No lo puede explicar, tampoco lo entiende. Margarita fue la primera. Nació en 2019 por cesárea. Lo primero que hicieron las enfermeras fueron dársela a Julián. El papá la sostuvo en sus brazos y estuvo solo una hora con ella hasta que llegara la mamá. Le sorprendió que no apareciera nadie a rescatarlo. Descubrió que ahora era él el responsable de una persona. Bruno llegó dos años después para ser una familia de cuatro. Con María Belén, su novia hace 23 años, su esposa hace once, habían imaginado una adultez similar a su infancia: casas habitadas por muchos hermanos. El ideal eran tres. Faltaba alguien.
“Uno tiene su primer hijo y después dice ‘¿me generará este mismo sentimiento otro hijo?’”, se preguntaba ella antes del nacimiento de Bruno, su segundo hijo. En 2023 comenzó a trabajar en un hogar convivencial como pediatra. Un sábado cualquiera de primavera, justo antes de regresar a su casa, la invadió una sensación extraña. Había un chico que le hacía recordar mucho a Bruno. No físicamente, era otra cosa. Pensó en él, en su hijo y en lo que le deparaba la vida a los dos: el chico se quedaría ahí, ella se iría a terminar un sábado de paseo en familia. “Ese mismo día llegué a casa y le dije a Julián ‘¿vos alguna vez pensaste en adoptar?’”. “Sí, un montón de veces”, respondió él. Sin planearlo, sin consensuarlo, sin preverlo, se habían puesto de acuerdo en algo.
No hubo panza, no hubo embarazo, no fueron nueve meses. Fue convencerse, establecerlo como el plan A, llenar formularios, tener entrevistas online, hablar con sus otros dos hijos. Llegó Lion. Y Julián aún hoy no lo puede explicar, no lo puede entender. Cuando abrieron la puerta, lo vio a upa de Macarena, la mamá de la familia de acogida que le cuidaba, y él le tiró los brazos. Lo agarró y tuvo una sensación que ya había tenido pero que igual lo sorprendió. “No lo podía creer. Estuve días preguntándomelo: ¿por qué este nene que acabo de conocer y le estoy cambiando los pañales por primera vez lo amo igual que a Bruno y a Margarita? No tiene mucha lógica, qué sé yo”.
Esta es la historia de Belén, de Julián, de sus tres hijos y de una adopción.
—¿Ustedes habían charlado de cuántos hijos querían tener? ¿Qué familia querían armar?
María Belén —Conversábamos sí, y pensábamos con tres hijos. Era nuestro proyecto, nuestra idea, nuestras ganas, nuestras intenciones.
Julián —Yo creo que sí sabíamos que no era uno solo, quizás dos, tres. Ella venía de una familia de tres, yo de cinco, estaba acostumbrado. Si somos cuatro o cinco, no sé. Se hablaba bastante. Pero más por comparar nuestras historias personales. Creo que tres era un buen número.
—¿Por qué te acercaste al hogar convivencial?
MB —Yo hasta ese momento estaba trabajando, sigo trabajando incluso, en una salita, en un centro de atención primaria, en la ciudad donde vivimos. Donde hay muchas cuestiones, no solo pediátrica y acompañamiento desde lo que es adentro del consultorio sino muchas cuestiones sociales, estar dentro del barrio donde vive la gente, ver las necesidades que tienen más allá de lo que es cuidado de salud. Y en realidad son esos trabajos que uno no estaba buscando y que me lo ofrecieron, me llamaron. A veces, incluso con la maternidad cuesta, pero me pareció algo lindo, algo diferente y dije “¿por qué no?”. Y así fue como empecé y me acerqué. Fue algo raro y nuevo, vi la posibilidad de ir aprendiendo e ir conociendo cómo es el espacio. Estaba acostumbrada a que los pacientes me los lleven sus familias al consultorio y en este caso no pasaba porque al ser un hogar convivencial, yo me acerco a ellos.
—¿Chicos de qué edades hay?
MB —De 0 a 18 años. Era un desafío nuevo en el sentido de que mi rol no era solo la pediatra que los va a pesar, medir y ver si tienen fiebre o no sino llegar, un abrazo corriendo y todos dicen “a mí me duele acá, a mí me duele acá”. Porque les presté atención. Ese fue mi primer contacto con ese mundo que si bien uno no es que desconoce o no sabe qué sucede pero estar metida ahí adentro y conocer el día a día es una mirada diferente.
