Cómo controla el cerebro su propio flujo sanguíneo, según una nueva investigación

Científicos de la Universidad de California y del Instituto de Neurociencia de Shanghái identificaron el papel central de los capilares de transición, aportando avances para el monitoreo de patologías cerebrales

El control del flujo sanguíneo cerebral depende de la acción coordinada de los capilares de transición (Laboratorio Kleinfeld / UC San Diego)

Investigadores de la Universidad de California en San Diego y del Instituto de Neurociencia de Shanghái presentaron avances sobre cómo el cerebro humano regula su flujo sanguíneo. El estudio fue publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Los expertos utilizaron un modelo matemático y técnicas experimentales para describir con mayor claridad los mecanismos detrás de este proceso. Los hallazgos ofrecen nuevas perspectivas para entender enfermedades neurológicas relacionadas con la circulación cerebral.

Según los autores, la arquitectura de los vasos cerebrales no solo es compleja, sino que responde a patrones precisos de organización. Los nodos divergentes abundan en la corteza y rodean las arteriolas penetrantes, que son los principales canales de entrada de sangre al tejido cerebral.

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Estos nodos, formados por ramificaciones que se separan desde una arteriola, se encuentran envueltos por pericitos, células especializadas en modificar el diámetro de los vasos y, por ende, regular el caudal sanguíneo.

Los avances en microscopía confocal facilitan el seguimiento preciso de células sanguíneas en el cerebro (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esta disposición anatómica permite que el flujo se ajuste rápidamente ante demandas cambiantes, como sucede durante picos de actividad neuronal. Los pericitos, al facilitar la dilatación de los vasos, funcionan como sensores y ejecutores de la respuesta vascular, garantizando que cada área del cerebro reciba la cantidad de sangre que necesita en cada momento.

El papel estratégico de los capilares de transición

El modelo desarrollado en la Universidad de California y validado con experimentos en el Instituto de Neurociencia de Shanghái señaló que solo los capilares de transición, ubicados en el punto donde las arteriolas se ramifican hacia la red capilar, poseen la capacidad de modular el flujo de manera fiable.

Estos vasos actúan como verdaderos reguladores estratégicos, ajustando la cantidad de sangre que accede a los compartimentos capilares y, por lo tanto, a las neuronas cercanas.

La clave de esta regulación está en la capacidad de estos capilares para dilatarse o contraerse según lo requiera la actividad cerebral. Si bien la red vascular parece caótica a primera vista, la teoría demostró que existe una lógica organizativa que permite a estos puntos de control ejercer una influencia directa y eficaz sobre el flujo sanguíneo.

El modelo matemático permite comprender cómo el cerebro ajusta su circulación ante cambios neuronales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Uno de los hallazgos más relevantes es que la dilatación aislada de un solo capilar de transición resulta insuficiente para provocar cambios significativos en el flujo. Solo la coordinación simultánea de varios capilares logra una modulación eficaz y precisa, capaz de responder de manera robusta a las fluctuaciones de la actividad neuronal.

El estudio demostró que la acción conjunta de los capilares de transición es indispensable para el control fino del flujo. La vasodilatación coordinada posibilita adaptaciones rápidas y localizadas, mientras que la falta de sincronía limita el alcance de la respuesta vascular y puede comprometer la homeostasis cerebral.

Innovación tecnológica y validación experimental

Para validar su modelo, los investigadores recurrieron a técnicas avanzadas como la microscopía confocal de campo de luz, que permite visualizar y seguir células sanguíneas individuales en tiempo real.

Los hallazgos ofrecen nuevas herramientas para interpretar imágenes de resonancia magnética cerebral (Imagen Ilustrativa Infobae)

Este enfoque permitió rastrear el movimiento de más de un millón de células a través de una red de más de 3.000 ramas, obteniendo una resolución espacial de 2 micrómetros y temporal de 14 milisegundos.

Los datos experimentales revelaron fluctuaciones relevantes en el flujo y confirmaron la importancia de la ubicación de los pericitos alrededor de los nodos divergentes para el control microvascular.

Estos descubrimientos ofrecieron nuevas herramientas para interpretar los resultados de estudios de resonancia magnética cerebral y otras técnicas de neuroimagen, que dependen de la relación entre el flujo sanguíneo y la actividad neuronal.

Comprender cómo se regula el flujo en el cerebro sano permitirá identificar alteraciones tempranas asociadas a enfermedades neurovasculares y optimizar el diagnóstico y monitoreo de patologías cerebrales.

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