
El Ministerio de Salud de la Nación informó recientemente los datos sobre la incidencia del dengue en Argentina. Según el Boletín Epidemiológico, desde la semana 31 de 2023 -fines de julio y comienzos de agosto- hasta la semana 14 de 2024 -principios de abril-, se han notificado un total de 269.678 casos, con un predominio del 90% de casos autóctonos, un 7% en investigación y un 3% importados. De estos, 252.566 casos corresponden exclusivamente al año 2024.
La incidencia acumulada hasta la fecha para esta temporada se sitúa en 573 casos por cada cien mil habitantes. Además, se clasificó un total de 643 casos como dengue grave, representando un porcentaje del 0,2%, y se registraron 197 fallecimientos relacionados con esta enfermedad viral transmitida por el mosquito Aedes aegypti, con una letalidad actual del 0,07%.
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De acuerdo a lo precisado en el documento, “en el análisis de la curva epidémica de dengue a nivel país se registra un descenso en el número de casos semanales en la penúltima semana analizada respecto de la anterior (para la semana 13 se registraron hasta el momento 29.840 casos, casi un 32% inferior a lo registrado para la semana 12). Si bien hay que tomar con prudencia los casos de las últimas semanas, porque pueden modificarse de acuerdo a la sucesiva integración de información por parte de los notificadores, este fenómeno no ocurría desde la semana 50 de 2023 -mediados de diciembre- desde la cual se había verificado una tendencia ininterrumpida al aumento de casos hasta la semana 12 de 2024″.
Al analizar esta situación, los expertos han considerado diversos factores que podrían influir en el aparente descenso del número de casos semanales. Uno de los puntos es la incidencia del clima -precisamente de las temperaturas más bajas registradas en los últimos días- en la reducción de la población de mosquitos transmisores, lo que podría contribuir a la disminución de los casos de dengue.
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Consultado por Infobae, el infectólogo Tomás Orduna, ex jefe del Servicio de Medicina Tropical y Medicina del Viajero en Hospital de Infecciosas F. J. Muñiz y miembro del comité científico de la Fundación Mundo Sano, analizó: “La disminución de los casos que se verifica -a pesar de que quizás aún no están del todo cargados los casos de la semana 13- es en consonancia con lo que históricamente ha ocurrido en Argentina: el momento de mayor capacidad de registro de casos se ha dado entre la segunda semana de marzo y mediados de abril. Por lo tanto, ahora estaríamos transitando la disminución de casos y de la incidencia que históricamente se ha dado en las diferentes curvas epidémicas a lo largo y ancho del país”.
“Empiezan a mezclarse momentos de facilidad para la transmisión por temperaturas o lugares donde aún hay una importante actividad del mosquito y otros donde esa actividad va disminuyendo con la llegada y la instalación del otoño, que va cambiando las condiciones eco-epidemiológicas. Esto va mermando la cantidad de mosquitos y por ende disminuye la posibilidad de adquirir el virus del dengue. De hecho, en algunas regiones como el nordeste, el máximo de la incidencia se dio entre noviembre y principios de febrero. O sea, hay regiones del país en las que esta curva en descenso tiene una anticipación respecto de lo que ocurre en la curva del país”, continuó el experto.
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Según Orduna, suele haber “un cese de la actividad y de la transmisión del dengue entre fines de mayo y principios de junio, y vamos camino lentamente -no de manera rápida y rampante-hacia abajo en la curva. Esto tiene que ver con las cuestiones meteorológicas. Las temperaturas, cuando van bajando, generan condiciones adversas para la reproducción del mosquito vector. Lo que resta ahora es esperar a ver si esta curva descendente continúa manifestándose de esta manera. La gran pregunta es si este año se reproducirá lo mismo que en el 2023, con regiones del país como el nordeste en las que durante los 12 meses hubo transmisión del dengue, generando una facilidad para la iniciación de una nueva epidemia como la que estamos viviendo”.

En tanto, Adrián Díaz, investigador del CONICET en el Instituto de Investigaciones Biológicas y Tecnológicas (IIByT, CONICET-UNC) y profesor adjunto en el Instituto de Virología “Dr. J. M. Vanella” de la Universidad Nacional de Córdoba, precisó en diálogo con Infobae: “La disminución de la temperatura se podría ver reflejada en los casos dentro de aproximadamente dos semanas. ¿Por qué? Porque impacta en la transmisión del mosquito; en el período de incubación extrínseco. Hay dos períodos de incubación extrínseca: el período de incubación del virus en las personas y el del virus en el mosquito. Entonces, con este frío, va a disminuir y se va a generar un aletargamiento en la actividad del mosquito. Entonces, toda la transmisión se hace más lenta porque el mosquito se alimenta menos y está menos activo”.
