Las cataratas forman parte de los problemas visuales más frecuentes asociados al paso del tiempo en la salud ocular. Se producen cuando el cristalino del ojo pierde transparencia y se vuelve opaco, lo que altera el paso de la luz hacia la retina y dificulta una visión nítida. Ese proceso suele avanzar de manera gradual y, en sus primeras etapas, puede pasar inadvertido o confundirse con cambios habituales en la graduación de los anteojos.
Con el tiempo, esa opacidad puede traducirse en visión borrosa, colores menos definidos, mayor sensibilidad a la luz, halos alrededor de focos intensos y dificultades para ver de noche. Aunque se las vincula sobre todo con el envejecimiento, también pueden aparecer antes en personas con diabetes, antecedentes de lesiones o cirugías oculares, uso prolongado de corticoides o una exposición acumulada a ciertos factores de riesgo.
PUBLICIDAD
De acuerdo con la Ohio State University, más de la mitad de los estadounidenses ha desarrollado cataratas a los 80 años. El problema puede afectar a cualquier persona y constituye una de las principales causas de ceguera en el mundo. Por eso, además del tratamiento cuando la visión ya se deterioró, crece el interés por las medidas cotidianas que pueden ayudar a reducir el riesgo o a demorar su progresión.
Hábitos que reducen el riesgo de cataratas
La edad es el factor de riesgo más frecuente, pero no es el único. Según la Ohio State University, después de los 40 años aumenta progresivamente la posibilidad de desarrollar esta opacidad del cristalino. A ese proceso pueden sumarse antecedentes familiares, traumatismos oculares, cirugías previas, diabetes y el uso de medicamentos como los corticosteroides.
Entre las estrategias preventivas más mencionadas en las fuentes aparece la reducción de la exposición a la luz ultravioleta. La institución universitaria indicó que usar anteojos de sol que bloqueen entre 99% y 100% de la radiación UV-A y UV-B puede ayudar a minimizar el daño. La recomendación también incluye usar gorros u otra barrera física para disminuir la exposición directa.
PUBLICIDAD
Healthline señaló que la radiación ultravioleta puede inducir daño oxidativo a nivel microscópico. Ese mecanismo implica la acción de radicales libres, moléculas que pueden alterar proteínas del cristalino y favorecer su agrupamiento. La revista citó un estudio de 2020 según el cual el riesgo de cataratas puede aumentar con mayores niveles de exposición solar acumulada a lo largo de la vida.
Otro punto reiterado es el tabaquismo. Según William Lloyd, oftalmólogo para Healthline, las personas que fuman tienen entre dos y tres veces más riesgo de desarrollar cataratas que quienes no fuman. Mayo Clinic también incluyó el hábito entre los factores de riesgo y agregó que el consumo excesivo de alcohol puede aumentar la probabilidad de desarrollar este problema ocular.
La alimentación es un aspecto que merece prudencia, indican los especialistas. Ohio State University recomendó incorporar antioxidantes presentes en frutas y verduras, entre ellos vitaminas A, C y E, además de luteína, zeaxantina y selenio. A la vez, una revisión publicada en Nutrients sostuvo que los resultados de los estudios son mixtos y que los nutrientes consumidos como parte de los alimentos parecen mostrar mejores resultados que los suplementos aislados. El trabajo también advirtió que algunas dosis altas de suplementos antioxidantes no demostraron beneficio y, en ciertos estudios, se asociaron a un mayor riesgo.
PUBLICIDAD
Las recomendaciones preventivas incluyen además el uso de protección ocular en actividades con riesgo de lesiones, como algunos deportes, tareas de jardinería, reparaciones del hogar o trabajos con herramientas, según el National Eye Institute. En paralelo, el control de enfermedades como la diabetes ocupa un lugar importante, ya que varias de las fuentes la mencionan como un factor que puede adelantar o agravar la aparición de cataratas.
Otra medida señalada por National Eye Institute y Mayo Clinic es sostener controles oftalmológicos periódicos. En especial a partir de los 60 años, los exámenes oculares permiten detectar cambios tempranos y seguir la evolución de la opacidad del cristalino, incluso cuando los síntomas todavía no resultan evidentes.
La cirugía como única solución a las cataratas
En las etapas iniciales, algunas personas pueden compensar parte de la pérdida visual con una nueva graduación de anteojos, más iluminación o lentes antirreflejo. Sin embargo, cuando la opacidad avanza y empieza a interferir con actividades cotidianas como leer, conducir o reconocer rostros, la cirugía pasa a ocupar un lugar central. Según National Eye Institute, la cirugía es la única manera de eliminar una catarata.
PUBLICIDAD
Cleveland Clinic explicó que el procedimiento consiste en extraer el cristalino opaco y reemplazarlo por una lente intraocular artificial. Esa lente permanece en el ojo de forma permanente y existen distintas opciones según las necesidades visuales de cada paciente. El centro médico precisó que se trata de una intervención ambulatoria, habitualmente rápida, que en muchos casos dura entre 10 y 15 minutos, aunque la atención completa demande más tiempo por la preparación y la recuperación inmediata.
Las fuentes coinciden en que no siempre hace falta operar apenas se detecta una catarata. Según la institución sanitaria, la indicación depende de cuánto interfiere la pérdida de visión en la vida diaria. National Eye Institute añadió que, en general, esperar no daña el ojo ni vuelve más difícil la cirugía más adelante, por lo que la decisión suele tomarse en función de los síntomas y del impacto funcional.
En cuanto a los resultados, los datos muestran una alta tasa de mejoría visual. Cleveland Clinic indicó que mejora la visión en aproximadamente el 97% de los casos, mientras que National Eye Institute señaló que 9 de cada 10 personas experimentan una mejoría posterior. Las complicaciones, de acuerdo con las mismas fuentes, son poco frecuentes, aunque existen riesgos como infección, inflamación, desplazamiento de la lente o problemas de retina.
PUBLICIDAD
Mayo Clinic definió a la cirugía de cataratas como un procedimiento seguro y eficaz, y subrayó que la mayoría se desarrolla lentamente. Esa progresión gradual explica por qué el seguimiento oftalmológico resulta clave para decidir el momento adecuado de intervención. En ese recorrido, la prevención cotidiana puede contribuir a reducir riesgos modificables, pero cuando la visión ya está comprometida, el tratamiento comprobado sigue siendo quirúrgico.
PUBLICIDAD