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“Mis viejos guardaban lo que ganaba”: Cachete Sierra habló de su relación con el dinero, su pasado tóxico y la propuesta atrevida que recibió en pleno show

En Casino Deluxe, el actor repasó su historia personal y profesional. Se sinceró sobre el impacto de la fama en la infancia, su evolución emocional y sus vínculos en la adultez. Además, contó una llamativa anécdota vivida sobre el escenario que lo sorprendió y le provocó risa

Casino Deluxe - Cachete Sierra
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Agustin Sierra 110326
(Maximiliano Luna)

“Cuando trabajé en la obra Sex, yo era como un stripper. El personaje era objeto de deseo y había una persona que veía seguido al show. Al principio me miraba y yo me daba cuenta. Hasta que en un momento empezó a acercarse más y me decía cosas al oído. Me invitaba a su piso en las torres Le Parc“, recordó entre risas Agustín Sierra en Casino Deluxe, el ciclo de entrevistas de Infobae.

Agustín es actor, conductor y cantante. Inició su carrera durante la niñez en ficciones juveniles creadas por Cris Morena, como Chiquititas, Floricienta y Casi Ángeles, y consolidó su perfil dentro de una generación reconocida de la televisión argentina. Posteriormente, desarrolló proyectos para público adulto en teatro y televisión, participó en realities como Cantando 2020 y ShowMatch La Academia, y trabajó como conductor en programas juveniles. Conocido popularmente como Cachete, combina actuación, conducción y presencia en redes sociales.

—¿Para qué querrías el millón de dólares?

—Para ser un adulto niño. Me compraría una lancha, un cuatriciclo, un karting; viajaría para hacer todo lo que uno quiere con libertad económica, básicamente.

—¿Chiches y más chiches?

—Sí, viajes, invitar amigos, jugar a eso: a ser un niño grande.

—Me gusta. Es un poco lo que sos, ¿o no?

—Es lo que trato de ser, sí. Hay momentos en los que hay que ser más adulto o hacer cosas que no disfruto tanto. pero siempre busqué esa línea: si me divierte, lo hago, más allá de la plata. Son muy pocas las cosas que hice solo por dinero.

Agustin Sierra 110326
Agustín Sierra: "Nunca tuve acceso a la plata hasta los 18 años. Mis viejos guardaban lo que ganaba". (Maximiliano Luna)

Infancia, familia y primeros pasos en la actuación

—¿Cómo era tu relación con la actuación y con el dinero en los inicios de tu carrera?

—Todo arrancó como un juego. Nunca tuve acceso a la plata hasta los 18 años. Mis viejos guardaban lo que ganaba. Era un hijo más, nosotros somos tres y yo soy el más chico. Entonces, nunca tuve acceso a decir: “Porque trabajo, me puedo comprar tal zapatillas o tal reloj o celular”. Nos mantenían a los tres de la misma manera. Sí, a los 18 me dijeron: “Che, juntamos esta plata, es tuya, ¿qué querés hacer?” Siempre con el consejo de ellos, no es que me la patinaba en lo que yo quería, me pude comprar mi primer auto, aplicar a un departamento y después terminé de pagarlo con los años, cuando estábamos ya en Casi Ángeles. Pero todo arrancó como un juego y siempre pude ir a grabar mientras en el colegio me vaya bien, no me lleve materias y no repita. Esa era la única condición que me ponían. También llegar a horario, saber la letra, ser responsable y aprender a ser un niño adulto. Pero creo que lo que no pudieron en casa, porque yo era muy inquieto, lo pudo hacer Cris y todo su equipo hermoso de trabajo que es contenerme.

—¿Por qué?

—En el primer viaje que tuvimos que hacer, ni siquiera llegué a grabar mi primera escena. Era un viaje de apertura a San Martín de los Andes. Jugando a la mancha mientras esperábamos para grabar, me abrí la pierna. Así que, sin filmar nada, tuvieron que devolverme a casa. Los productores no lo podían creer. Hablaron con mis padres, preocupados. Mi papá les dijo: “No, tranquilo, esto es normal, era obvio que iba a pasar”. Como diciendo: “Ustedes llevaban a este demonio de Tasmania a un viaje, era lógico” (risas).

—¿Sentís que todo eso te contuvo de alguna manera, al llevarte a ocupar un lugar más adulto y a ser más responsable, mientras que con tu familia, en confianza, eras más bien inquieto?