—Y llegar a un hogar y que un nene te abrace y te diga “me duele acá” en realidad lo que quiere es ese abrazo. ¿Cómo te vas de ahí?
MB —Me voy sabiendo que algo dejé, alguna semillita dejé, o la mirada, o el charlar, o el prestarles el estetoscopio, que se revisen entre ellos. Siento que me voy mejor de lo que entré seguramente. Por momentos sí uno queda con esta sensación me tocó nacer donde me tocó nacer y a estos chicos les tocó nacer en otro contexto, entonces hay cosas que el entorno y el ambiente son fundamentales en algunos momentos de la vida.
—¿Hay algo de esa conciencia social, de entender ese privilegio de donde uno nació que hizo que sea un plan adoptar? Ustedes podían tener hijos pero en algún momento salió la charla y decidieron adoptar.
MB —Creo que a los tres, cuatro meses que yo estaba trabajando ahí, un sábado soleado, espectacular, de primavera, me estaba yendo y había un nene que me hacía acordar mucho a Bruno, mi hijo del medio, en ese momento era mi hijo más chico. No en cuanto lo físico: la edad, las cosas que hacía, cómo me buscaba para jugar. Y ese sábado yo me iba a tener un plan con mis hijos, con mi familia, de salir, de pasear, algo lindo. Entonces ahí fue la primera vez que se me encendió la luz de decir esto puede ser una posibilidad. Ese mismo día llegué a casa y sin Margarita y Bruno adelante le dije a Julián “¿vos alguna vez pensaste en adoptar?”. Y la verdad es que me sorprendió porque me dijo “sí, un montón de veces”. Y ahí empecé la charla.
—¿Por qué un montón de veces?
J —No sé, esto de ser consciente de donde nací y no solo por las oportunidades que tuve, que igual fueron a base del esfuerzo de mis viejos, pero sí por el ejemplo de ellos, de siempre estar atento al prójimo y ayudar si se puede y aunque no nos sobre nada. En aquel momento, yo era chiquito y en mi casa éramos cinco y mi viejo laburaba en relación de dependencia y mi mamá era ama de casa pero siempre había lugar para uno más, para recibir a alguien a comer, para ayudar a una familia. Me acuerdo que, capaz que mis viejos ni se acuerdan, apadrinaban a una chica con discapacidad, ayudaban para pagar el colegio y siempre nos venía a traer el boletín. En algún momento decís “yo tengo también cierta vocación de servicio y siempre estoy atento a los demás”. Muchas veces dije esa fantasía de qué pasa si en algún momento podés adoptar a un niño con toda su carga, con todo lo que trae, y empezar a reconstruir esa historia y que sea para siempre, no es que sea por un ratito esa ayuda. Yo soy voluntario de una asociación civil sin fines de lucro hace 15 años. Pero no es lo mismo.
—¿Y qué te pasó cuando te dijo que sí?
MB —Entendíamos que era una decisión importante. Y estuvo bueno porque nos tomamos un tiempo para pensarlo. Qué implicaba para Margarita y para Bruno. Qué implicaba para el resto de la familia. Por supuesto que era una decisión nuestra, es como cuando uno elige tener otro hijo, sea biológico o sea adoptivo, uno no consulta o no le dice todo a los hijos más chiquitos. Pero sabíamos que tal vez era una decisión para pensar bastante.
—Había decisiones también que tomar dentro de la adopción en sí pensando que uno ya tenía dos hijos en casa.
J —Sí, no conocíamos muchos casos. ¿Qué pasa con esa aparición? ¿Cómo sucede eso? Y encima con chicos chicos donde por ahí no entienden del todo la situación. Teníamos la ventaja que como Bely trabaja en esta casa de abrigo, Margarita que ya era un poco más grande y muy inteligente, muy curiosa, pregunta, entiende y recuerda, nos ayudó a que ella rápidamente entienda qué es adoptar. Teníamos también un perro adoptado entonces eso fue como una analogía que le ayudó a ella.
—Ustedes se anotaron, hicieron los trámites como cualquier persona y pasaron el proceso como cualquier persona. No es que alguien que trabaja en un hogar convivencial decide adoptar y se lleva un niño a su casa. Cuando deciden avanza, ¿qué fue lo primero?
MB —Primero había que llenar un formulario para empezar.
—Eso lo hicieron antes de hablar con los chicos.
