Saula Benavente revivió su historia de amor con Luis Brandoni y los prejuicios por la diferencia de edad

Infobae Studio presenta el cuarto episodio de Proyecto 86, conducido por Fernando Marín. En un mano a mano conmovedor a dos meses de la muerte de Luis Brandoni, su última pareja, la guionista, productora y directora, Saula Benavente rompe el silencio: el amor sin importar los 33 años de diferencia, los prejuicios que tuvo que vencer, el pacto de fidelidad con Solita Silveyra en las tablas y la imperdible anécdota de por qué el actor le plantó un almuerzo al mismísimo Robert De Niro

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La charla en Infobae de la mujer que acompañó a Luis Brandoni en los últimos 13 años de su vida.

Hay pérdidas que tardan en asimilarse porque la persona que se fue era, en sí misma, más grande que la vida. Apenas dos meses después del fallecimiento de Luis “Beto” Brandoni, el nuevo episodio de Proyecto 86 —el ciclo audiovisual de Infobae conducido por Fernando Marín que se estrena cada lunes en YouTube— recibe a Saula Benavente. Hija del célebre escenógrafo Saulo Benavente, directora, escritora y productora, Saula comparte un retrato de intimidad absoluta sobre el hombre con el que convivió y co-creó durante los últimos catorce años de su vida.

Lejos de los flashes de la leyenda del cine y del peleador político, Benavente describe a un Brandoni de entrecasa, entrañable y ajeno a las dimensiones de su propia popularidad; un hombre que se sorprendía al verse en un mural y que insistía en dejar su teléfono fijo al alcance de cualquiera. Con absoluta honestidad intelectual, Saula confiesa los prejuicios que debió derribar por la diferencia de edad en los comienzos de la relación, repasa el conmovedor apoyo de Solita Silveyra en el último tramo de la carrera del actor y revela anécdotas imperdibles que involucran a figuras internacionales como Robert De Niro y Marcelo Mastroianni, transformando el encuentro en un documento biográfico invaluable y en un homenaje sincero y visceral.

Fernando Marín: Frente a mí hay una mujer supermona que, nada más ni nada menos, acompañó durante los últimos trece o catorce años a un hombre que va camino a ser leyenda, que fue Luis “Beto” Brandoni. Saula Benavente... un apellido que sin duda es rimbombante, porque todo el mundo cree que su abuelo fue Jacinto Benavente, el que ganó el Premio Nobel en 1922. Eso es una mentira. Sin embargo, esto proviene de que su padre, Saulo Benavente —el mejor escenógrafo argentino de todos los tiempos—, era un fantasioso. ¿Es así?

Saula Benavente: Exacto, Fernando. Sí, mi papá fantaseaba mucho, inventaba historias y llegó a decir eso. Pero la verdad es que Jacinto Benavente probablemente podría ser algún familiar de un árbol genealógico que habría que coser con muchas ganas, pero no era mi abuelo. He tenido otros abuelos que no dejan de ser interesantes: el papá de mi papá era un escritor de sainetes, muy amigo de Cátulo Castillo y de todo ese grupo de Boedo. Y más adelante en el árbol tengo familiares cirqueros, devlos circos de carromato.

"Con Beto fueron muchos años y yo hoy digo que hubo muchos formatos, distintos momentos y períodos. Nos llevamos muy bien", afirma Saula Benavente
"Con Beto fueron muchos años y yo hoy digo que hubo muchos formatos, distintos momentos y períodos. Nos llevamos muy bien", afirma Saula Benavente

FM: Esta mujer que tengo enfrente es escritora, productora y guionista. Pero vamos a hablar un poco de esos catorce años al lado de Beto Brandoni. ¿Cómo te llevabas con él? ¿Te llevaba treinta y seis años?

SB: Treinta y tres, no le pongamos más (risas). Con Beto fueron muchos años y yo hoy digo que hubo muchos formatos, distintos momentos y períodos. Nos llevamos muy bien. A mí, por sobre todas las cosas, más allá de la admiración y todo, Beto me divertía mucho. Eso es lo que tenía. Y esa cosa gruñona que tenía, para mí era fabulosa; otros por ahí la sufrían, yo no.

FM: Era gruñón. Me acuerdo de la última cena que tuvimos los cuatro juntos en una parrilla de la Recova, después de la obra que estaba haciendo con Solita Silveyra, ¿Quién es quién?. Nos sentamos los cuatro y él levanta la cabeza, mira la pared y dice: “Uy, en el mural estoy yo”. Era una pintura inmensa. No lo podía creer, se sorprendió tanto que se sacó una foto él mismo. Llevaba como ese pedazo de niño, siendo a la vez un actor brutal. Eso era Beto.

