
Modificar la alimentación suele ser una indicación importante para controlar enfermedades como la diabetes y cuidar la salud general. Sin embargo, las preferencias previas por ciertos alimentos pueden dificultar el aprendizaje de nuevos hábitos, incluso cuando existe la intención de cambiar.
La pregunta era hasta qué punto el gusto o el rechazo que ya provoca un alimento condiciona la posibilidad de establecer nuevas reglas. Un estudio difundido por la Escuela de Medicina de Yale y publicado en la revista Communications Psychology examinó esa dificultad mediante una prueba en la que las personas debían modificar las asociaciones que hacían con distintos alimentos.
PUBLICIDAD
El hallazgo central indica que cuestionar una preferencia desde el comienzo podría facilitar su cambio posterior. En cambio, cuando primero se reforzó la opinión inicial sobre un alimento y después se la puso en duda, a los participantes les resultó más difícil cambiar esa valoración.
Los resultados no definen una estrategia clínica, aunque aportan información sobre los procesos de aprendizaje que intervienen cuando se procura modificar la dieta.
Las preferencias por la comida pueden formarse temprano y persistir
Las emociones intervienen en el aprendizaje cotidiano. El disgusto puede llevar a evitar una experiencia, mientras que el placer puede impulsar su repetición. En el caso de la comida, esas asociaciones pueden establecerse desde la infancia y mantenerse durante años, explicó la Escuela de Medicina de Yale en su comunicado institucional.
PUBLICIDAD
Para analizar ese mecanismo, el equipo dirigido por Ifat Levy, profesora de Medicina Comparada y vicepresidenta de Diversidad, Inclusión y Equidad de la Escuela de Medicina de Yale, convocó a cerca de 280 participantes. Cada persona seleccionó cuatro alimentos sobre los que tuviera sentimientos marcados, dos que le gustaran y dos que rechazara.

La investigación se centró en las preferencias previas, es decir, en la valoración que una persona tiene antes de recibir una nueva consigna. Alex Rich, exestudiante de posgrado del laboratorio de Levy y actual investigador del Instituto Tecnológico de Massachusetts, explicó que las reglas nuevas rara vez se aprenden sobre objetos que ya poseen una carga emocional.
PUBLICIDAD
“Normalmente no estamos aprendiendo nuevas reglas sobre algo respecto de lo cual ya tenemos sentimientos”, afirmó Rich.
Esa diferencia separa a los alimentos de objetos neutrales. El comunicado indicó que, en estudios anteriores, las personas podían modificar con facilidad sus respuestas cuando las consignas se referían a figuras sin valor emocional previo, como un triángulo o un rectángulo. La comida, en cambio, parece activar asociaciones más resistentes.
La prueba obligó a contradecir los gustos de cada participante
Durante el experimento, los participantes debían prever si un programa informático otorgaría puntos positivos o negativos a los cuatro productos que habían seleccionado. Esa asociación se modificaba varias veces durante la prueba.
En algunas etapas, el sistema coincidía con los gustos iniciales: daba puntos positivos a lo que les agradaba y negativos a lo que rechazaban. En otras, invertía esa lógica. De ese modo, debían vincular un resultado negativo con una comida que disfrutaban y uno positivo con otra que no les gustaba.
PUBLICIDAD
Por ejemplo, una persona podía seguir prefiriendo el helado y rechazando el brócoli. Lo que cambiaba era la regla del programa: primero podía asignar puntos positivos al helado y negativos al brócoli; después, podía invertir esa relación. La prueba buscaba determinar si resultaba difícil aprender esa nueva regla cuando contradecía los gustos personales.

El diseño permitió medir la capacidad de adaptación ante consignas cambiantes. Según se detalla en el estudio, resultó difícil dejar de lado la opinión inicial y relacionar consecuencias desfavorables con lo que preferían, o favorables con aquello que les desagradaba.
“Todos tuvieron dificultades para ir contra sus sentimientos y asignar puntos negativos a lo que les gustaba, y positivos a lo que no les gustaba”, señaló Levy.
PUBLICIDAD
La diferencia más marcada surgió al comparar el orden de las consignas. Quienes comenzaron con una etapa que confirmaba sus gustos tuvieron más dificultades cuando más tarde debieron invertir sus respuestas. El resultado sugiere que la primera experiencia puede reforzar una opinión ya instalada.
Rich calificó ese efecto como “completamente inesperado y bastante fuerte”. Los investigadores lo relacionaron con el efecto de primacía, por el cual la primera información sobre algo puede influir en la valoración que se haga después.
Cuestionar una preferencia desde el inicio podría facilitar el aprendizaje
Las personas que comenzaron con una consigna contraria a sus gustos y rechazos mostraron mayor facilidad para modificar después sus respuestas. El resultado plantea que el orden en que se presenta la información puede influir en la flexibilidad para aprender nuevas relaciones con la comida.
PUBLICIDAD
Levy subrayó que las inclinaciones alimentarias son especialmente resistentes. “Nuestras preferencias preexistentes por la comida son muy fuertes y difíciles de cambiar. Pero podría haber pequeñas manipulaciones que marquen una gran diferencia”, afirmó la investigadora en el comunicado institucional.

El trabajo también detectó una diferencia entre cambiar la valoración de una comida rechazada y la de una apreciada. A los participantes les resultó más fácil asignar nuevos valores a lo que inicialmente no les gustaba.
El comunicado relacionó este resultado con la idea de que, al modificar la dieta, puede resultar más sencillo sumar alimentos que dejar de consumir otros. “Tal vez sea más fácil incorporar el brócoli que dejar de comer helado”, afirmó Rich.
PUBLICIDAD
Los autores no plantearon que el experimento permita definir por sí solo una intervención nutricional. La investigación se concentró en cómo se forman y cambian esas asociaciones dentro de una tarea experimental.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Cómo el cuerpo recuerda el ejercicio incluso después de abandonar por un tiempo
A partir de estudios en modelos animales y personas, investigadores analizaron los mecanismos biológicos que intervienen en la adaptación del organismo a la actividad física y aportaron nuevas pistas sobre cuánto pueden perdurar sus efectos

¿Tomar agua ayuda a bajar el azúcar en sangre?: Qué ocurre cuando los valores están elevados
Una especialista explica cuál es el vínculo entre los líquidos, la deshidratación y la diabetes tipo 2, y por qué esta consulta es frecuente ante una medición alta

Cuáles son los beneficios de comer peras para la salud intestinal, el corazón y control del azúcar en sangre
Una especialista consultada por The Telegraph explicó qué nutrientes aporta esta fruta, cómo influye la fibra en la digestión y por qué consumirla con cáscara permite aprovechar mejor sus compuestos vegetales

Intolerancia a la lactosa: por qué puede aparecer en la adultez y cómo identificarlo
Aunque suele asociarse con la infancia, esta condición también puede afectar a quienes consumieron lácteos durante años sin presentar síntomas. Su aparición depende de distintos factores y puede requerir ajustes en la alimentación

Por qué el abordaje psicológico importa en los tratamientos para bajar de peso
La biología, el entorno y las emociones condicionan los resultados, por lo que una mirada integral evita reducir el proceso a disciplina individual