MB —Sí.
—Pero antes tomaron decisiones.
J —Igual no fue tan automático porque cuando lo empezamos a charlar pasaron meses hasta que dijimos, sí, hagámoslo. Veníamos conversando el hecho de tener tres tenemos para empezar a ver si es ahora, cuándo. Ahí es como que surge esta opción de adoptar. Creo que eso fue en noviembre y hasta abril o marzo del año siguiente no nos inscribimos.
—Cuando hay que completar ese formulario hay que tomar ciertas decisiones que se charlan mucho y se piensan mucho, sobre todo cuando uno ya tiene dos hijos. ¿Con qué se encontraron ahí?
MB —Sí, por un lado lo que se llama disponibilidad adoptiva que es el rango de edad para el que uno se postula. En nuestro caso sí me parece que estuvo bien tomada la decisión en pensar que como teníamos hijos más grandes, para ese momento tenían cuatro y dos años los chicos, pensamos que para quien nos anotábamos era que no sea más grande que esas edades, que llegue a casa en el orden que le tocaba llegar.
—En ese momento menor de dos años.
MB —Nosotros pusimos de cero a tres años. Porque también pensamos que con los tiempos, dijimos de acá a noviembre estamos tranquilos que no va a suceder.
J —Se completó ese formulario que aparte de la disponibilidad adoptiva obviamente piden un montón de información de nosotros, de la composición familiar. Hay que hacer ciertos trámites, estudios médicos, certificados de…
MB —Domicilio, antecedentes penales. Lleva un tiempo recolectar todo eso.
J —Eso fue abril. Creo que al mes, en mayo, tuvimos ya una primera entrevista con una trabajadora social y una psicóloga que eran del Juzgado.
—Ahí ya te habían llamado de un Juzgado.
J —Te hacen una entrevista para conocerte. Nosotros estábamos con un proceso de alta. Uno se postula y hasta que sos parte de una base de datos. Nosotros nos presentamos en el Juzgado número 2 de Familia de Mercedes. Nos entrevistan de este Juzgado para conocernos, las motivaciones que nos llevaron a inscribirnos y demás. Ya ahí cuando les contamos que teníamos dos hijos biológicos chiquitos. Dijeron “ya saben lo que implica ser padres, van a tener un par de entrevistas más el mes que viene, el otro, hasta que el juez decida darles el alta definitiva”.
—Una vez que se da el alta definitiva esa carpeta se comparte con el resto de los juzgados del país, ¿es así?
MB —Claro, el registro es nacional. Sí una cosa que uno pone en el formulario inicial es los kilómetros a los que está dispuesto a moverse. Porque por supuesto cuando uno empieza una vinculación también es el tener que trasladarse hacia donde está el niño o la niña y, en nuestro caso teniendo en cuenta que también estaban Margarita y Bruno era algo que teníamos presente.
—¿Uno ahí pone también si está dispuesto a adoptar hermanos?
MB —Sí. Y también lo que son enfermedades crónicas.
J —Y discapacidad. Vos también podés seleccionar eso.
—¿Qué pensaban en ese momento que iba a pasar? ¿Cual era la fantasía?
MB —La verdad es que uno en la dinámica de todos los días con dos chicos chiquitos y los dos trabajamos un montón no estábamos tampoco todo el tiempo pensando los tiempos, si bien es algo que uno comienza con el deseo y con el entusiasmo, sabemos que son procesos que se van dando, pero no es que había ansiedad en cómo se iban a dar las cosas.
—¿No tenían la idea por este mito tan instalado de que los tiempos iban a ser eternos?
MB —Que podían ser largos sí. Después, una vez que nos dieron el alta definitiva, que fue en julio, Julián me decía igual tranquila, yo estaba re contenta que nos habían dado el alta porque fue un proceso que llegó a esa parte, ¿no es cierto?
—¿Tres meses y medio después ya estaban dados de alta?
J —Del primer formulario en línea hasta que nos dijeron “los pueden llamar en cualquier momento” pasaron tres meses y medio.
—Y vos le decías a ella tranquila que esto ahora puede tardar.
J —De acá a tres cuatro años. Bely creo que se quedó con esa idea de que nos van a llamar rápido y yo estaba seguro que tres años más no nos iban a llamar.
MB —Yo volviendo a casa ya tenía en la cabeza “si nos llaman quién tiene la practicuna, quién tiene esto”. “¿Qué pasa si nos llaman ya mañana, pasado?”. No estando segura que iba a suceder pero bueno, sabiendo que podía pasar que llamen antes.