SB: Pero mirá, eso de la foto para mí responde a que había un lugar donde él no es que lo negara, sino que directamente no era consciente de su popularidad o de lo que eso significaba. Una semana antes de su internación estuvimos en Punta Cana, con escala en el aeropuerto de Lima. La gente lo paraba para pedirle fotos, y Beto me decía por lo bajo: “Preguntales de dónde me conocen”. Hay otro ejemplo por el que yo siempre me enojaba un poco con él: el teléfono fijo de la casa lo tenía todo el mundo. Era normal que lo llamaran periodistas a cualquier hora, por ahí estábamos durmiendo, y atendía. El celular también lo tenía todo el mundo.

Proyecto 86 - SAULA BENAVENTE
"Una semana antes de su internación estuvimos en Punta Cana, con escala en el aeropuerto de Lima. La gente lo paraba para pedirle fotos", recuerda Benavente (Gaston Taylor)

FM: ¿Lo extrañás?

SB: Muchísimo. Sí, sí. Es en la cotidianidad. Es en el “uy, tengo que llamarlo a Beto”... A Beto le encantaban los picantes, entonces yo en todos los viajes que hacía me iba a un súper a ver qué picantes nuevos había para traerle. El hecho de no comprar ahora algo picante para él es doloroso. Yo había armado mi vida de acuerdo a sus horarios de teatro, eso es lo loco. Me está costando desarmar esas costumbres.

FM: Yo me di cuenta en algunas salidas al teatro que Solita Silveyra era como un bastón muy importante para él en el escenario, ¿es así?

SB: Solita fue lo mejor que le pasó en el último tiempo. Fue la compañera ideal porque Beto estaba un poquito débil últimamente y tenés que tener una compañera con esa generosidad. Me acuerdo un día que me llama y me dice: “Che, no lo vi bien a Beto ayer”, pero inmediatamente me aclaró: “Yo te voy a decir una cosa, Saula: yo con Beto voy hasta el final; la obra se va a hacer mientras Beto quiera hacerla”. Para mí eso es un acto de amor y de fidelidad tremendo, que habla muy bien de Solita, pero también de lo que generaba Beto.

FM: Tenés 53 años, ¿tenés cerrado el corazón para el amor?

SB: No, nunca. Creo que el corazón ni se cierra ni se abre; uno va por la vida y los amores aparecen. De hecho, Beto apareció en mi vida de una manera absurda, en una fiesta a la que yo no quería ir. Fui a acompañar a mi mamá y a Solita al cumpleaños de 80 de Claudio Segovia. Por un problema de ubicación me ocuparon la silla y terminé en otra mesa, sentada al lado de Beto. Ahí apareció. Mis amigos ahora me cargan y me dicen que después de Beto me toca un jovencito (risas). Yo nunca me había fijado en hombres mayores, no era mi estilo. Venía más del palo del rock —el padre de mi hijo era el percusionista de los Fabulosos Cadillacs— y del cine independiente. Beto era algo muy distinto. Pero lo que me pasó en esos primeros tiempos fue enfrentarme al prejuicio que yo misma tenía y no sabía que existía.

Proyecto 86 - SAULA BENAVENTE
" Yo, que siempre me sentí una canchera y una moderna, de repente me descubrí llena de prejuicios. A mí me daba vergüenza que me tomara de la mano en la calle por el qué dirán”, cuenta Saula (Gaston Taylor)

FM: ¿Por los años de diferencia?

SB: Claro. Yo, que siempre me sentí una canchera y una moderna, de repente me descubrí llena de prejuicios. A mí me daba vergüenza que me tomara de la mano en la calle por el “qué dirán”. Pensaba: “Van a decir que esta está con un señor mayor”. Nunca creí que me iba a importar, y me pasaba. Después me di cuenta de que yo no era una conejita de Playboy con un millonario; yo ya tenía 40 años, una vida bien encaminada y no necesitaba económicamente de un hombre. ¿Qué era ese prejuicio? Cosas de la vida. Pero una cosa que me enamoró de Beto es que fue la primera vez en mi vida que me involucré en una relación donde sentí que me abrazaban. No sé cómo explicarlo... era como un “uy, guau, ¿me puedo apoyar acá?”. Alguien que ya tenía la vida hecha y que te daba esa seguridad era maravilloso.

FM: ¿Lo celabas?

SB: Era pícaro, muy pícaro. Yo siempre le decía en broma: “Mirá, si me vas a dejar por alguien, me dejás por la Borges; que sea por una reina”. La quiero mucho a Graciela. Trabajaron juntos, se quisieron muchísimo, se coqueteaban y creo que hubieran sido una gran pareja en otra época.

FM: Si tocaras un botón verde en un panel y se reflejara en la pantalla el sueño de tu vida, una meta realista, ¿qué te gustaría que apareciera?

SB: Yo sueño con un futuro o con una tercera edad llena de animales. Eso es lo que sueño. No tengo más ambición que esa: me encantaría tener un burro, Fernando. Muero por tener un burro y unos pavos reales. Con Beto fantaseábamos mucho con eso. Cuando fuimos a tu casa de campo, al volver pasamos mucho tiempo hablando de eso: “Tenemos que tener algo así pero más chico”. Yo siempre le decía: “Beto, tengamos un burro”. Quedó como un juego. Éramos muy amigos de Marisa Strassera, la viuda del fiscal, que tenía un rancho en Cruz del Eje, y siempre le decíamos que se lo íbamos a comprar.

