Tomás Fonzi abrió las puertas de su intimidad: la fama, su confesión sobre el rótulo de galán y las cuatro reconciliaciones con su pareja

En Casino Deluxe, el actor recorrió los momentos más importantes de su carrera, reflexionó sobre el impacto de la popularidad y explicó por qué nunca se sintió representado por la etiqueta que le adjudicaron durante años. Además, recordó los idas y vueltas que marcaron su vínculo sentimental hasta construir una historia de amor de 18 años

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Casino Deluxe - Tomás Fonzi

“La verdad es que nunca me sentí un galán. Me enaltece que me lo digan, pero siento que me estoy colando en un casillero que no es mío”, reconoció Tomás Fonzi durante una charla con Casino Deluxe, el ciclo de entrevistas de Infobae.

Con más de 25 años de trayectoria en televisión, cine y teatro, Fonzi comenzó su carrera a fines de la década de 1990 con la exitosa tira juvenil Verano del ’98 y luego consolidó su nombre con películas como Nueve Reinas, Una noche con Sabrina Love y Kamchatka.

A lo largo de los años alternó proyectos de ficción, teatro y cine independiente, construyendo una carrera marcada por su versatilidad para interpretar tanto papeles dramáticos como de comedia. También tuvo un paso por la música con la conformación de su banda musical.

Actualmente, atraviesa un gran presente sobre los escenarios con Una Navidad de Mierda, la comedia que lleva más de un año en cartel en el Teatro Premier, sobre la calle Corrientes. Con funciones de jueves a domingos, integra un elenco junto a Verónica Llinás, Alejo García Pinto y Anita Gutiérrez, bajo la dirección de Peto Menahem y la propia Llinás, y con producción de Gustavo Yankelevich.

Durante la entrevista, el actor reflexionó sobre los desafíos de sostener una carrera artística a lo largo del tiempo, la importancia de conservar la curiosidad y las ganas de aprender, y la manera en que hoy transita el reconocimiento del público. También habló de su vida personal, de por qué nunca se sintió identificado con la imagen de galán que se construyó alrededor suyo y del valor que les da a la autenticidad, el disfrute del trabajo y los vínculos genuinos.

Casino Deluxe con Tomas Fonzi
Tomás Fonzi: “Me enaltece que me digan galán, pero siento que me estoy colando en un casillero que no es mío”

—Este es el primer juego de Casino Deluxe. Sobre la mesa hay un millón de dólares y vos viniste a pedírmelo. Yo soy una señora con muchísimo dinero y vos necesitás convencerme de que te lo dé. Para eso, vas a tener que explicarme para qué lo querés. Según cuán sincero seas, te voy a ir entregando algunos fajos.

—Mmm yo lo usaría para tener una casa lejos, una casa en el campo, en una quebrada. Sale dinero porque hay que llevar los caños, la electricidad…

—¿En una quebrada argentina?

—Sí. A mí me gusta mucho el litoral. Me gusta pescar, me gusta el aire libre. Me gusta el verano. Pero soy team invierno, también, me gusta el invierno y la nieve. Tengo una fantasía también con eso…

—¡Qué lindo el litoral

—Sí, me encanta. Hay vida permanente por todos lados. Podría ser en Corrientes, la zona de los Esteros del Iberá…

—Ahí te comprarías una gran casa. ¿Le harías cancha de fútbol, de tenis, estacionamiento en cabañas para todos tus amigos que van?

—Sí. Lancha, bajada de lancha… Aunque creo me quedo corto con la plata, ¿no?

—Te quedás cortísimo. Pero podés hacer algo más sutil...

—Sí, claro. Cuatro palos, una choza. No pasa nada. Me gusta igual.

Por cuánta plata

—En este segundo juego, tenés que contarme por cuánta plata harías determinadas cosas. Cuanta más plata necesites, menos ganas tener de llevarlo a cabo.

—Dale. Que miedo...

—¿Por cuánta plata harías una banda de rock, pero con temas religiosos?

—No necesito mucho plata para eso. Con que me banquen el disco. Ya está (risas).

