
Según un estudio, las personas que siguen una alimentación mediterránea verde queman un tipo peligroso de grasa corporal a un ritmo cuatro veces superior al de la mayoría de las personas que hacen dieta.
Las personas que siguieron esta dieta vegetal durante 18 meses redujeron sus niveles de grasa visceral en un 14%, frente al 4,5% del grupo de control que siguió una alimentación sana estándar. Este tipo de adiposidad envuelve los órganos vitales y el interior del abdomen, lo que suele dar forma de barriga “cervecera” o de manzana. Este tipo es el más peligroso porque se cree que libera sustancias químicas y hormonas en la sangre que desencadenan la inflamación, vinculada a enfermedades crónicas como las cardiopatías y la hepatopatía grasa. Su proximidad a los órganos aumenta el riesgo.
Como contramedida, los expertos apuntaron a la dieta mediterránea, rica en grasas y proteínas pero baja en hidratos de carbono. Incluso, esta predilección provocó que, en los últimos años, ganara popularidad gracias a numerosos estudios que destacan sus beneficios para la longevidad, la reducción de la fragilidad y la prevención del cáncer.

Es que muchos expertos consideran que la grasa visceral es el verdadero objetivo de la pérdida de peso y un mejor indicador de la salud de una persona que el tamaño de su cintura. La misma se acumula con el tiempo entre los órganos y produce hormonas y venenos que conducen a enfermedades cardiacas, diabetes, demencia y muerte prematura.
En cuanto al trabajo, además de los establecido en la dieta mediterránea tradicional, en la “verde” se eligen muchas chauchas, legumbres, cereales integrales, verduras de hoja verde, aceite de oliva, frutos secos y pescado, pero se hace más hincapié en las verduras. Para este trabajo, los expertos les solicitaron a los participantes que, además de lo establecido en esta clase de alimentación, dejaran de lado la carne roja y de ave y consumieran de tres a cuatro tazas de té verde y un batido de lenteja de agua al día.
A dos grupos se les pidió que siguieran una variación de la dieta mediterránea. Uno siguió una versión “verde”, basada en plantas, que incluía de tres a cuatro tés verdes y un batido de lenteja de agua (Mankai) al día. El otro siguió la dieta mediterránea estándar. Ambos tenían restricciones calóricas de 1.400 calorías al día para las mujeres y 1.800 para los hombres. También comieron menos de 40 g de carbohidratos al día durante los dos primeros meses, cantidad que luego se aumentó a 80 g.

En un tercer grupo, se aconsejó a los participantes que comieran sano, pero no se les dio un recuento estricto de calorías. Se les aconsejó que siguieran a grandes rasgos la dieta mediterránea.
Por último, durante el estudio, cada grupo recibió clases de nutrición de 90 minutos cada semana durante el primer mes y una vez al mes durante los cinco siguientes. Después, las clases se impartieron cada dos meses hasta el final del estudio.
El estudio -publicado en la revista BMC Medicine- analizó a 294 adultos que tenían 50 años de media y un IMC de 31, lo que los situaba en la categoría de obesos. Casi nueve de cada diez eran hombres. A todos se los sometió a tres dietas diferentes y se les pidió que las siguieran desde mayo de 2017 hasta noviembre de 2018.

Además, a todos se les pidió que realizaran ejercicios aeróbicos y de resistencia de tres a cuatro veces por semana durante 45 a 60 minutos. También se les regaló una suscripción al gimnasio para fomentar su participación.
Se realizaron resonancias magnéticas al principio y al final del estudio para medir la grasa visceral. También se midió el peso corporal y el perímetro de la cintura de los participantes. Estas medidas disminuyeron en ambos grupos durante el estudio, aunque no hubo diferencias significativas entre las reducciones.
En el grupo de la dieta “verde”, los participantes perdieron de media un 3,9% de su peso corporal y un 5,7% del perímetro de su cintura. Los que siguieron la dieta mediterránea estándar perdieron un 2,7% y un 4,7% respectivamente. Y los de la dieta saludable perdieron un 0,4% y un 3,6%.

“Alcanzar una reducción del 14% de la grasa visceral es un logro espectacular por hacer cambios sencillos en la dieta y el estilo de vida”, afirmó la doctora Hila Zelicha, experta en obesidad de la Universidad Ben-Gurion de Israel, que participó en el estudio.
Según el doctor Zelicha, la diferencia en la grasa visceral fue la más notable, y añadió: “La pérdida de peso es un objetivo importante sólo si va acompañada de unos resultados impresionantes en la reducción del tejido adiposo”.
La profesora Iris Shai, nutricionista que dirigió la investigación, afirmó: “Los resultados de nuestro experimento nos enseñaron que la calidad de los alimentos no es menos importante que el número de calorías consumidas. El objetivo es comprender los mecanismos de los distintos nutrientes”.

Los investigadores sugirieron que la mayor pérdida de grasa visceral en el grupo de la dieta “verde” se debía a que sus dietas contenían más polifenoles. Los niveles de estos compuestos vegetales eran más elevados en estos participantes que en los demás grupos.
Los investigadores creen que los polifenoles -compuestos vegetales que protegen los tejidos del organismo contra el estrés- ayudan a quemar grasa, como se ha observado en estudios anteriores. Los resultados de este trabajo fueron determinantes, según los expertos.
La digestión de estos compuestos requiere más energía que en otros grupos, lo que, según los científicos, hace que se queme más energía. Esto, a su vez, provocó un descenso de peso. El batido de lenteja de agua que consumieron los de la dieta verde tenía un alto contenido en proteínas, hierro B12, vitaminas y polifenoles.
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