—¿Cuándo llamaron?
MB —En realidad nos escribieron un mensaje a fin de septiembre. Nosotros justo nos habíamos ido de viaje. Uno se desenchufa y es como que estábamos con la cabeza en otra cosa. Y al día siguiente que llegamos a las vacaciones nos mandaron un mensaje y al día siguiente nos mandaron otro. Dos casos distintos en realidad.
—Vos llegás a tus vacaciones y te llega un primer mensaje en el que te dicen qué.
MB —Se presentan: “Soy Juliana del Juzgado tal. Nos interesa hablar con ustedes, tener una entrevista con ustedes por un niño de 15 meses”.
—Pero estabas de viaje.
J —Obviamente que le explicás la situación de que si es urgente tendrá que ser por videollamada porque no estábamos en casa. Y obviamente nos dijeron que sí. De hecho es bastante frecuente tener entrevistas con el Juzgado por videollamada o reuniones y demás. “Sí pero dame unos días porque nosotros justo íbamos a ver familiares. Así nos cuidan a los familiares a los otros dos”.
—Claro, tenías que dejar con alguien a los chiquitos.
J —Sí, porque es una primera entrevista incluso me imagino que te iban a contar cosas más sensibles, no sé si daba para que estemos todos. Así que sí, nos esperaron.
—¿Los chicos ya sabían que ustedes estaban anotados?
MB —Sí, eso la verdad es que fue algo interesante que surgió la duda de cuándo contarles, cómo. Como eran chicos también decíamos “les contamos y ellos van a creer que era ya”. La psicóloga y la trabajadora social nos dijeron algo que a mí me gustó mucho: “cuéntenselo que lo tienen como proyecto de familia”. Entonces era incluirlos porque la verdad que si no era un tema que nosotros hablábamos sin que ellos estén presentes. Si venía un familiar, un amigo lo charlábamos. Pero que es nuestro proyecto de familia. Entonces ahí no pusimos tiempo sino que era nuestro deseo. A mí por lo menos me liberó el poder sentirlos incluidos en este proyecto.
—¿Y ellos qué decían?
J —Lo naturalizaron enseguida. Margarita lo súper entendió y Bruno por ahí hablaba media lengua, pero se lo contamos igual. Y la verdad que a mí me sorprendió que no exista esa ansiedad de preguntarnos todos los días cuándo vienen. Creo que en esa explicación también les dijimos no sabemos cuándo va a ser.
—Ninguno dijo no quiero más hermanitos.
J —No, al contrario.
MB —Una anécdota graciosa es que en esas instancias donde uno por ahí lo hablaba un poquito más porque ya estábamos en los procesos de la entrevista, Margarita hablando dice “ah, ya entiendo, ustedes van a adoptar un niño pero sin desadoptarnos a nosotros”. Entonces fue lindo porque también que ellos puedan poner en palabras lo que iban viviendo, escuchando y transitando.
—Te la morfaste a besos.
MB —Sí (risas).
—Vuelvo a ese viaje. Los llaman del Juzgado. Un niño. ¿Sabíamos que era un niño?
MB —Sí, un niño. Un año y tres meses.
—¿Al día siguiente qué pasó?
MB —Un nuevo mensaje. En este caso de una niña más chiquita, de ocho meses. Y también la misma situación así que agendamos para el mismo día tuvimos las dos entrevistas.
—¿Qué pensaban ustedes?
MB —Uf. Primero sorprendidos para bien por este llamado pronto. Fue raro el decir “nos están convocando de dos opciones diferentes”. Nosotros no queríamos ser quienes tengamos que elegir entre dos opciones. Después, confiamos y dijimos que vaya fluyendo, fuimos sinceros con los dos Juzgados con quienes tuvimos entrevistas. Se dio una más rápido y así fue.
—Ustedes dejaron que el proceso defina. ¿Cómo siguió, cómo les avisan?
MB —Durante ese viaje que seguíamos, parecía que era eterno pero todavía no volvíamos para Argentina, nos llaman y nos dicen que querían tener otra entrevista con nosotros, que estaban entre dos familias. Entonces ahí tuvimos una nueva entrevista. Ahí ya estábamos nosotros dos con Margarita y con Bruno. Fue durante la entrevista que nosotros creíamos que estaban entre una familia y nosotros, cuando nos dijeron que éramos los papás de este niño.
