
Expertos de Harvard, la Universidad de Columbia, la Universidad de Miami y la Universidad de Massachusetts detallaron las implicaciones del sueño para la salud en una conversación con la periodista de salud de la CNN Jacqueline Howard el jueves en la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard.
“El sueño está asociado en muchos aspectos a la mortalidad: enfermedades cardiovasculares, diabetes, salud mental, salud cerebral, función inmunitaria, afecciones respiratorias y función y rendimiento cognitivos”, afirmó Azizi Seixas, profesor asociado de la Facultad de Medicina Miller de la Universidad de Miami.
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Él y otros ponentes analizaron los riesgos para la salud de la privación de sueño a largo plazo y el papel fundamental que desempeña el sueño en la memoria. Según Rebecca Spencer, catedrática de Psicología y Ciencias del Cerebro de la Universidad de Massachusetts, “cuando uno duerme, se lleva una película del día y la repite, lo que constituye un gran recurso mnemotécnico. Es una forma de solidificar los recuerdos que hemos formado durante el día”.

Esos recuerdos pueden incluir ruidos y otras perturbaciones, lo que introduce un reto mayor: aunque descansar lo suficiente es importante para todos, el mundo exterior puede interponerse en el camino. Los investigadores se centraron en la contaminación acústica, las disparidades en el sueño y cómo las decisiones políticas pueden dejarnos cansados y vulnerables.
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“Sabemos, por ejemplo, que las comunidades marginadas y las minorías tienen más probabilidades de vivir en barrios con desventajas socioeconómicas”, indicó Carmela Alcántara, profesora asociada de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Columbia.
Para la especialista, “eso puede incluir barrios que podrían tener una mayor vigilancia policial, barrios que luego tienen una mayor exposición a la contaminación acústica, una mayor exposición a la contaminación lumínica, y todos estos factores que sabemos que impactan en el sueño a corto plazo y luego pueden tener estos efectos en cascada a largo plazo sobre el sueño”.
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¿Cómo dormir mejor?

Spencer recomendó “controlar lo controlable” y señaló que, aunque no se pueda bajar el volumen de la música de los vecinos o atenuar las luces de la calle, hay otras estrategias para conseguir un entorno más propicio para el descanso. Un ejemplo es “exponerse a la luz solar durante el día, sobre todo a la luz natural exterior, pero mantener el entorno oscuro por la noche”.
Otra táctica: moverse. “Hacer ejercicio es algo que se puede hacer, aunque sólo sea para despejar la mente”, afirma Spencer. “Eso forma parte del problema de rumiación que tiene mucha gente cuando intenta conciliar el sueño”.
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“Si no funciona, no te castigues”, dijo Elizabeth Klerman, profesora de neurología de la Facultad de Medicina de Harvard. En lugar de eso, decídete a recuperar el sueño perdido un fin de semana o un día libre. Tu cuerpo cooperará. “No hay pruebas de que se pueda dormir en exceso”, afirmó.
“A diferencia de la torta de chocolate que puedes comer cuando no tienes hambre, no hay pruebas de que puedas dormir cuando no estás cansado”. El peligro viene cuando una persona pierde horas de sueño a largo plazo: “Hay efectos en la memoria y en el riesgo de demencia”.
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Seixas dijo que si uno se encuentra perdiendo el sueño de forma regular, puede ser posible ajustar otros aspectos de su rutina para mitigar los efectos negativos. “Hemos sido capaces de encontrar diferentes perfiles y diferentes recomendaciones de personas que pueden dormir seis horas, pero pueden hacer ciertas alteraciones en sus vidas y estilos de vida para equilibrar su riesgo de condiciones de salud cardio-metabólicas”.
En cuanto a lo que los legisladores pueden hacer para ayudar a sus electores, los panelistas coincidieron en que los movimientos para cambiar el horario de verano no son aconsejables. En su lugar, los legisladores deberían optar por soluciones que den prioridad al sueño en sí, como retrasar la hora de inicio de las clases y realizar campañas de salud pública sobre la higiene del sueño.
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“Creo que una combinación de ciencia, política pública, educación pública y defensa de la causa será importante para tratar de resolver el problema del horario de verano, así como otras cuestiones relacionadas con las desigualdades estructurales”, afirmó Klerman.
Y concluyó: “Necesitamos ciencia, pero también comunicación”.
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