—¿Y hablarías de temas religioso? ¿No te jode?

—Podría hablar de temas religiosos, claramente espirituales. Podría bardear a una religión puntual también..

—¿Querés comentar algo? (risas)

—No, yo vengo de una formación religiosa católica, apostólica, romana. De un colegio de curas, de todos varones…

—Es como que ya lo tenés en el ADN el tema.

—Sí. De misa los domingos, de mucha culpa también...

—¿Qué es lo bueno y lo malo que te dejó todo ese aprendizaje sobre la religión?

—Me definió mucho por oposición, en un montón de cosas. Y a la vez es mi cultura, es la cultura en la que crecí. Y también cuando desmenuzo puedo encontrar cosas que me han hecho muy bien. Hay algo del cristianismo que está basado en cosas que están bien.

—Ser una buena persona...

—Sí, total. Después, se pone medio turbio y hay que empezar a separar la paja del trigo, ¿no?

—Pero hay cosas que sí nos constituyen desde los valores, ¿no?

—Sí, yo creo que Jesús fue el primer Che Guevara. No sé si el primero, pero fue un Che Guevara más de los que fueron apareciendo muy esporádicamente en nuestra historia, a quien también han secuestrado para otro fin. Lo pusieron en las remeras... “En nombre de él” se hicieron muchas cosas. Los emperadores romanos...

—Se desvirtuó un poco todo y fue muy utilizada su imagen, ¿no? Si se levantaría, tendría que recaudar una cantidad de dinero…

—Claro, regalías (risas). Los botines de guerra, todo, un montón de cosas (risas). Pero el tipo como personaje me parece fascinante.

—Totalmente. ¿Te ves haciendo a Jesús si alguien te llama para una película o serie?

—No, no…

—¡Ojo! Das ahí con el pelo un poco largo…

—No, no creo. No me crece la barba…

—Pero ahora te ponen todo.

—¡Me hacen todo con inteligencia artificial! (risas). Podría ser. Sería el mejor papel de mi carrera. Es espectacular.

—Es que lo entendiste bastante, tuviste que lidiar desde muy chiquitito con su idiología. No está mal.

—Igual fui fan también del Che Guevara (risas).

—Hay como un punto ahí, un fanatismo con gente que reivindica ciertos valores…

—Gente que habla del nuevo hombre, ¿no?

—Que se rebela en un montón de contextos sociales de esas épocas, redefiniendo otros valores para la sociedad.

—Sí, y poniendo en evidencia lo equivocado que estamos rumbeando. ¿Dónde está el foco? ¿Dónde está la buena vida? ¿Qué es la buena vida? Y yo creo que la buena vida es estar rodeado de ojos, de empatía, de gente que querés y esto (señala el dinero) es papel pintado. La plata igual es clave. Es un medio para un montón de cosas, pero también es un problema.

Casino Deluxe con Tomas Fonzi
"Una fan apareció en la puerta de mi casa porque decía que yo la había llamado en un sueño", recordó el actor sobre la época de Verano del 98. (Gustavo Gavotti)

—Arrancaste muy chico y con la particularidad de que empezaste en paralelo con tu hermana Dolores Fonzi…

—Sí. Pero a diferencia de mi hermana, ella tenía la súper convicción de que quería ser actriz desde que tenía cinco años. Yo medio que pintó. Después, me empecé a formar porque me daba vergüenza estar laburando y viviendo de eso sin…

—Pero tuviste un sentido de responsabilidad muy alto porque te formaste, trabajas de forma disciplinada, sos un artista serio. La vida te puso como algo que por ahí no lo buscaste, pero lo agarraste y lo hiciste profesión.

—Eso seguro. Y después, disfruté tanto de esas primeras experiencias que también fue como: “Bueno, dame más, ¿qué más hay que hacer? Qué lindo, teatro, cine, la tele, ¡Wow!”. Todo era una locura. Era como: “Bueno, ¿qué más hay que hacer?” De eso sí me hago recargo. Y después, las cosas que uno encuentra para aportar y en qué es bueno o en qué no tanto.