J —Nosotros pensamos también que cuando volvamos quizá nos llamen, que iba a ser presencial. No, fue otra videollamada y nos lo dijeron al principio de la entrevista, “la jueza quiere que sean ustedes”. Y ahí empezamos también a hacer preguntas nosotros porque hasta ahí más que la edad y alguna cuestión no sabíamos.
—¿Les dieron una foto?
MB —No. Hasta el día que lo conocimos en el Juzgado no nos dieron nada.
J —No, no nos dieron foto ni pedimos. No sabíamos cómo era en realidad. Si se podía pedir, preguntar. Dijimos “bueno, será”.
—Julián, ¿vos sentís que la adopción era más para ustedes que querían tener un tercer hijo o tenía que ver con darle una familia a un niño?
J —Yo creo que en mi caso primero era darle la familia a un niño. Después cuando ya éramos familia me pareció que era para nosotros también, sobre todo. Y después entendí al final que era sobre todo para Margarita y Bruno también. Justamente la única duda que tenía yo al momento que decidimos y por eso dilató cuatro meses la decisión final era cómo le va a impactar a Margarita y Bruno. ¿Les va a interferir en algo? ¿Generaremos algún trauma? Miedos tontos que uno tiene. Y por eso en esos cuatro meses me ocupé de hablar con mi papá, con mi mamá, contarles el plan. Con mis hermanos, con amigos. Hasta que tomé yo mi decisión y se la compartí, obviamente ella ya la tenía adentro, al otro día fue lo del formulario. Y finalmente todas esas dudas o miedos respecto a Margarita y Bruno se resolvieron después: fue lo mejor que les pudimos dar a ellos.
—Belén, ¿tenía más que ver con ser mamá o que un niño tenga una mamá?
MB —Las dos cosas. Creo que las dos cosas porque van de la mano. Pero sí me parece que es súper importante la mirada de poder entender que la adopción es devolverle a un niño los derechos y un lugar sano y saludable para crecer, derecho a una familia, crecer en una familia rodeado de amor me parece que es fundamental. Y que siempre tiene que ser lo que prime en todo el proceso.
—Terminaron la llamada y qué hicieron, ¿saltaron, se abrazaron?
J —Les contamos a los chicos, ¿no?
MB —Sí, primero quedamos paralizados porque sinceramente no esperábamos que en esa que supuestamente estaban entre dos familias ya nos confirmen que éramos los papás de Lion, ¿no es cierto?
J —Es más, no sé si los chicos aparecieron en la entrevista. Porque ellos estaban en la habitación mirando los dibujitos que era la forma de entretenerlos ese rato que teníamos y obviamente no se quedaron, vieron que estábamos en una videollamada y se acercaron. Así que ahí un poco se conocieron. Y después los llamamos para contarles.
—Llegan a Argentina.
MB —Llegamos a Argentina, ahí supuestamente se iban a contactar con nosotros a los diez días para conocernos en persona en el Juzgado con Margarita y Bruno también. Justo fue una seguidilla de vacaciones de parte del equipo el Juzgado. Primero uno, después otro, después la jueza. Y para nosotros ahí fue como una eternidad porque pasaron tres semanas más o menos. Nosotros esperábamos llegar y ya: ahí sí por un poquito más de ansiedad.
—Quiero conocer a mi hijo.
MB —Sí.
J —Incluso porque ya Margarita y Bruno ya tenían un hermano, tenía nombre ese hermano, ya se lo nombraba porque era parte del proceso de prepararnos para el inicio de la vinculación. Y se dilataba. Ahí sí empezaron a preguntar “¿cuándo empieza esto?”. Entonces sí, había más ansiedad.
—¿La primera vez que fueron al Juzgado lo conocieron?
MB —No. Primero tuvimos una entrevista ahora sí presencial con el equipo de ahí del Juzgado con Margarita y Bruno, los juguetes y cosas. En realidad la idea era más verlos a ellos y que ellos no estén en contra de esta decisión familiar. Insisto, eran chiquitos, cuatro años y medio y dos años y medio.
—¿Cómo se conocieron?
MB —Fue el 25 de noviembre, que justo es el cumpleaños de Bruno, que cumplía tres años. Esa mañana los dejamos a los chicos en el jardín, guardería, y fuimos al Juzgado. Aahí Maca que es su familia de tránsito lo llevó al Juzgado y fue la primera vez que lo vimos. No teníamos fotos de él antes.