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De acuerdo a Díaz, con el frío, “el ciclo de reproducción del mosquito también es menor, entonces la abundancia del mosquito va a ir disminuyendo o, por lo menos, la tasa de crecimiento de las poblaciones. Por otro lado, el período de incubación extrínseca del virus en el mosquito aumenta. Entonces, eso hace que los casos se transmitan o se produzcan con una tasa menor. Así, por un lado tenemos una disminución de casos porque se enlentece la transmisión por el período de incubación extrínseco más prolongado y porque no hay tantos contactos del mosquito infectado con el humano”.
“Algo que también sucede cuando hay temperaturas más bajas -amplió Díaz- es que las personas se cubren más. Entonces, al estar más cubiertas, el contacto del mosquito con el humano disminuye, porque el mosquito no va a picar sobre superficie vestida”.
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De todos modos, el investigador del CONICET advirtió: “En Córdoba, por ejemplo, la semana que viene va a haber temperaturas por encima de los 20 grados. El mosquito no murió; en los próximos días va a volver a aumentar su actividad metabólica y su dinámica de picado; de alimentación. Por lo tanto, también se va a incrementar la probabilidad de transmisión vectorial. La caída real de los casos va a ser paulatina, salvo que venga un frío polar que genere temperaturas bajo cero o por debajo de los 15 grados durante una semana. Esas bajas temperaturas deben ser sostenidas para que de a poco vayan muriéndose los mosquitos adultos y en estados larvarios”.
Por su parte, en una nota reciente a Infobae, la bióloga Laura Harburguer, investigadora del CONICET en la Unidad de Investigación y Desarrollo Estratégico para la Defensa (UNIDEF), aportó ante al consulta de Infobae: “Es posible que los días sostenidos de frío bajen los casos y, para eso, debería pasar que haya varios días con temperaturas menores a 15°C de forma consecutiva”.
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La especialista explicó que “en este momento es necesario eliminar a los adultos de los mosquitos que están circulando; a las hembras, que son las que se alimentan de sangre. Entonces, si hay un solo día de baja temperatura, esto no ocurriría. Pero con días sostenidos de baja temperatura puede descender la población de hembras adultas, que son las que pican y transmiten la enfermedad”.

“Las larvas que son acuáticas -siguió Harburguer- pueden tolerar temperaturas diferentes porque recordemos que, en general, el agua está a una temperatura menor que la temperatura ambiente. ¿Entonces, qué es lo que puede pasar? Que el período de tiempo que tarda esa larva en convertirse en adulto se alargue. El período que dura la larva desde que nace hasta que se convierte en adulto es de entre 5 a 10 días, dependiendo de las condiciones ambientales y de la latitud de nuestro país en la que nos encontremos. Si estamos bajo temperaturas no óptimas, como 15 grados o hasta 10 grados, ese período se va a alargar. Entonces ese período en vez de durar hasta diez días, puede durar 20 días y hasta un mes”.
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De acuerdo a la bióloga, “esto puede traer como consecuencia que las larvas queden latentes y que cuando se produzcan días calurosos haya nuevos adultos. ¿Entonces podemos esperar que bajen los casos de dengue? Probablemente sí, por temperaturas bajas sostenidas, porque van a eliminar al mosquito adulto, pero no necesariamente a las larvas y mucho menos el tema de los huevos. Los huevos de este mosquito pueden resistir temperaturas realmente bajas y atravesar todo el invierno”.
“Respecto a la baja de los casos de dengue, realmente si logramos que las condiciones climáticas acompañen con periodos sostenidos de baja temperatura, va a desaparecer el mosquito y en consecuencia va a dejar de transmitir la enfermedad. Pero si luego vuelve a subir la temperatura y no fue lo suficiente para eliminar a las larvas y nosotros no continuamos con las acciones de eliminación de recipientes y las de prevención, puede ser que esas larvas se conviertan en nuevos adultos y que empiece a circular nuevamente el virus”, señaló la investigadora del CONICET.
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