El final de 2025 dejó en evidencia el aumento persistente de la desigualdad en la República Dominicana, incluso en un contexto de crecimiento económico sostenido.
El índice de Gini, que mide la diferencia en la distribución del ingreso, se ubicó en 0.389, una cifra superior a la registrada el año anterior y que refleja que los logros económicos recientes no se han traducido en bienestar generalizado.
Durante la última década, la economía dominicana mostró capacidad para recuperarse tras la pandemia de COVID-19, experimentando años con expansiones que llegaron hasta un 14 %.
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Sin embargo, ese crecimiento no logró llegar de manera equitativa a toda la población. El informe Análisis de desempeño económico y social (ADES-2025), elaborado por el Viceministerio de Economía, documenta que desde 2022 la desigualdad ha ido en ascenso, con un incremento continuo del índice de Gini: de 0.376 en 2022 a 0.389 al cierre de 2025, según informes de Diario Libre.
La distribución del ingreso mostró diferencias notables entre el ámbito urbano y el rural. En las zonas urbanas, el índice pasó de 0.388 a 0.389 entre 2024 y 2025, mientras que en las áreas rurales el incremento fue más pronunciado, al pasar de 0.363 a 0.371. Esta brecha evidencia la dificultad para que el crecimiento económico se refleje en mejoras que alcancen a toda la sociedad.
El ADES-2025 señala que la principal causa de este aumento en la desigualdad fue el comportamiento de los ingresos laborales. Los salarios y empleos aportaron la totalidad del incremento real del ingreso per cápita, mientras que otras fuentes, como las remesas y los ingresos no laborales, actuaron como un leve contrapeso, pero no lograron revertir la tendencia.
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En 2025, el ingreso nominal promedio mensual per cápita fue de 20,192 pesos (USD 340), con un aumento interanual del 10.3 %. Sin embargo, esa tasa resultó inferior en 4.9 puntos porcentuales a la registrada en 2024. Si se descuenta el efecto de la inflación, el ingreso real promedio se ubicó en 14,487 pesos (USD 244), lo que representó un incremento de 6.5 %, menor al avance observado el año anterior.
Las transferencias gubernamentales y los ingresos no laborales en especie experimentaron una caída en el periodo, lo que redujo la capacidad de las familias para amortiguar el impacto de posibles crisis económicas.
Según el documento oficial, “el bienestar de los hogares dominicanos descansa sobre un único pilar”. Esto implica que, ante cualquier dificultad en el mercado laboral, los hogares quedan más expuestos y vulnerables debido a la limitada contribución de otras fuentes de ingresos.
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El análisis advierte que, aunque la economía sigue creciendo, los avances en materia de bienestar no son sostenibles si no se fortalece la capacidad de las fuentes no laborales para compensar la desigualdad en la distribución primaria del ingreso.
El informe también resalta que, pese al incremento del índice de Gini en 2025, el nivel de desigualdad aún se encuentra por debajo de los valores observados en años previos a 2022, aunque la tendencia al alza genera preocupación sobre la sostenibilidad de los logros sociales alcanzados.
El fenómeno no es exclusivo del país, ya que la desigualdad elevada incrementa la vulnerabilidad de las sociedades ante eventos globales como pandemias, según advierte la Organización de las Naciones Unidas. El caso dominicano demuestra que el desafío principal sigue siendo convertir el crecimiento económico en mejoras ampliamente compartidas y sostenibles para la población.
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