El primer implante en Buenos Aires de la válvula pulmonar Harmony introdujo una alternativa menos invasiva para pacientes con cardiopatías congénitas complejas. Este procedimiento, realizado en el Hospital Universitario Austral a través de un cateterismo por vía percutánea, evita la necesidad de reabrir el tórax y reemplaza la cirugía a corazón abierto, que hasta ahora era la principal opción para estos casos.
La técnica minimiza el impacto sobre el organismo y permite que el 85% de los pacientes —habitualmente adolescentes o adultos jóvenes mayores de 14 años— reciban el alta y regresen caminando a sus hogares al día siguiente de la intervención.
El valor de esta innovación se evidencia ante el crecimiento de la población de jóvenes operados durante la infancia que, llegada la adultez, requieren nuevas intervenciones cardíacas. La adopción de esta tecnología posibilita resolver esos cuadros sin recurrir a cirugías convencionales y contribuye a mejorar la calidad de vida a largo plazo.
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Una válvula para anatomías complejas
El cardiólogo intervencionista Marcelo Rivarola, responsable del Servicio de Hemodinamia y especialista en cardiopatías congénitas, habló con Infobae y explicó por qué la incorporación de la válvula Harmony suma una opción relevante al arsenal terapéutico actual.
“Harmony se incorpora como una alternativa más dentro de las válvulas que ya veníamos utilizando. Contar con distintas plataformas nos permite seleccionar la prótesis más adecuada para la anatomía específica de cada caso”, indicó.
Según el especialista, la clave de esta tecnología radica en su capacidad de adaptarse a la gran diversidad anatómica que presentan los pacientes operados por cardiopatías congénitas.
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Tras una cirugía inicial, cada corazón puede desarrollar particularidades y estructuras irregulares, lo que obliga a personalizar la elección de la prótesis para asegurar un resultado efectivo y seguro.
Sobre el proceso de selección y estudios necesarios, Rivarola detalló a Infobae: “Se inicia con una evaluación clínica a cargo del cardiólogo de cabecera, con estudios de rutina básicos como electrocardiograma (ECG) y ecocardiograma. Para pacientes que no refieren síntomas y que tienen compromiso de la función cardíaca, se realiza un Test Cardiopulmonar, que es una ergometría con medición del oxígeno inspirado y espirado”.
Luego —dijo— se llevan a cabo estudios por imágenes protocolizados, efectuados por profesionales idóneos en cardiopatías, como angiorresonancia magnética y angiotomografía computada. Con estas imágenes, se hacen análisis específicos de anatomía y mediciones, incluidas imágenes 3D y software especiales para programar el implante más seguro posible.
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El procedimiento y la rápida recuperación
El dispositivo, desarrollado por Medtronic y aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), se diseñó para ofrecer una solución en casos donde el tracto de salida del ventrículo derecho es especialmente ancho o ha sufrido dilataciones tras sucesivas intervenciones.
Su estructura autoexpandible, con una forma semejante a un reloj de arena, permite un anclaje firme y estable, incluso en anatomías complejas que resultan desafiantes para otras válvulas. Esta innovación amplía las posibilidades de tratamiento por vía percutánea y facilita el abordaje de cuadros que hasta ahora requerían cirugía abierta.
Sobre el procedimiento, Rivarola precisó que una vez analizadas todas las imágenes y, tras la intervención de los especialistas clínicos encargados de hacer todas las simulaciones posibles para determinar cuál es la ubicación más adecuada de la válvula, el paciente se prepara como para cualquier otro cateterismo cardíaco: con control de la vía aérea, accesos vasculares en ambas ingles y la realización de inyecciones de contraste que sirven para opacificar o ‘pintar’ las estructuras que se desean visualizar en diferentes posiciones.
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“Con esa información, se inicia el implante de manera delicada y segura hasta su liberación completa en posición pulmonar para restablecer la función de la válvula pulmonar. Gracias a que se trata de un procedimiento mínimamente invasivo, el 85% de nuestros pacientes recibe el alta a las 24 horas y puede regresar a su casa por sus propios medios”, destacó.
Con respecto al procedimiento, Rivarola afirmó que las complicaciones son muy poco frecuentes, pero “pueden estar asociadas a los accesos vasculares, debido al calibre del material que se utiliza; a arritmias relacionadas principalmente con el efecto mecánico de los catéteres dentro del corazón; o bien, a la posibilidad de que la válvula quede implantada en una posición no deseada, aunque puede recapturarse por completo antes de su liberación”.
