Una intoxicación alimentaria puede causar vómitos, diarrea, cólicos, cansancio y fiebre leve. En esos días, la hidratación y la vuelta paulatina a la alimentación habitual son las principales medidas para recuperarse. Aunque las molestias más fuertes suelen ceder en pocos días, el intestino puede tardar un poco más en regularizarse.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) estima que 77 millones de personas enferman cada año en la Región de las Américas por consumir alimentos contaminados. Estas enfermedades pueden estar causadas por bacterias, virus, parásitos, toxinas o contaminantes químicos.
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Tomar líquidos en forma frecuente ayuda a evitar la deshidratación
Cuando hay vómitos o diarrea, el organismo pierde agua y sales, por lo que durante las primeras horas conviene beber de a poco y con frecuencia. Unos sorbos de agua suelen tolerarse mejor que un vaso entero de una vez.
De acuerdo con Harvard Health Publishing, el gastroenterólogo Alexander Goldowsky, del Centro Médico Beth Israel Deaconess, vinculado con Harvard, aconsejó priorizar el agua, los caldos claros y las infusiones sin cafeína. El té de menta o de manzanilla puede aliviar a algunas personas, siempre que no aumente las náuseas.
Si la pérdida de líquidos es importante, las sales de rehidratación oral pueden ser una opción. Contienen agua, sales y azúcar en proporciones adecuadas para compensar lo que se pierde con la diarrea y los vómitos. Pueden resultar especialmente útiles para personas mayores o con síntomas intensos.
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La orina oscura, la boca seca, la debilidad, el cansancio inusual y los mareos al ponerse de pie son señales de deshidratación. Cuando no es posible retener líquidos, se debe consultar sin demora.
Qué comer después de una intoxicación alimentaria
Cuando vuelve el apetito y bajan las náuseas, es conveniente retomar la comida de manera gradual. Las porciones pequeñas permiten comprobar qué alimentos se toleran sin exigir de más al sistema digestivo.
Al comienzo, suelen tolerarse mejor el arroz, las tostadas, las galletas saladas y la avena. También pueden incorporarse huevo, pollo o pescado, junto con verduras bien cocidas.
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Si alguno provoca dolor, hinchazón o diarrea, es mejor dejarlo para más adelante e intentarlo de nuevo cuando el malestar haya pasado.
Goldowsky recomendó volver a comer aquello que cada persona pueda tolerar, sin obligarse a consumir porciones grandes ni mantener restricciones innecesarias durante muchos días. La pauta debe ajustarse a la respuesta del cuerpo.
La antigua dieta BRAT, basada solo en banana, arroz, compota de manzana y tostadas, puede servir durante un día o dos, pero no alcanza para cubrir las necesidades nutricionales.
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Hay comidas y bebidas que pueden empeorar las molestias
Mientras el intestino está sensible, ciertas comidas y bebidas pueden aumentar los cólicos, la acidez, la diarrea o la hinchazón. Conviene dejar de lado la cafeína, el alcohol y las bebidas con mucho azúcar hasta que los síntomas desaparezcan.
También es preferible postergar las frituras y otros alimentos grasos, porque suelen resultar más difíciles de digerir después de un episodio de vómitos o diarrea. Los platos muy condimentados o picantes pueden causar molestias similares.
Los lácteos requieren atención. Después de una infección intestinal, algunas personas toleran peor la lactosa, el azúcar natural de la leche. Si la leche, el queso o el yogur generan gases, dolor o heces blandas, es aconsejable suspenderlos por unos días y reintroducirlos de forma gradual cuando la digestión se haya normalizado.
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Los alimentos fermentados y los suplementos con probióticos también suelen generar dudas después de una intoxicación alimentaria. Sin embargo, no hay pruebas sólidas de que reduzcan los síntomas o aceleren la recuperación. Quienes deseen probar yogur, kéfir o chucrut pueden hacerlo si los toleran y no les generan malestar, pero no deben considerarlos un tratamiento.
Las legumbres, los cereales integrales, las frutas con cáscara y las verduras crudas también pueden generar gases o acelerar el tránsito intestinal al comienzo. No es necesario excluirlos de manera permanente: alcanza con esperar hasta sentirse mejor para incorporarlos otra vez.
Cuánto tiempo puede durar la recuperación tras una intoxicación alimentaria
Los síntomas habituales mejoran entre las 12 y las 48 horas en la mayoría de los casos. Sin embargo, las infecciones provocadas por bacterias como Escherichia coli, Salmonella o Campylobacter pueden durar entre una semana y 10 días. Las causadas por el parásito Cyclospora pueden prolongarse durante varias semanas si no reciben tratamiento.
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Harvard Health Publishing advierte que, aun después de superar el cuadro, algunas personas mantienen cansancio, distensión abdominal o sensibilidad digestiva. En casos poco frecuentes, puede aparecer el síndrome de intestino irritable posterior a una infección, con dolor abdominal, diarrea, estreñimiento o ambos. También puede persistir una indigestión que genera saciedad temprana.
Una revisión científica de 2024 citada por Harvard estimó que 1 de cada 7 personas presentó síndrome de intestino irritable tres meses después de una infección intestinal. El riesgo aumenta si el cuadro fue intenso o si requirió antibióticos.
Cuándo es necesario consultar por una intoxicación alimentaria
Los niños pequeños, las personas mayores de 65 años, las embarazadas y quienes tienen las defensas bajas deberían comunicarse con un médico ante los primeros signos de intoxicación alimentaria.
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También hay que buscar atención rápida si los vómitos impiden tomar líquidos, si hay sangre en las heces, deposiciones muy oscuras, fiebre superior a 38,9 °C (102 °F) o síntomas que duran más de 72 horas.
De acuerdo con Goldowsky, el tratamiento puede incluir líquidos por vía intravenosa, antibióticos o medicamentos contra parásitos, según la causa y la gravedad del cuadro. Si los problemas digestivos continúan, un profesional puede indicar tratamientos para la diarrea, el estreñimiento, la hinchazón o la indigestión, y un nutricionista puede ayudar a identificar los alimentos que generan molestias.
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