Quién se sentó con quién, quién recibió una invitación y quién se rió de un comentario podían convertirse en interrogantes que acompañaran a los adolescentes incluso después de salir de la escuela.
Para Becky Kennedy, esa atención constante dejaba poco espacio para escuchar lo que cada uno pensaba de sí mismo. En un episodio del canal Good Inside, propuso fortalecer la confianza sin medir el valor personal en comparación con otras personas.
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Sus recomendaciones estuvieron dirigidas a padres preocupados por la comparación en las redes sociales y partieron de una definición concreta: la confianza consistía en confiar en uno mismo, aun cuando aparecían dudas, frustración o inseguridad.
La confianza partía de reconocer la propia duda
Kennedy cuestionó la idea de que una persona segura deba sentirse bien consigo misma todo el tiempo. “La confianza no es sentirse bien contigo mismo. La confianza es confiar en ti mismo”, afirmó.
Según explicó, ese proceso consiste en prestar atención a lo que uno piensa y siente, en lugar de buscar de inmediato una respuesta o la aprobación de los demás.
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Para ilustrarlo, recordó una clase de su etapa universitaria en Duke. Ella no había comprendido una explicación, pero, al observar al resto, supuso que era la única confundida.
Otra estudiante reaccionó de manera diferente y preguntó: “Perdón si todos los demás están entendiendo esto, pero no tengo idea de lo que ha estado diciendo durante los últimos minutos y parece importante. ¿Podría volver atrás y explicarlo?”.
Para Kennedy, esa intervención mostró que tener dudas no impide actuar ni vuelve menos capaz a quien las expresa.
Las redes sociales extendían la comparación más allá de la escuela
La conductora señaló que los adolescentes suelen observar a sus compañeros porque atraviesan preguntas relacionadas con su identidad y con el lugar que ocupan dentro de un grupo. Según explicó, fijarse en quién recibe una invitación, quién se sienta con quién o quién es celebrado forma parte de esa búsqueda.
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El cambio, planteó, está en el entorno. Antes, ese interés se concentraba en personas conocidas y encontraba pausas fuera del horario escolar. Con las redes sociales, en cambio, la comparación puede extenderse a una cantidad mucho mayor de personas y continuar desde el teléfono.
“Las redes sociales tienen el mismo radar apuntado a millones, a un número interminable de personas para seguir”, afirmó en el episodio de Good Inside.
Para Kennedy, cuando ese foco se mantiene activo durante tantas horas, los adolescentes tienen menos oportunidades de preguntarse qué piensan, cómo procesan lo que les ocurre o qué prefieren por sí mismos.
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Validar el malestar evitaba convertirlo en una competencia
Ante frases como “ella es mucho más linda que yo” o “él juega mucho mejor que yo”, Kennedy recomendó no responder con una comparación en sentido contrario.
Decirle al hijo que es más atractivo o mejor deportista puede mantener la conversación dentro de la misma lógica: determinar quién está por encima del otro.
En cambio, propuso reconocer la incomodidad sin negarla ni intentar corregirla de inmediato. Los adultos pueden responder: “Uf, conozco esa sensación” o “Yo también he tenido ese pensamiento”.
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La idea, sostuvo, es que el adolescente pueda aceptar que otra persona tiene algo que él desea sin interpretar que eso disminuye su propio valor. “Alguien más tiene algo que me gustaría tener. Es horrible. Duele. Aun así, estoy bien siendo yo”, resumió.
Las preguntas sobre el proceso reemplazaban al elogio automático
Kennedy aclaró que los elogios no perjudican a los hijos, aunque consideró que no deberían ser el único recurso para fortalecer la confianza. Frases como “eres muy inteligente” o “hiciste un gran trabajo” colocan la valoración en la opinión del adulto, explicó.
Como alternativa, sugirió hacer preguntas que devolvieran el foco al adolescente y a sus propias decisiones: “¿Cómo se te ocurrió empezar el ensayo de esa manera?”, “¿Cómo pensaste ese dibujo?” o “¿De qué parte del partido te sientes más orgulloso?”.
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De ese modo, los padres pueden ayudar a sus hijos a reconocer su propio esfuerzo, sus elecciones y los criterios que utilizaron.
Acompañar un problema no implicaba resolverlo de inmediato
La última recomendación consistió en ofrecer cercanía durante una dificultad sin eliminar de inmediato el obstáculo. “No quites lo difícil. No tienes que resolverlo. Puedes quedarte cerca”, sostuvo Kennedy.
Según explicó, los momentos de frustración pueden ayudar a los adolescentes a pensar cómo actuar y a comprobar que son capaces de atravesar una situación difícil.
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Como ejemplo, propuso una respuesta breve: “Tienes razón. Esto es muy difícil. Entiendo por qué quieres detenerte aquí. Pensemos qué hacer después. Apuesto a que tienes muy buenas ideas”.
Después, recomendó dejar espacio para que el adolescente pudiera expresarse. La conductora advirtió que llamar de inmediato al entrenador, intervenir en una discusión entre amigos o escribir al docente podía quitarle la oportunidad de evaluar si necesitaba ayuda y decidir cómo quería actuar.
Al retomar el eje central del episodio, Kennedy propuso que los adultos ayudaran a sus hijos a desplazar la pregunta “¿cómo me comparo?” hacia otras como “¿quién soy?” y “¿qué pienso yo?”.
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