—En todos estos años de carrera imagino que viviste de todo. ¿Qué es lo más loco que hizo un fan por vos? Porque despertaste muchos corazones con esa imagen de galán, aunque decís que nunca te sentiste identificado con ese lugar. Tal vez no la buscaste, pero se construyó alrededor tuyo.

—Sí, es así. En los momentos donde todavía existían los clubes de fans era bárbaro. ¿Qué ha hecho una fan? Bueno, ser fan mía, en principio, que ya es una bocha (risas). No sé si es loco, pero Vicky, que le mando un beso, en todos los proyectos teatrales que hago desde hace años, se trae una torta que manda a hacer con los diseños de los personajes y nos pone a todos en en el fondant. Hizo tortas temáticas con cada obra. Se viene a verla y viene siempre. Son tortas impresionantes. Pero en cada proyecto está ahí. Eso es una gran demostración de amor. Pero me acuerdo en esas épocas, la gente iba a la puerta de los estudios...

—Pasaban horas y horas con frío, lluvia.

—Sí y mucha gente para vernos entrar y salir en las combis que nos llevaban. Yo salía a saludar siempre. Pero sí, esas cosas pasan. Después tuve una chica que flasheó un poco, pero porque ya tenía un temilla. Se me apareció en la casa de mi madre. Yo todavía vivía en Adrogué, tercer cordón en el Conurbano, hacia el sur.

—Muy lindo, por cierto.

—Divino. Voy muy poco, debería ir más. Se apareció en la puerta de mi casa. Le digo: “¿Pero cómo, qué haces?”. Siempre estaba en la puerta de Telefé por eso la conocía. Y le pregunté: “¿Qué hacés acá?”. Me dice: “¿Cómo qué hago acá?”. “Sí, ¿cómo llegaste a mi casa?”. “Sabía que vivías en Adrogué”, me dijo. A todo esto, era época de las revistas.

—La época de ir a la panadería a preguntar: “¿Dónde vive la familia Fonzi?"

—Eso hizo. Bajó del tren y dijo: “¿Alguien sabe dónde viven los Fonzi?”. Y encontró a uno que le indicó.

—¿Cuál fue su respuesta?

—Ella me dijo: “¿Cómo qué hago acá? Vos me pediste que viniera”. Digo: “¡¿Perdón?!”. Y ahí vino la frase que me quedó guardada para siempre: “No me hagas lo mismo que me hizo Luis Miguel“. “¿Qué te hizo Luis Miguel?”. “Vos anoche te metiste en mis sueños y me pediste que viniera a verte a tu casa hoy”. Se ve que cuando había venido Luis Miguel…

—Le había pasado lo mismo.

—“Me dijo que fuera al estadio a visitarlo y los de seguridad no me dejaron pasar. Y yo les expliqué”.

—Dulcemente, una mente que estaba un poco en otro lado.

—Sí. Pero estuvo bien con eso, poniéndome en la misma frase que Luis Miguel y yo le hicimos lo mismo.

—Hay como una similitud (risas). Tienen un sex appeal. Aparte vos tenías una banda de música. Hay cosas que coinciden.

—Sí. Hay como un cachorrismo (risas).

—Un beboteo gatuno. Pero la música fue algo que también estaba en tu vida.

—Siempre. Toco un poquito, tengo algunas canciones, he tenido alguna formación. Pero bueno, claramente ahí tengo un deseo, un pendiente. Por más que lo he hecho y hemos llegado a hacer cosas muy cercanas a lo que soñé en algún momento, me gustaría darle un poquito más de lugar y no con tanta irregularidad.

—¿Te pesó alguna vez que te encasillen como galán?

—No, la verdad que no. Nunca me sentí galán. Con este metro cuarenta...

—Pero despertás muchos suspiros.

—Me enaltece que me digan galán, porque es como me estoy colando en un casillero que no es mío (risas). Pero es como decías antes, claramente, empecé en Verano porque era un pibito, un cachorrito lindo, medio dorado. Y abrazo eso, sin duda. También seamos francos, si no hubiera sido por la tele y que la gente me conozca, hubiera sido más luchón. Un enano luchón.

