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El misterio detrás de crujirse los dedos: ¿costumbre inofensiva o señal de alerta?

Nuevos estudios exploran los efectos reales de un gesto cotidiano y detallan en qué situaciones podría indicar un problema en las articulaciones

Crujirse los dedos no mostró una relación clara con la osteoartritis de mano en un estudio publicado en PubMed en 2011 (Imagen Ilustrativa Infobae)

El chasquido es breve, seco y reconocible al instante. Para algunas personas funciona como un alivio; para otras, alcanza con oírlo para imaginar un daño futuro en las articulaciones. Crujirse los dedos es una costumbre muy extendida, aunque alrededor de ese gesto persiste desde hace décadas una discusión médica y popular sobre sus posibles efectos.

Uno de los datos más concretos sobre ese debate surgió de un estudio publicado en PubMed en 2011. El trabajo analizó a 215 personas de entre 50 y 89 años y no encontró una relación clara entre el hábito y la osteoartritis de mano.

La diferencia incluso fue menor entre quienes se crujían los dedos y quienes no lo hacían. La prevalencia de artrosis en cualquier articulación fue de 18,1% en el primer grupo y de 21,5% en el segundo, según el trabajo, que además no detectó una asociación significativa con los años acumulados del hábito ni con su frecuencia.

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El chasquido al crujirse los dedos se explica por cambios de presión y por gases disueltos en el líquido sinovial de la articulación (Imagen Ilustrativa Infobae)

El sonido se explica por cambios de presión y gases en la articulación

La explicación más aceptada sobre el chasquido apunta a lo que ocurre dentro de la articulación de los dedos. Según la Cleveland Clinic, al estirar o flexionar los dedos hasta provocar el ruido cambia de forma transitoria el espacio articular, baja la presión interna y se altera el comportamiento de los gases disueltos en el líquido sinovial.

Ese líquido funciona como lubricante alrededor de la articulación. El cirujano ortopédico Kim Stearns, de la Cleveland Clinic en Estados Unidos, explicó que el fenómeno involucra burbujas de nitrógeno y que los investigadores aún discuten si el sonido se produce cuando esas burbujas se forman o cuando se liberan: “De cualquier manera, es solo gas”. Harvard Health Publishing añadió que esa mecánica también explica por qué no se puede hacer crujir el mismo nudillo dos veces seguidas: las burbujas de gas tardan un tiempo en volver a acumularse en la articulación.

Harvard Health Publishing indicó que no se puede crujir el mismo nudillo dos veces seguidas porque las burbujas de gas tardan en volver a acumularse (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esa descripción ayuda a desmontar una idea extendida durante décadas. El chasquido, por sí solo, no se interpreta como una señal automática de desgaste del cartílago que protege los extremos de los huesos.

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La duda más repetida gira alrededor de la osteoartritis, la forma más común de artrosis. Se trata de un desgaste del cartílago, el tejido que recubre y protege los extremos de los huesos dentro de una articulación. Cuando ese tejido pierde espesor o se altera, la articulación puede doler, volverse rígida o perder parte de su movilidad.

El estudio de 2011 comparó a pacientes con artrosis radiográfica de mano con controles sin esa condición y revisó su historia de crujirse los dedos, incluida la duración y el volumen del hábito.

El problema aparece cuando hay dolor, hinchazón o una maniobra brusca

La respuesta práctica es directa: si crujirse los dedos no duele y no deja inflamación, pérdida de movimiento o desviación visible, los especialistas no suelen tratarlo como un problema médico. Según la Cleveland Clinic, la situación cambia cuando aparece dolor, hinchazón o el dedo queda torcido, porque puede existir una lesión de ligamentos o incluso una luxación.

Harvard Health Publishing repasó reportes poco frecuentes de lesiones relacionadas con intentos de provocar el sonido con demasiada fuerza. Entre ellas figuran lesiones tendinosas y otros daños articulares, lo que desplaza el foco desde el ruido en sí hacia la forma en que se fuerza la articulación o hacia síntomas que ya no encajan con un hábito inocuo.

La Cleveland Clinic advirtió que una maniobra brusca para crujirse los dedos puede causar lesiones de ligamentos, lesiones tendinosas o una luxación (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esa distinción también ordena el resto de los ruidos articulares. La publicación señaló que sonidos como los de las rodillas al agacharse pueden tener orígenes diversos, como el desplazamiento de tendones o el roce de estructuras, y que en ausencia de dolor u otros síntomas suelen carecer de relevancia clínica.

La revisión de Harvard Health Publishing también recuperó un antecedente conocido en este debate: el caso de un médico de California que durante décadas se crujió los nudillos de una sola mano y dejó intacta la otra. Después revisó radiografías y no observó diferencias de artritis entre ambas, una experiencia individual que no equivale a un ensayo clínico pero que la publicación citó como parte de una discusión luego reforzada por estudios más amplios.

Otro trabajo, de 1990, había agregado un matiz sin confirmar el mito. Entre 74 personas que se crujían los dedos de forma habitual encontró una fuerza de prensión promedio menor y más episodios de hinchazón que entre 226 personas que no lo hacían, aunque no detectó diferencias en la incidencia de artritis.

Los especialistas no suelen considerar un problema médico crujirse los dedos si no hay dolor, inflamación, pérdida de movimiento ni desviación visible (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esa asociación tampoco quedó firme con el tiempo. La Cleveland Clinic citó un estudio de 2017 que no encontró diferencias en la fuerza de agarre entre personas que se crujían los dedos y personas que no, aunque sí observó una variación en el espesor del cartílago de la cabeza de los metacarpianos, un dato que puede relacionarse con osteoartritis pero que no alcanzó para atribuir al hábito un papel causal.

La evidencia acumulada sigue siendo limitada, pero las revisiones citadas coinciden en que el ruido aislado no prueba daño articular. Muchas personas, además, describen una sensación de alivio después del chasquido, posiblemente vinculada con un aumento transitorio del rango de movimiento o con una reducción subjetiva de la rigidez.

El cuello exige una precaución distinta

La situación no se traslada de forma automática a otras partes del cuerpo. Harvard Health Publishing señaló que el cuello merece una atención especial porque allí se concentran estructuras sensibles, entre ellas nervios y arterias. Forzar esa zona para buscar un chasquido no equivale a crujirse los dedos y puede implicar riesgos mayores.

Harvard Health Publishing señaló que forzar el cuello para provocar un chasquido implica riesgos mayores que crujirse los dedos por la sensibilidad de sus nervios y arterias (Imagen Ilustrativa Infobae)

En esa línea, la literatura revisada sobre ruidos articulares y lesiones por maniobras forzadas sugiere que el cuello merece una precaución especial por la sensibilidad de sus estructuras. Por eso, la advertencia práctica es más estricta para esa parte del cuerpo: si el ruido aparece solo, sin dolor, no necesariamente indica un problema, pero provocarlo con fuerza no se considera una maniobra inocua.