Adolescentes estresados: claves para intervenir a tiempo y prevenir el burnout adulto

La presión académica, las redes sociales y la constante comparación impactan en la salud mental de los jóvenes. Especialistas consultados por Infobae advirtieron que las consecuencias de la sobrecarga emocional pueden acompañarlos hasta la vida adulta. Qué hacer

El burnout adolescente se manifiesta a través de agotamiento, desmotivación y cambios en el rendimiento escolar (Freepik)

Uno de cada cinco adolescentes presenta un trastorno mental antes de los 18 años, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), mientras que nueve de cada diez adultos argentinos reportan síntomas de estrés laboral. El fenómeno del burnout, tradicionalmente asociado al mundo del trabajo, comenzó a observarse con fuerza en jóvenes y plantea un interrogante central: ¿cómo puede el estrés adolescente convertirse en un problema crónico que persiste hasta la adultez?

El médico psiquiatra infanto juvenil y subjefe del servicio de Salud Mental Pediátrica del Hospital Italiano de Buenos Aires, Andrés Luccisano (MN 122.284), comenzó a analizar ante la consulta de Infobae que “la adolescencia es, ante todo, una tierra de crisis; es el momento en que el cuerpo, el sentir y el pensar cambian de dimensiones”. Sin embargo, reconoció que en la actualidad, esta etapa “es más estresante que nunca”. “En esa búsqueda de ‘quién soy’, hoy la mirada de los pares se vuelve una condición fundante -sostuvo el especialista-. El adolescente ya no solo compite con sus compañeros de aula, sino con una vidriera digital infinita y comparativa que no ofrece descanso”.

Para Luccisano, hoy se está ante un fenómeno nuevo. “No se trata solo de la rebeldía esperable, hay un claro estado de saturación que algunos llamamos ‘el burnout adolescente’. La pregunta que muchos especialistas en salud mental infanto-juvenil nos estamos haciendo es qué está pasando en el mundo interno de nuestros jóvenes que las consultas desbordan”, afirmó.

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El fenómeno del burnout adolescente y la saturación emocional

La presión escolar, la incertidumbre y las redes sociales son fuentes centrales de estrés en los jóvenes (Freepik)

Para el doctor en Psicología y docente Flavio Calvo (MN 66.869), la adolescencia implica una etapa “de muchos cambios, que llevan a mucha intensidad emocional”.

En este punto, el especialista señaló ante la consulta de este medio que los adolescentes experimentan una presión constante por construir su identidad, pertenecer y responder a exigencias académicas cada vez más altas, a lo que se suma la exposición permanente a redes sociales. “Cuando todo eso se sostiene en el tiempo sin espacios reales de descanso o regulación, el estrés puede volverse crónico”, advirtió.

La neuropsicóloga clínica, doctora en Neurociencias Teresa Torralva (MN 20.816) es directora del Departamento de Neuropsicología del Grupo INECO y agregó que la adolescencia es una etapa de profunda reorganización cerebral.

“Las áreas vinculadas a las emociones y al estrés, como la amígdala, están especialmente activas, mientras que las regiones prefrontales encargadas de regular las emociones aún están madurando. Por eso los adolescentes reaccionan con mayor intensidad frente a situaciones sociales o académicas que a los adultos pueden parecerles menores”, precisó Torralva.

Factores que alimentan el estrés y señales de alerta

La comparación constante en redes sociales potencia la autoexigencia y la ansiedad en los jóvenes (Freepik)

Entre los principales factores de estrés, los especialistas señalaron la presión académica, la incertidumbre sobre el futuro, la necesidad de pertenecer al grupo de pares y la exposición constante a redes sociales. Torralva puntualizó que “situaciones que para un adulto pueden parecer menores, para un adolescente pueden sentirse como amenazas reales”.

Luccisano subrayó que la hiperexposición y la comparación permanente en entornos digitales “produce un estrés persistente que puede afectar el sueño, la regulación emocional, la autoestima y la concentración, lo que a largo plazo determina el riesgo de desarrollar ansiedad, trastornos del ánimo, conductas evitativas o problemas para manejar la frustración”.

Los tres especialistas remarcaron la importancia de estar atentos a señales como el agotamiento emocional, la desmotivación, el cansancio constante, cambios en el estado de ánimo, dificultades para dormir, aislamiento social, pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba, descenso marcado en el rendimiento escolar y quejas físicas sin causa médica aparente.

