La miel suele incorporarse a infusiones, comidas y preparaciones caseras, pero sus supuestos beneficios mezclan tradiciones, pruebas de laboratorio y experimentos con animales.
Una nota de SportLife cita a Yolanda Vázquez Mazariego, doctora en Ciencias Biológicas y profesora de nutrición, quien atribuye efectos sobre la energía, la tos, las heridas, el descanso, la digestión y la prevención de enfermedades. Sin embargo, los estudios no respaldan todas esas aplicaciones con la misma solidez.
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El respaldo más claro se concentra en el alivio pasajero de la tos aguda en niños mayores de un año y en el aporte de carbohidratos durante el ejercicio.
No hay pruebas concluyentes de que la miel supere a otras fuentes de energía para deportistas ni de que trate infecciones, alergias, tumores o problemas digestivos.
En el caso de las heridas, los estudios se refieren a productos de grado médico, mientras que los datos sobre calcio proceden de experimentos en ratas.
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La miel puede aliviar la tos por poco tiempo, pero no trata la infección
Una revisión sistemática de 2023 analizó diez estudios en niños. El trabajo indicó que la miel podría reducir la frecuencia de la tos frente a no recibir tratamiento, a un placebo o a medicamentos para la tos, aunque calificó la calidad de las pruebas como baja o muy baja.
Los resultados frente a medicamentos para la tos fueron variables y los seguimientos duraron poco tiempo.
Ese posible alivio no convierte a la miel en un tratamiento contra una infección ni reemplaza la atención médica cuando resulta necesaria. La revisión evaluó síntomas durante un máximo de tres días.
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El Instituto Nacional para la Excelencia en Salud y Atención del Reino Unido desaconseja dar miel a menores de un año por el riesgo de botulismo infantil, una enfermedad vinculada a esporas de la bacteria Clostridium botulinum que pueden producir una toxina en el intestino, y recuerda que contiene azúcares.
La miel aporta carbohidratos, sin ventajas demostradas frente a otras opciones
La miel contiene glucosa y fructosa, dos azúcares que pueden aportar energía durante el ejercicio. Sin embargo, ese dato no prueba que mejore el rendimiento, evite una bajada de glucosa, aumente el uso de grasas como fuente de energía ni elimine toxinas, como sostiene Vázquez Mazariego en el artículo citado.
Una revisión publicada en 2021 reunió ocho estudios sobre miel y actividad física. Sus autores señalaron que los resultados disponibles son limitados y que hacen falta investigaciones mejor diseñadas antes de establecer efectos sobre el rendimiento, la fatiga o la inflamación.
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Los posibles beneficios aparecieron sobre todo al compararla con no consumir carbohidratos y no se mantuvieron de forma constante frente a alternativas equivalentes.
Por eso, no hay pruebas de que sea el mejor endulzante para deportistas ni de que una variedad floral sea superior para correr o recuperarse. El glucógeno es la reserva de glucosa que el organismo utiliza como energía.
Que la miel aporte carbohidratos no demuestra que cambie la liberación de esa reserva ni la forma en que el cuerpo usa las grasas.
El uso en heridas depende de la lesión y de productos preparados para uso médico
La información sobre heridas cambia según el tipo de lesión y el producto utilizado. Una revisión sistemática publicada en 2020 reunió 30 investigaciones sobre el uso de miel en heridas, aunque los tratamientos, las lesiones y las formas de aplicación no fueron iguales entre sí.
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Para otras heridas, las conclusiones fueron insuficientes o no permitieron establecer un efecto claro. El informe diferenció, además, los productos de grado médico de la miel de consumo habitual.
La miel de grado médico es un producto esterilizado y preparado para usos sanitarios específicos. No equivale a aplicar miel de cocina sobre una quemadura, un corte o una herida.
Por eso, la afirmación de Vázquez Mazariego de que cualquier variedad evita infecciones y acelera la curación simplifica una información que cambia según la lesión, el tratamiento de comparación y el producto empleado.
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Los hallazgos en laboratorio y en ratas no prueban beneficios en personas
También conviene precisar el alcance de los datos sobre antioxidantes. Un estudio de 2021 analizó muestras de miel de tilo y halló diferencias en su actividad antioxidante según el lugar donde estaban las colmenas. Ese resultado describe lo que ocurrió en las muestras analizadas.
La investigación analizó la composición de las muestras, pero no demostró que comer miel prevenga enfermedades ni proteja células en personas.
Una revisión de 2024 sobre alimentos funcionales y salud ósea señala que los datos sobre miel y calcio proceden sobre todo de modelos animales.
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El trabajo indica que los estudios en personas son escasos, por lo que no permite presentar la miel como una forma de mejorar la absorción de calcio, los suplementos o la masa ósea.
Vázquez Mazariego también atribuye a la miel efectos sobre alergias, úlceras, ansiedad, insomnio, hígado, caries, estreñimiento, tumores y metástasis. Para esas afirmaciones, no identifica estudios, métodos ni resultados verificables.
En particular, mencionar experimentos en ratones sobre tumores no permite describir la miel como un tratamiento contra el cáncer.
La información disponible permite presentar a la miel como un alimento y una fuente de carbohidratos, además de reconocer usos médicos puntuales de productos elaborados para ese fin y un posible alivio breve de la tos en niños mayores de un año.
Fuera de esos casos, las afirmaciones sobre salud necesitan estudios específicos, realizados en personas y con resultados reproducibles antes de convertirse en recomendaciones. Es por eso que, ante la duda, se recomienda la consulta con un profesional de la salud.
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