—Te allanó un camino más abundante.

—Sí, me dio como una pátina de... Uno apoya, ayuda y va aprendiendo también y mejorando en las artes, pero me parece que… Viajando a veces es como: “Hola. Estoy acá. Llegué”. Y de pronto estás en Turquía (risas).

—Los que estamos en este mundillo decimos: “¿Cómo viajamos tanto? ¿Cómo nuestra imagen llegó tan lejos?"

—La tele da esas cosas. Muy buenas, por cierto. Globalization.

Yo nunca, nunca

—Vamos a juntar a este juego en el que tenés que tomar un sorbo si lo hiciste. Imagino que lo habrás jugado mil veces.

—Lo conozco.

—Yo nunca, nunca fui impuntual.

—Sí, fui.

—Qué tema, ¿eh? Yo también lo tuve que mejorar mucho en mi vida.

—Fui, pero porque…

—Yo estoy mejor. En mi caso lo recibí como un legado la impuntualidad. Pero no quiero nombrar de quién públicamente.

—En una época era así laboralmente. Como que el más capo del elenco, llegaba dos horas tarde.

—Yo me refería a un legado familiar, de cuando es algo que está muy en el ADN. Después romperlo es difícil. Pero bueno, me he cruzado con gente que me ha dado muchas herramientas o visiones como para que entendiera y se puede dar vuelta. Se puede mejorar. Hay veces que lo logro muy bien, otras logro hasta ahí, pero yo sé que siempre lo doy todo cuando llego. Esa es mi compensación (risas). La rompo toda y en dos minutos te resuelvo todo. Eso complementa.

—Sí, en el trabajo era como un símbolo de estatus. Hablo de actores, actrices, en cualquier lugar, sea para laburar, a grabar o cualquier otra cosa... Aunque llegar temprano es ser impuntual también, ¿eh?

—Claro. Yo digo llegar a horario. Estoy de acuerdo. No es necesario llegar antes.

—Que no haya nadie esperándote ni antes ni después del horario.

—Claro, exactamente. Tener ese sentido de respeto. Porque también venir medio con cara de ort* cuando llegás tarde también está mal.

—O pensar que estás elevando tu estatus llegando tarde...

—¡Ah! No,. Eso lo tengo totalmente desconsiderado, me parece un horror.

—Claro, pero en mi caso algo de eso había.

—¿Lo hacías como desde un lugar de cool?

—Soy re ganchero, claro (risas).

—¿Cuánto te duró eso? ¿Vino una vez uno de más arriba y te dijo: “Te estás equivocando, pibe”?

—No, en algún momento creo que la pasé mal haciendo esperar a alguien que no debía. Y dije: “¿Qué te pasa, pibe?”

—No, lo mío nunca fue intencional. ¿Ya ha sido superado lo tuyo?

—Sí, totalmente.

—Ojo que nosotros compartimos un proyecto de trabajo y nunca llegaste tarde.

—Yo no, vos sí (risas).

—¡No puede ser!

—Un par de veces...

—Pero nunca estuve que entrar al programa cuando ya estuvieran conduciendo.

—No. Pero hay otras instancias de llegar tarde.

—Si la cámara se prende y yo estoy lista, no preguntes cuánto tiempo puedo tardar. Ya estoy acá.

—Con maquilladores y vestuaristas tirados en el piso, exhaustos de hacer todo en 10 minutos (risas).

—Bueno, pero por ahí vengo semalista y no me importa salir así.

—Tenés un punto a tu favor.

—Lo compenso con mucho amor. Mi equipo me quiere mucho. Pero yo siempre estuve en ese programa y en casi todos los programas a la hora que toque. Intento hacerlo lo más posible.

—Está perfecto.

Casino Deluxe con Tomas Fonzi
"Estoy en la cuarta gestión con mi actual mujer", explicó Tomás en diálogo con Emilia. (Gustavo Gavotti)

—Vamos a ir a la siguiente... Yo nunca, nunca volví tres veces con la misma persona.