Proyecto 86 - SAULA BENAVENTE
Fernando Marín recibió a Saula Benavente, última pareja de Luis Brandoni, en Proyecto 86 de Infobae (Gaston Taylor)

FM: Nosotros hace muchos años que vivimos en el campo, soy un amante de los caballos, las gallinas, los faisanes... y tuvimos una burra, Chita. Se acercaba a la galería y hasta asomaba la cabeza adentro del living, era divina. Así que ya sé qué regalarte cuando cumplas los 60: te voy a regalar una burra.

SB: ¡Me vuelvo loca! Nosotros con Beto nos conformábamos con perros porque teníamos dos casas y como dos vidas distintas. En la de él nos levantábamos, nos vestíamos, desayunábamos y leíamos el diario. En la mía salíamos al jardín a darle de comer a las tortugas, a los gatos y adoptamos dos perros: primero una galga, Emma, y hace poco a Sarmiento, un perrito callejero hermoso. Nos conformábamos con eso porque era una fantasía; yo no lo veía a Beto lejos de los escenarios, era imposible llevármelo a vivir a un rancho. Pero es un proyecto que a mí me gustaría hacer en el futuro con quien me quiera acompañar. Con Beto hicimos muchísimo de lo que queríamos hacer, y otras cosas quedaron pendientes, como siempre pasa en la vida.

FM: ¿Sos agnóstica o creyente?

SB: No soy creyente. Soy absolutamente pesimista en relación a la humanidad. Beto no era así, él era mucho más optimista que yo.

FM: ¿Creés que terminamos en polvo?

SB: Sí, creo que sí.

Proyecto 86 - SAULA BENAVENTE
FErnando Marín encabeza el ciclo de entrevistas Proyecto 86 en Infobae (Gaston Taylor)

FM: Te lo pregunto por las dudas, como somos amigos... Yo ya pedí que cuando a mí me toque, quiero un entierro tradicional: que hagan misa, que lloren, que pongan flores, y a la semana que se junten, hagan un asado, un partido de fútbol y se rían recordándome. Nada de cremación. ¿Vos cómo lo recordás a Beto hoy?

SB: Es muy reciente todavía, pasaron apenas dos meses de su muerte. Todavía no estaba preparada para que se fuera, por más que uno nunca lo está. Pero lo vivo con una gran tranquilidad porque el último año y medio con él fue espectacular en el sentido del acompañamiento y de entenderse. Uno va cambiando con los años y empieza a tener otras necesidades, y creo que nos pudimos acompañar muy bien. Tuvimos el proyecto juntos de la película, que fue lo que más nos unió en estos trece años porque lo pudimos ir concretando. Hay un lugar en mí de satisfacción, de saber que no pude haber hecho más por él.

FM: Para ir cerrando, decime dos cosas: contame la historia con Robert De Niro y por qué tenés en tu mano ese anillo de hombre que gesticulás tanto.

SB: Este anillo es uno de los pocos que no pierdo y que no me saco nunca. Lo usó Marcelo Mastroianni en la película De eso no se habla, de María Luisa Bemberg, donde mi mamá hizo el vestuario. Lo rescaté de la casa de mi mamá donde estaba guardado y a veces me mando la parte diciendo que lo usó él. Y mirá cómo se linkea: una vez vino Robert De Niro a la Argentina y comimos en lo de Beto. Se armó una discusión hermosa entre Lito Cruz, Beto y De Niro sobre quién había sido el mejor actor de todos los tiempos. Lito decía que Marlon Brando, y De Niro decía que no, que él había tenido una mala experiencia trabajando con Brando y que el mejor de la historia era Mastroianni, porque podía hacer comedia y drama perfecto, y Brando no podía hacer comedia.

Y la otra anécdota que lo pinta a Beto de cuerpo entero es de cuando De Niro vino a filmar la serie acá. Llegó un domingo a la mañana y los directores, Gastón Duprat y Mariano Cohn, lo llaman a Beto y le dicen: “Beto, llegó De Niro y te quiere ver, venite al hotel y almorzamos todos juntos”. ¿Y sabés qué les dijo Beto? “No, yo no puedo, me tengo que ir a comer a lo de Vittorio”. Vittorio era su mejor amigo de toda la vida y todos los domingos comía pasta con él. ¡Le dijo que no a Robert De Niro por ir a comer los fideos con su amigo de siempre! Esa cosa de Beto lo describe entero: era el mismo tipo accesible que daba su teléfono de línea a todo el mundo. Para él, Vittorio estaba primero que De Niro.

FM: Hemos pasado un momento hermoso con una mujer que estuvo al lado de una leyenda en sus últimos trece años. Hasta su nombre es atractivo: Saula. Hija de artistas, escritora y productora. Fue un placer enorme y la gente de Infobae lo va a disfrutar muchísimo. Gracias, querida Saula.

SB: Gracias por la invitación, Fernando.

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