En ese sentido, Calvo sostuvo que “el burnout adolescente suele aparecer como una mezcla de agotamiento, desmotivación y sensación de no poder con todo. Muchas veces no se presenta como un problema psicológico declarado, sino como cambios en la conducta cotidiana”.

Estrategias de prevención y el rol de los adultos

El acompañamiento de adultos disponibles es clave para la prevención del burnout (Freepik)

Luccisano resaltó que la primera forma de abordar el estrés consiste en reconocerlo y ponerlo en palabras: “Hablar, conversar y dialogar siempre es el principio”. El psiquiatra aconsejó crear entornos de apoyo emocional tanto en casa como en la escuela, con expectativas realistas y espacios donde los adolescentes puedan expresar lo que sienten sin ser juzgados.

Torralva, por su parte, consideró clave “generar contextos protectores” y promover hábitos que protegen la salud cerebral, como buen descanso, actividad física, vínculos sociales positivos y espacios de desconexión digital. “Dormir bien, moverse, tener vínculos y aprender a regular emociones son pilares de la salud cerebral en la adolescencia”, subrayó la especialista.

Calvo afirmó que el acompañamiento adulto debe combinar límites y apoyo, permitiendo que los adolescentes se equivoquen sin que eso defina su valor personal.

“Cuando el único mensaje que reciben es de exigencia, el estrés aumenta; cuando hay espacio para conversar, para pedir ayuda y para pensar juntos las dificultades, la presión se vuelve mucho más manejable”, observó.

Del estrés crónico a la adultez: consecuencias de no intervenir

Nueve de cada diez adultos argentinos reportan síntomas de estrés laboral, según estudios recientes (Freepik)

Las consecuencias de no intervenir a tiempo pueden extenderse hasta la vida adulta. Luccisano advirtió que la adolescencia es un tiempo clave para el desarrollo del sistema nervioso y los recursos emocionales.

“Cuando el estrés se torna intenso y sostenido puede afectar no solo la arquitectura del cerebro, sino también la capacidad de regular emociones, afrontar dificultades y establecer vínculos”, explicó.

Torralva detalló que el estrés crónico temprano puede impactar en la salud física, aumentando el riesgo de enfermedades cardiovasculares o metabólicas en la adultez. “La adolescencia es una etapa vulnerable al estrés, pero también una gran ventana de oportunidad para desarrollar resiliencia”, sostuvo la psiquiatra.

Calvo alertó que si el adolescente aprende a funcionar bajo presión constante, “con el tiempo eso se convierte en una mayor vulnerabilidad a problemas como ansiedad, depresión, dificultades para descansar o una relación muy exigente con el trabajo y el rendimiento”.

La realidad muestra que el fenómeno se traslada al mundo adulto: de acuerdo con un estudio reciente, el 24% de los adultos manifiesta que la mayoría de los días no puede relajarse después del trabajo y le cuesta iniciar una nueva jornada laboral. En la Argentina, el 47% de los trabajadores considera que el estrés es la principal causa de deterioro de su bienestar emocional.

Intervenciones efectivas y prevención de la cronificación

La terapia cognitivo-conductual es una de las intervenciones más efectivas para adolescentes con estrés (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sobre las estrategias más efectivas, los expertos coinciden en que requieren un abordaje integral. Luccisano destacó la combinación de psicoeducación, acompañamiento familiar y psicoterapia, con especial utilidad de la terapia cognitivo-conductual para identificar y modificar pensamientos y conductas asociadas al estrés. “En algunos casos donde el síntoma es muy intenso y/o sostenido, intervenciones farmacológicas pueden aliviar algunos síntomas para predisponer a un mejor abordaje psicoterapéutico”, añadió.

Torralva mencionó la efectividad de los programas de habilidades socioemocionales en las escuelas, las prácticas de mindfulness y el trabajo con la familia. La especialista remarcó la importancia de enseñar habilidades de organización, manejo del tiempo y regulación emocional, parte del desarrollo de las funciones ejecutivas.

Calvo agregó que las intervenciones más efectivas “enseñan habilidades concretas para gestionar pensamientos, emociones y conductas frente a situaciones de presión”, incluyendo la organización del tiempo y el desarrollo de estrategias de regulación emocional. “Cuando el trabajo terapéutico logra que el adolescente entienda lo que le pasa, tenga más herramientas para manejar la presión y encuentre espacios de apoyo en su entorno, el riesgo de burnout y de problemas de salud mental más graves baja considerablemente”, enfatizó.

“Los adultos cumplen un rol clave: muchas veces funcionan como el ‘cerebro regulador externo’ del adolescente”, concluyó Torralva.

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