
Comer sin parar. Comer aunque no se tengan más ganas. Así nacen los atracones, una problemática que representa uno de los trastornos alimentarios más comunes a nivel mundial, aunque su comprensión es limitada.
La doctora Kristin Javaras, profesora asistente de psicología en el Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Harvard e instructora de epidemiología en la Escuela de Salud Pública TH Chan de esa casa de estudios, ha arrojado luz sobre este problema en un reciente estudio publicado en la revista Psychological Medicine.
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Sus hallazgos sugieren que las investigaciones anteriores, enfocadas principalmente en mujeres jóvenes, subestimaron la cronicidad del problema, que puede persistir por años o incluso décadas.
Definición y características de los atracones

El trastorno por atracón se define por episodios de ingesta descontrolada de alimentos. Según el DSM, el manual de diagnóstico de referencia, estos momentos incluyen dos componentes: el consumo de una cantidad objetivamente grande de comida y una sensación de pérdida de control.
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Las personas que padecen este trastorno sienten que no pueden detener con la ingesta de alimentos o evitar comenzar a hacerlo. Estos episodios suelen caracterizarse por comer rápido y acompañados de un sentimiento de vergüenza.
Si una persona experimenta una angustia significativa debido a los atracones y no participa en conductas compensatorias típicas de la bulimia nerviosa, como purgas, uso de laxantes, dietas extremas o ejercicio compulsivo, se diagnostica el trastorno por atracón.
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El diagnóstico de los atracones debe considerarse en determinado contexto. Por ejemplo, comer en exceso durante una cena de Acción de Gracias no se considera un atracón, a menos que implique una ingesta significativamente mayor que la de otras personas y esté acompañada por una pérdida de control.
El DSM-5, la versión más reciente del “manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales”, establece que debe ocurrir al menos un episodio por semana, aunque algunos casos clínicamente significativos pueden no cumplir con esta frecuencia.
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Los atracones tienen serias repercusiones metabólicas y psicológicas, ya que comer grandes cantidades de comida en poco tiempo es metabólicamente más perjudicial que distribuir esa misma cantidad a lo largo del día. “Particularmente, los tipos de alimentos que se consumen en forma compulsiva tienden a ser muy apetecibles y tienen consecuencias metabólicas”, señaló la experta.
Psicológicamente, las personas que padecen atracones a menudo restringen su alimentación, evitando ciertos alimentos y manteniendo creencias rígidas sobre lo que deben o no deben comer. Esta mentalidad puede llevar a sentimientos negativos sobre el cuerpo y a comportamientos alimentarios desordenados. Abordar estas restricciones alimenticias es clave para reducir los atracones.
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Prevalencia y duración del trastorno
La prevalencia del trastorno por atracón varía según los estudios. La Encuesta Nacional de Comorbilidad de 2007, realizada por Jim Hudson y Ron Kessler, sugirió que la prevalencia de por vida del trastorno era de aproximadamente 2.6% en los Estados Unidos.
Estudios más recientes, como el de Udo y Grilo en 2018, estiman una prevalencia ligeramente inferior, de menos del 1%. Las diferencias metodológicas dificultan obtener una estimación precisa, pero se cree que entre el 1% y el 3% de la población estadounidense ha experimentado este trastorno.
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En particular, la investigación de Javaras utilizó datos de un estudio longitudinal realizado por sus mentores, Hudson y Pope, que siguió a los participantes durante cinco años, revelando que aunque el trastorno por atracón puede mejorar con el tiempo, rara vez desaparece rápidamente.
A los 2.5 años, solo el 15% de los participantes habían experimentado una remisión, definida como no tener episodios de atracones durante tres meses. A los cinco años, poco más del 20% había alcanzado la remisión, mientras que cerca de dos tercios seguían cumpliendo con los criterios del DSM-4 para el trastorno por atracón.
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Importancia del tratamiento
Los hallazgos de este estudio subrayan la importancia del tratamiento para el trastorno por atracón. Aunque los datos a largo plazo de ensayos clínicos aleatorios de alta calidad muestran tasas de remisión más altas que las observadas en el estudio de Javaras, esto sugiere que el tratamiento puede acelerar la mejora en comparación con la evolución natural del trastorno.
Existen tratamientos efectivos, como la lisdexanfetamina, un medicamento aprobado por la FDA, y diversas psicoterapias basadas en evidencia.
Los atracones son un trastorno alimentario común y persistente que afecta a millones de personas en todo el mundo. El estudio de Kristin Javaras revela que este problema puede durar mucho más tiempo de lo que se pensaba anteriormente, especialmente en ausencia de tratamiento.
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Abordar las restricciones alimenticias y proporcionar un tratamiento adecuado son estrategias cruciales para ayudar a las personas a superar este trastorno. La investigación continúa siendo vital para comprender mejor la naturaleza de los atracones y desarrollar intervenciones más efectivas para quienes los padecen.
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