—¿Y qué te pasó?
MB —La verdad que fue esto que hablábamos del vínculo. Fue raro porque cuando entró a un lugar que había algo para jugar, creo que Maca fue o alguien de ahí que dijo “anda con tu mamá” y yo como dije “ah, soy yo”. Entonces fue fuerte, en ese momento fue como “¿podré, qué va a ser esto? ¿No es cierto?”. Algo lindo también que aparece cuando nace un hijo de la panza, muchas preguntas, ¿no?
J —Era ponerle rostro a nuestro hijo y ver cómo era. Sí iba a ser simpático. También hay mucho tabú respecto a que son niños que siempre va a ser difícil vincular y qué sé yo y no, cada niño es un mundo en sí mismo. Y cuando abrieron la puerta y apareció Maca con Lion a upa ahí creo que enseguida tiró los brazos. Lo agarré yo y ya ahí la sensación es qué espectacular porque ese mismo amor que sentí por Margarita ni bien la tuve en mis brazos, que probablemente venía de antes, fue lo mismo. No podía creer. De hecho estuve días preguntándomelo “¿por qué este nene que acabo de conocer y le estoy cambiando los pañales por primera vez lo amo igual que a Bruno y a Margarita?”. No tiene mucha lógica, qué sé yo.
—¿Y cómo lo conocieron ellos a su hermano?
MB —Ese primer día fue un lunes, nos conocimos en el Juzgado, y después las vinculaciones depende de la edad del niño los tiempos en que se dan. Nosotros hasta ahí no sabíamos bien cómo iba a ser pero por la edad que tenía Lion en ese momento la idea era vernos todos los días. Entonces nosotros seguíamos con nuestras obligaciones laborales, los horarios de los chicos y martes, miércoles y jueves fuimos nosotros dos a la casa de la familia de tránsito y el viernes era el plan de ir todos juntos.
—¿Y cómo fue?
MB —La verdad fue increíble porque tengo el recuerdo de los tres como sumándose. Ya habíamos empezado a llevar unos juguetes para que Lion asocie con nosotros. Veníamos conversando por supuesto con Margarita y Bruno que estaban ahí ansiosos por conocer a su hermano y por poder ir a esto que nosotros íbamos y ellos se quedaban con la tía, con el primo, que al principio era plan pero ya después al día tres era llévenos a nosotros también. Pero fue hermoso, la verdad que fue muy natural, muy genuino.
—¿Y cuando los viste a los tres juntos?
J —Con Marga y Bruno se conocieron por videollamada porque también era post pandemia que nace Bruno. Pero me imagino eso, como cuando vas al hospital a conocer al hermanito solo que era mucho más mágico, interesante el encuentro porque ya era un hermanito que caminaba, que balbuceaba, que quería jugar, que les sonreía, que les hacía gracia y todos se reían. Entonces como quemaron etapas pero para bien, digo, ya enseguida se asociaron.
—¿Y a vos verlos juntos?
J —Si, lo mismo. Ahí es cuando rebobinás y decís todos esos miedos que tenía yo o esas dudas, los chicos son de plástico, se adaptan y entienden, sin entender nada entienden todo.
—¿A ustedes les contaron algo de la historia de origen de Lion?
MB —Sí.
—¿Y sabías ya cómo funcionaba la dinámica de una familia de tránsito?
MB —No, la verdad que no.
—¿Y qué pasaba con eso, generaba alguna duda, algún temor?
MB —En nuestro caso fue algo positivo. Cuando nosotros estábamos por empezar el proceso también, yo tuve una noticia de que un familiar muy cercano le diagnosticaron una enfermedad grave importante entonces yo dije “esto también me va a abocar a mí con esto”. Sentía como el desafío de decir “¿podré con esto también?”. Y ahí vimos la nota tuya con Maca y Charly, no nos dijo el Juzgado, pero viste cuando contás vamos a iniciar una vinculación en esta ciudad con una familia de tránsito, conectaron y nos dijeron creemos que son ellos y vimos la nota.
—A veces puede dar miedo que un niño haya estado antes con otros, que haya pensado que eran sus hermanos, sus padres, sus abuelos. ¿Cedieron fácil esos miedos o no los tuvieron?