—Yo creo que sí. Porque me imagino que uno es así en confianza. Mis viejos, de hecho, se mudaron a Pilar, en donde yo me crie de los 7 hasta los 20 y pico de años que me fui de casa, porque necesitaban verde para mí. Yo rebotaba dentro del departamento. Y cuando nos mudamos allá, surge la posibilidad de actuar por Agustina Cherri, que vivía en el mismo barrio. Yo era amigo de su hermana y de tanto ir a la casa, en ese momento Agustina era novia de Tomás, el hijo de Cris Morena, y él me vio y me dijo: “Che, ¿no querés actuar en Chiquititas?”. Y yo pensé: “¿Actuar? ¿Trabajar? Chiquititas...”.

—¿Qué pasó cuando lo contaste en tu casa?

—Mi hermana se volvió loca, en el colegio todos se entusiasmaron y ahí pensé: “Acá me estoy perdiendo algo que puede estar bueno”. Volví a casa y dije que sí quería. Al principio mis viejos dijeron que no, pero armamos tanto escándalo que aceptaron. Dijeron: “Que vaya, total, no va a quedar y lo van a devolver”. Pero quedé y no me devolvieron (risas).

—¿Sentiste que te perdiste algo de tu infancia por trabajar desde chico?

—No. Era consciente de que no estaba en los cumpleaños, no estaba después de clase con mis amigos. Pero yo la verdad que la pasaba tan bien haciendo lo que hacía, que no estaba mirando lo que dejaba de lado. Si cuando uno es más grande toma conciencia. Me cambiaba mucho de colegio y al día de hoy tengo grupos de amigos muy aleatorios. Eso sí lo sufrí un poco el cambiar de colegio. Porque con la fama, en ese momento, cada vez que entraba a un colegio nuevo era como: “¡Ah! El pibe de la tele”.

—¿Es verdad que, de adolescente, tenías muchas peleas a las piñas?

—Y es medio como las películas, ¿viste? Te hacen un poco de gastada o bullying, como lo llaman ahora, y uno tiene que en momentos quiere frenarlo de alguna manera. También estaba presente la envidia por “el pibe de la tele”. Las chicas iban atrás tuyo y los chicos que te tenían bronca. Entonces, en el momento de crecer y cambiar de colegio todo el tiempo, empecé a vivir eso como muy repetitivo. En un momento no quería ir más. Veníamos de llenar estadios, de viajes y yo a veces la pasaba muy mal en la vuelta al colegio. Pero la verdad que después todo se acomodaba. Y en ese momento, mientras que crecía, sí, algún sopapo habré repartido (risas).

Agustin Sierra 110326
"Son muy pocas las cosas que hice solo por dinero", confesó Agustín. (Maximiliano Luna)

Experiencias laborales y popularidad como galán

—¿Alguna vez te hicieron una propuesta atrevida?

—Sí. Yo trabajé en Sex, la obra de Juan José Muscari, y yo era como stripper. El personaje era objeto de deseo y había una persona que repetía y que al principio me miraba, me miraba, me miraba, venía y venía a los shows. Yo veía que me miraba. Hasta que en un momento empezó a acercarse más y me decía cosas. Me invitaba a su piso en las torres Le Parc.

—¿Era hombre o mujer?

—Hombre. Y era muy gracioso porque yo estaba en la barra acostado, mirando lo que pasaba en el escenario, actuando. Y el tipo se venía con el traguito, me decía eso al oído y se iba para atrás. Venía y me lo decía al oído y yo me empezaba a reír por dentro porque no podía creer y al mismo tiempo, como estaba en personaje, tampoco le podía cortar el chorro directamente salvo que se propase. Dentro de la incomodidad, me causaba mucha gracia (risas).

—¿Te parecía fachero?

—¿El hombre? No. Tampoco me generaba nada. Me parecía muy graciosa la forma que me empezó a mirar durante mucho tiempo en la obra en varios días diferentes y después como que se animó a hablarme y me hacía la propuesta repetida. No es que cambiaba el discurso.

Relaciones, celos y experiencias de pareja

—¿Sos celoso?

—Creo que muy poco hoy en día. Pero fui muy celoso.

—Se generó polémica por unas declaraciones de Fio (Giménez) donde te señalaba como celoso o tóxico respecto a cómo se vestía. ¿Eso fue realmente así?

—Eso se dijo cuando nos separamos; ahora volvimos. En realidad, ella se sentía incómoda con el vestuario que le pedían en ese programa, donde solían sugerir que se mostrara más. Siendo muy joven, no estaba cómoda, así que íbamos con Mati Napp a pedir que eso no.