El seguimiento clínico incluye controles y ecocardiogramas programados, además de un test cardiopulmonar para evaluar el impacto de la competencia valvular pulmonar. También una angiorresonancia al año, para valorar la función cardíaca.
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La durabilidad de la válvula
El implante utiliza una prótesis biológica fabricada con tejido porcino, lo que aporta ventajas adicionales en términos de manejo clínico. A diferencia de las válvulas mecánicas, este tipo de dispositivo evita la necesidad de anticoagulación crónica o de por vida, disminuyendo así los riesgos y las limitaciones asociadas a los tratamientos anticoagulantes. Esta diferencia resulta especialmente relevante para personas jóvenes, que aspiran a mantener su calidad de vida sin condicionamientos a largo plazo.
Además, el diseño de la válvula contempla la posibilidad de futuros reemplazos. Dado que el grupo de pacientes que requiere este tipo de intervenciones suele estar formado por jóvenes, cada decisión terapéutica debe proyectarse a varias décadas. Si con el paso del tiempo la prótesis llegara a desgastarse, el sistema permite la colocación de una nueva válvula dentro de la anterior, utilizando la misma vía mínimamente invasiva y evitando una nueva cirugía abierta.
En relación a la durabilidad de la válvula, Rivarola comentó: “Ya sabemos que ha igualado e incluso superado la durabilidad de las válvulas biológicas protésicas implantadas mediante cirugía a corazón abierto".
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“En el Hospital Universitario Austral, uno de los primeros centros del país en incorporar válvulas pulmonares percutáneas autoexpandibles, nuestra experiencia en pacientes con importante dilatación del corazón se extiende desde hace ocho años; en Latinoamérica, la experiencia alcanza ya una década, sin que haya sido necesario reemplazar ninguna de estas válvulas. Es decir, la expectativa de durabilidad es muy promisoria”, agregó.
Como se trata, en su mayoría, de pacientes jóvenes, con una expectativa de sobrevida de al menos 40 años, es muy probable que las válvulas se deterioren con el paso del tiempo. “La ventaja es que, llegado ese momento, ya está previsto implantar una nueva válvula dentro de la existente mediante el mismo procedimiento mínimamente invasivo, evitando una cirugía a corazón abierto”, aclaró Rivarola.
El contexto del hospital y la proyección internacional
El Hospital Universitario Austral dispone de un área especializada y un equipo multidisciplinario dedicados exclusivamente al seguimiento integral de pacientes con cardiopatías congénitas desde la niñez hasta la adultez. Esta estructura, poco frecuente en el país, permite ofrecer acompañamiento continuo y un abordaje personalizado para cada caso, desde el diagnóstico inicial hasta las intervenciones que puedan requerirse en etapas posteriores de la vida.
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La experiencia y el trabajo desarrollado por el equipo tendrán alcance internacional el próximo 31 de agosto, cuando el hospital realizará la transmisión en vivo de un implante de válvula pulmonar Harmony en el marco del Pediatric & Adult Interventional Cardiac Symposium (PICS), un encuentro científico que reúne a referentes mundiales en intervencionismo cardíaco y que este año se celebrará en San Diego, California.
La intervención estará encabezada por Rivarola, quien además de liderar el programa de implantes en Buenos Aires, participa activamente en la formación y capacitación de especialistas de diferentes países de Latinoamérica.
La llegada de esta nueva tecnología se integra a una estrategia médica que apunta a adaptar cada tratamiento tanto a la anatomía individual como al recorrido clínico de cada paciente, alineándose con los principios de la medicina personalizada y la actualización constante de los métodos terapéuticos.
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“El principal desafío no suele ser el procedimiento en sí, sino acceder a la válvula: debido a su costo, los sistemas de salud suelen mostrar resistencia a incorporarla, como ocurre con muchas tecnologías innovadoras en sus primeras etapas. Esto hace que, en numerosos casos, los pacientes sean orientados a una cirugía a corazón abierto por tratarse de una alternativa menos costosa; situación que, naturalmente, genera un estrés importante tanto para los pacientes como para sus familias”, concluyó Rivarola.