—Casi. Es que cuatro veces volví con la misma persona. Voy a tomar igual. Estoy en la cuarta gestión con mi actual mujer.

—Me parece re interesante entender lo que se pueda contar. ¿Son una pareja de cuántos años?

—Y en esta última etapa, 18 años.

—¿Pero en total? ¿Con todos los cortes en el medio?

—¡25 años!

—Desde que se conocieron el primer día hasta el día de hoy, con cuatro impases pero de no mucho tiempo.

—El primero y el segundo, pocos meses. Hubo uno que fueron, tres o casi cuatro años sin saber nada el uno del otro.

—¿Pero eso fue muy al principio de la relación y este último bloque son 18 años?

—Sí, exacto.

—Pero ese último bloque ya es un montón igual.

—Sí, ya casi que no existe más eso en la sociedad. Estamos en extinción. Yo a esta altura ya empiezo a pensar en otras magias, no sé. Porque no sé qué pasó. No entiendo. Cuando nos vimos por primera vez, que nos dimos un beso sin hablar, sin decimos hola, en el Club 69, un jueves, hubo algo que me hizo efecto y no puedo explicarlo. Después con el tiempo siempre fue lo mismo, también fuimos creciendo y cambiando. Habían cosas que teníamos cada uno por su lado, que eran claramente incompatibles. Pero después también fue pasando que volvíamos y se rompía la cosa, porque se ve que había algo muy básico o fundamental que nos atraía…

—Los seguía uniendo.

—Eso. nos decía que éramos el uno para el otro y después en la práctica cosas que no eran viables. Yo recién también empezaba con todo este quilombo de la tele, estaba mi primera obra de teatro, mi primera película, también en Verano del 98. Fue muy fuerte para los dos al principio, ella como que no entendía nada, teníamos 20 años, 19. Éramos muy chicos.

—¿Hoy en día qué sentís que es la relación de ustedes dos?

—Y hoy en día hay muchos factores. Todavía me es un misterio eso, todavía me es un misterio ella en un montón de aspectos. Ese magnetismo, ese mirarnos a la cara y sentir que nos conocemos de toda la vida, de otra vida, de otro mundo, no sé de dónde. La piel, obviamente, la atracción sexual, sin duda alguna. Había una química, una piel, insisto, eso hoy en día todavía es un mundo a descifrar y eso me parece clave también en la continuidad, en estos 18 años. También es un bardo todo, es muy difícil, también no creo en la estructura en la que nos montamos como humanos. Creo que esa estructura niega un montón de cosas que tienen que ver con la naturaleza y que hay un montón de la estructura monogámica de hasta que la muerte nos separe, que tiene que ver con estas cosas…

—Más religiosas.

—Oscuras de la religión. Digo oscuras porque son mandatos que parten del miedo, ¿viste?

—Sí, que además te apagan todo. Porque por ahí sucede, pero desde un lugar más orgánico, con errores también, ¿no?

—Sí. La semilla o el germen de todo lo que se va construyendo alrededor del amor, bueno, una estructura. Y obviamente que las relaciones a lo largo de los años van pasando por etapas muy distintas. Pero creo que esencialmente todos empezamos a rodearnos de eso que nos pasa a nivel pasión romántica y el amor y la conexión en todos los aspectos con la otra persona, que lo rodeamos de esas cosas que van en contra o que lo perjudican. No sé cómo explicarlo. Digo, hay algo de mantener el misterio, de no estar en contacto permanente con la miseria del otro que atenta contra eso. Nos aferramos a cosas. “Esto debe ser así”. Sí, pero eso nos hace mal. Habría que replantear un poco cosas, pero bueno, es difícil también.

—Me imagino que estar en un vínculo con una persona que también por tantos años te acompaña, por cómo veo que pensás, debe tener una mentalidad similar a la tuya.

—Sí, somos conscientes. Somos muy conscientes e intentamos construir desde el amor. Siempre.

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