nocturno
Antes de abordar la depresión, Estol se refirió a qué hacer ante un despertar nocturno y desaconsejó usar el teléfono para leer o trabajar durante la madrugada. “Hacer eso es lo último”, afirmó el médico. Ante la dificultad para volver a dormirse, recomendó evitar las pantallas y recurrir a técnicas que reduzcan la activación mental. “La verdad, tenés que tratar de volver a dormirte”, sostuvo. Propuso la meditación y los ejercicios de respiración como recursos para afrontar el desvelo sin iniciar actividades que prolonguen la vigilia.
El neurólogo aclaró que despertarse durante la noche no supone, por sí solo, una enfermedad. “Después de los 30, 35, sí, y es normal”, dijo al describir una situación frecuente entre adultos. Sobre las prácticas que pueden ayudar a conciliar otra vez el sueño, mencionó ejercicios repetitivos y poco estimulantes. “De alguna forma estás haciendo algo repetitivo, no muy atractivo, que te puede ayudar a caer y no estar pensando en el problema del trabajo”, explicó.
El sueño puede alterarse en todos los cuadros depresivos
Al comenzar el análisis sobre salud mental, Estol diferenció el insomnio de los trastornos del ánimo. “La persona puede tener insomnio y no tener un problema de ánimo, no tener una depresión. Pero en todas las depresiones hay una alteración del sueño”, planteó.
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El médico citó datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para dimensionar la incidencia global del problema. “5% de la población mundial sufre depresión”, afirmó, y señaló que eso significa que más de 300 millones de personas atraviesan ese cuadro.
También remarcó las dificultades que persisten para detectar y tratar estos casos. “Solo se diagnostica una de cada tres personas con depresión. El diagnóstico tarda en promedio seis a ocho años”, indicó. Para describir algunos criterios clínicos, Estol mencionó la tristeza, la pérdida de interés y una percepción negativa persistente. “Me anclaría fuerte en lo de: ‘He perdido el interés en todas las cosas que me causaban interés’”, expresó.
El neurólogo sostuvo que una persona con depresión no necesariamente queda aislada o deja de cumplir con sus obligaciones. “La gente camina con una mochila por la calle. No es que ese deprimido está en su casa acostado en la cama llorando”, explicó. “Vas a trabajar igual, hacés tu vida igual, pero tenés una mochila de 50 kilos que no te das cuenta qué es hasta que es tratado, hasta que es diagnosticado, hasta que es superado”, agregó.
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El estudio que vinculó la depresión con el ritmo circadiano
Estol presentó un trabajo realizado sobre 12.000 personas que, según señaló, identificó a casi 3.000 participantes con características diferentes de las formas más habituales de depresión. “Uno de cada cuatro, más o menos, tenía una depresión diferente a la usual: ritmo circadiano”, dijo. El ritmo circadiano regula los ciclos de sueño y vigilia. “El cerebro controla con el ritmo circadiano cuándo estás despierto, cuándo estás dormido”, explicó el médico.
El neurólogo recordó que existe una depresión estacional, más frecuente en períodos con pocas horas de luz solar. “Muchos se hacen baños de luz como tratamiento para este estado depresivo que da la estación del año”, comentó sobre los casos que se registran durante el otoño y el invierno.
La novedad, según expuso, es la posible existencia de otro subtipo asociado con horarios de descanso muy alterados. “Hay otro tipo de depresión asociada al dormir”, afirmó. Entre las señales mencionó a quienes se despiertan tarde, se levantan muy cansados y duermen muchas más horas durante los fines de semana que en los días laborales. También habló de la clinofilia, una dificultad marcada para salir de la cama.
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“Es la gente que no se puede levantar de la cama. Se despiertan y, por más que durmieron ocho horas, nueve, no se pueden levantar”, detalló. Estol diferenció ese cuadro de la habitual resistencia a iniciar la jornada por la mañana. El médico añadió que algunas personas se definen como noctámbulas, aunque el patrón bajo análisis excede la costumbre de acostarse más tarde.
El diagnóstico preciso permite elegir tratamientos diferentes
Estol cuestionó que se considere a la depresión como una enfermedad uniforme, con una sola explicación biológica o una única respuesta terapéutica. “No puedo poner en una bolsa: está triste, llora, perdió el interés en las cosas que le causaban interés, depresión, todo igual”, sostuvo.
También se refirió a la serotonina y aclaró que su medición no permite establecer, de forma aislada, un diagnóstico. “Que la serotonina medida en el cerebro baja, entonces te diagnostico depresión porque está baja la serotonina. No, eso no funciona así”, afirmó.
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Sin embargo, diferenció ese punto del efecto de algunos medicamentos. “Que muchos antidepresivos funcionan, son efectivos y actúan a través de la serotonina, es otra cosa”, explicó. Para el neurólogo, la psicoterapia puede ser parte del abordaje, aunque algunos pacientes requieren fármacos para controlar los síntomas. “La terapia ayuda, por supuesto, como ayuda comer sano para bajar tu colesterol o controlar mejor tu diabetes”, comparó.
“Muchas personas tienen que tomar medicación para controlar la depresión y los síntomas asociados a la depresión”, añadió. Entre esos síntomas ubicó al insomnio y a la ansiedad.
Sobre el subtipo vinculado al ritmo circadiano, Estol mencionó alternativas como la exposición a la luz, la melatonina y la estimulación magnética transcraneal. “Estimulando al lóbulo frontal puede ayudar en la depresión”, indicó sobre esta última técnica. La idea central, insistió, es evitar tratamientos inespecíficos. “Solo se puede hacer un tratamiento acertado con un diagnóstico correcto”, afirmó.
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Antes de despedirse, Estol se refirió al Día Mundial del ACV y destacó los avances disponibles para los accidentes cerebrovasculares isquémicos. “Hay tratamiento para el ACV”, aseguró. “El primero: desde 1988 conocemos un remedio, una droga, un tratamiento trombolítico, la tenecteplasa hoy en día, que se inyecta dentro de las pocas horas, mientras antes mejor”, explicó.
También remarcó el peso de la prevención: “Sabemos que podés reducir 90% el riesgo de ACV con todas las cosas que hemos hablado durante el año, que son los hábitos de vida sana y controlar presión, colesterol, diabetes, peso”.
La columna completa del doctor Conrado Estol
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