MB —No los tuvimos. Conversamos un montón. Lionf ue su séptimo niño de tránsito, entonces yo por lo menos me sentí súper acompañada. Para mí ayudó un montón la experiencia, la tranquilidad de ellos. Y también aprovechar ese tiempo a conocer a tu hijo, porque en realidad quienes más conocían a tu hijo, eran ellos. Cómo le gusta dormirse, cómo le gusta tomar la mamadera, a qué le gusta jugar.
J —Sí, mi único miedo era si Lion iba a poder soportar el sufrimiento que iba a tener de dejar esa familia que lo acogió un año y medio prácticamente. Era mucho tiempo. Él es parte de esa familia. Ese era mi único miedo. No tenía dudas de que Lion nos iba a amar a nosotros y a sus hermanos, y que le iba a gustar nuestra casa, y que le iba a gustar cómo vivimos en familia. Pero mi duda era si iba a poder entender el por qué se iba de esa familia donde estuvo casi un año y medio.
—Uno no quiere que sus hijos sufran nunca. ¿Qué hacías, le explicabas?
J —Creo que ahí el primer trabajo grande y de meses lo hicieron Maca, Charlie, Toti y Cape que siempre con todos los niños les dicen “ya va a venir tu familia para siempre”. Le cuentan, le explican que ellos son una familia temporal. Que lo aman igual que cualquier otro. Todo ese trabajo previo por más que sea chiquito van entendiendo, van comprendiendo. Y después, íbamos a dar todo nosotros para que él no sufra y Maca y Charlie y toda la familia lo mismo. Hubo una gran ventaja: primero la experiencia de ellos. Desde el primer minuto te das cuenta la práctica que tienen, la experiencia. Y desde el primer día que llegamos a su casa, nos convidaron a un mate, charlamos tres palabras y nos dimos cuenta de que había mucha compatibilidad. Ellos en particular tienen las edades de mis hermanos entonces ahí hay una cuestión generacional también.
—¿Hoy lo ves y qué decís?
MB —Feliz de verlo. Creo que cada paso o cada momento, uno como que se para afuera de lo que es el caos de la familia con tres niños chiquitos, mirar para atrás, ver el camino recorrido y sentirnos afortunados y agradecidos por todo lo que nos tocó vivir a partir de esa decisión que tomamos. Sentimos que también el camino fue dándose de una forma hermosa.
—¿Los mayores en algún momento te dijeron bueno ya está, que se vuelva o que se vaya o no, como cualquier hermano mayor?
MB —En algún momento nosotros íbamos a lo de Maca y Charly, pasábamos el día con Lion y nos volvíamos a casa siendo cuatro nuevamente. Fue un tiempo en donde hacíamos la vinculación. Y sí ya cuando estaba Lion con nosotros hacía un tiempo fuimos a almorzar, a pasar el día a la casa de ellos, nos subimos al auto y Bruno dice “¿por qué Lion viene con nosotros? ¿Por qué no se queda acá?”. Y también en el proceso en algún momento también me acuerdo una vez lo acompañé al baño y me dice “no, que vaya la mamá de Lion”. Yo le digo “¿quién es la mamá de Lion ?”. “Maca”. Le digo “no hijo, la mamá de Lion soy yo”.
—¿Lion se los ganó a sus hermanos también?
J —Sí, recontra. A los dos. Ahora los vemos recontra contentos a los dos. Por ahí Bruno por ser el más chiquito y por ser más chiquito también, a Margarita le costó un poco más o era más de disputa de juegos que se tenían que compartir. Hoy de hecho salí del baño y estaban Bruno y Lion en la cama abrazados con un cuento. No habían prendido la tele. “No prendimos la tele”, me dice Bruno, y estaban abrazados y se jugaban.
—¿Hoy que los ven y son tres, entienden que Lion podría haber tenido otro recorrido en la vida y no tener esta fortuna?
MB —Sí, pero también me gusta ver la fortuna de que esté en nuestra familia. De todos conocerlo. De aprender con él. Entonces me parece que sí, uno lo piensa, y de hecho hace poquito le hicimos una intervención quirúrgica que necesitaba. Tal vez esto en otro contexto, en otra situación, no se hubiese dado, tal vez en otros tiempos. Pero creo que ganamos todos.
J —Yo no lo pienso tanto. Lo he pensado alguna que otra vez que me vino como en estas situaciones de decir qué privilegio. No sabía que vos habías pensado eso de la operación del otro día.
—El qué sería de, ¿no?
J —Sí. Pero si pensé justamente cuando volvía, capaz que nunca lo hubiesen operado. Quizás no se hubiesen preguntado si respiraba bien porque no hubiese ido a un médico. Y al médico que fue no le iba a mandar a hacer estudios probablemente porque por ahí estaba en un barrio que atienden mil chicos en un día. No lo iban a hacer. En un par de oportunidades he pensado más en su mamá biológica, me encantaría que sepa que Lion está bien y que lo estamos amando. No la conocemos, no sabemos muy bien su historia, pero si he pensado en ella.
—Entender que por algún motivo no pudo.
J —Sin dudas. Y sin juzgar. Al contrario, me encantaría que un día sepa que Lion está súper bien.
—Qué lindo eso. ¿Te pasa también?
MB —El año pasado fue el primer cumpleaños de él que estuvo con nosotros. Cuando se acerca el cumpleaños de nuestros hijos pasa que uno se acuerda de la panza, qué estaba haciendo. Y bueno me pasó esto de pensar si su mamá biológica estaría pensando en que era la fecha que él nació. También la tuve presente.
—¿Hay algo que no hayamos hablado que les parezca importante transmitir?
J —Para mí eso de que realmente no fue un plan A en nuestro caso la adopción, o esta familia mixta entre hijos biológicos y adoptivos, desde el inicio. Pero en cuanto llegó la idea sí lo pensamos y ahora te das cuenta “che, es un re plan A”. Porque incluso para los hijos biológicos o los primeros les estás dando algo que de otra manera es difícil de explicar porque el mismo amor que sentimos nosotros desde el primer día creo que ellos lo sintieron. Porque lo ves en las acciones. Hay fotos y videos del primer día cuando se conocen que decís, se van de la mano, juegan, lo abrazan, lo besan, le hacen upa, se pelean para ver quién lo tiene, con quien va a dormir. Margarita estaba angustiada porque como era varón iba a dormir con Bruno entonces ella quería que duerma con ella. Verlo como espectador en primera fila es espectacular. Y ahí es donde decís “che, esto tiene que ser más conocido como un plan A”. Nosotros lo descubrimos. No lo sabíamos desde el primer día.
Últimas Noticias
Ailin Tokman: “Me costó entender que no había sido mi culpa, fui muy manipulada”
Una de las cocineras más populares de las redes sociales se anima a hablar públicamente del abuso sexual que sufrió a los 15 años. Por qué sentía vergüenza y por qué le daba miedo contarlo. Los años que no pudo hablarlo con su familia. Cuáles fueron las consecuencias físicas y psicológicas, las migrañas y la inseguridad. El secreto de sus videos que atrapan y el éxito que construyó junto a su novio. ¿Cómo es una papa hegemónica?
Diego Santilli: “Para que la Argentina no vuelva atrás, Milei tiene que reelegir”
En diálogo con Infobae, el jefe de Gabinete defendió la eliminación de las PASO y habló de las listas colectoras. Criticó a Kicillof y se refirió a Macri, las universidades, el aumento de la morosidad y su declaración jurada. “La batalla cultural sigue”, advirtió

Jorgelina Aruzzi: “Si tengo la suerte de envejecer, quiero hacerlo tranquila y no juzgándome”
Con una serie para Netflix recién terminada, una gira teatral y una nueva comedia producida por Adrián Suar en camino, la actriz habló con Infobae sobre el amor después de los 50, su mirada sobre el feminismo, los vínculos que ya no está dispuesta a sostener y cómo aprendió a vivir el paso del tiempo con más libertad y menos exigencias

“Lo intentamos todo”: Fio Giménez contó por qué se separó de Cachete Sierra estando enamorada y qué le enseñó la terapia
En Ellas, la bailarina habló sobre el desafío de poner fin a una relación desde el amor, reflexionó sobre las heridas que descubrió al profundizar en su historia personal y explicó cómo eligió priorizar su bienestar, la calma y el crecimiento personal para no repetir viejos patrones en sus vínculos

Amor, culpa y dinero: Yeyo De Gregorio habló de la infidelidad que lamenta, su vida en un hotel y su presente lejos de la actuación
En Casino Deluxe, el actor habló del vínculo que transformó su manera de entender las relaciones, explicó la inesperada decisión que tomó al dejar la casa de sus padres y recordó una desopilante anécdota de su infancia durante una grabación de Floricienta