—¿Entonces no era un tema de celos?

—No, era un tema de cuidado. Cuando nos separamos, ella decidió mostrarse más y decía: “Ahora puedo”. Pero no era porque yo la celara o no quisiera que mostrara el cuerpo; simplemente ella no quería hacerlo de esa forma.

—¿Entonces tu actitud era acompañarla?

—Sí, mi lugar era acompañar y cuidarla. Si no quería vestirse de determinada manera, la apoyaba. Es su decisión cuándo y cómo mostrarse.

—¿Y antes eras celoso?

—Fui muy celoso de chico. Arranqué por mi hermana. Me han dado varios sopapos por mi hermana. Llegaba llorando a casa y yo los iba a buscar. Y mi hermana es seis años más grande que yo, entonces, por lo general me fajaban. Me he vuelto a casa fajado por gil porque iba a buscar a un pibe de 20 y yo tenía 15, 16.

—¿Cómo afrontás hoy los celos y la confianza en pareja?

—He aprendido con el correr del tiempo que si hay muchos celos, son inseguridades de uno. Entonces, traté de trabajar eso. Hoy en día camino medio a ciegas. Si sucede la infidelidad o sucede algo que no me gusta y se termina, que se termine. Pero no ando pensando en cosas que generan fantasmas que no existen por lo general.

—¿Alguna vez tuviste una relación abierta?

—Sí la tuve o la intenté tener. Después de ese paso entendí que el amor y el deseo hay veces que van de la mano y hay veces que no. Tenés una fantasía que no tiene nada que ver conmigo o que sucede. Y entendí como a veces el sexo es por deporte, por pasión, por deseo, por lo que se te cruce por la cabeza. Y que si es cuidado, consentido con tu pareja y hablado, está bien. También entiendo la pareja monogámica y demás, con el correr del tiempo y creciendo... Si bien mis viejos son el ejemplo contrario, pareja cerrada, fallecieron felices y contentos, enamorados, el mundo en que vivimos hoy, la profesión de cada uno y la exposición, las cosas que pasan, que vos hagas eso no significa que no me ames. Y a veces, o si no me entero o me entero, está todo bien, que podamos hablarlo. Siempre que haya verdad y no mentira, para mí está todo bien.

—¿Qué tipo de relación elegís tener con Fio?

—En este momento, una relación monogámica.

—¿Por qué tomaron esa decisión? ¿Fue un acuerdo mutuo o una preferencia individual?

—Es una decisión de los dos. También tiene que ver con el lugar donde la otra persona se siente más cómoda. Si una pareja abierta, en vez de dar seguridad, genera más inseguridad o dudas sobre engaños o relaciones paralelas, preferimos no hacerlo. Son momentos. Ahora siento que no. Si el día de mañana pasa algo y hay una infidelidad, hay que hablarlo. Pero entiendo que la gente estando en pareja para toda la vida, como se dice, algo en un momento puede pasar y eso no significa que no se amen, no se quieran y demás. Pero bueno, si se rompe ese pacto, hay que hablarlo.

—¿Y en una pareja abierta no sentís la posibilidad de enamorarte de otras personas o de generar una conexión que interfiera con la que tenés con tu pareja?

—Es que en realidad, hablando de pareja abierta, siento que es al revés. Te sacás las ganas o el deseo y no pasa eso. Sentís que tu pareja es la mejor del mundo, que te permite hacer eso. No volvería a repetir. O sea, con diferentes pautas, es como que yo puedo estar con vos, así que mi pareja es un fenómeno. Con otra persona quizás no podría tener esto.

—¿Fuiste el tóxico de la relación en algún momento?

—Sí, he sido tóxico. Creciendo y estando en pareja he sido tóxico. Me di cuenta, por ejemplo, cuando revisé un celular y dije: “¿Qué estoy haciendo acá?”. Ya la relación estaba... Ese fue el punto más tóxico que dije: “Che, yo estoy muy mal acá. Estamos muy mal”. Que también fue una pareja que empezamos con esta idea de pareja abierta, después fue pareja cerrada y después hubo infidelidad y fue como: “Te permitía hacer esto, pero en otra forma”. Quisimos volver y arreglarnos y ya se había picado todo.

—¿Te sube el ego que te llamen galán?

—No, me causa gracia que me digan galán. Siempre fui el pibe buena onda, que trabaja bien, que es respetuoso. Entiendo que al entrar en Sex busqué cambiar la imagen de niño por una más adulta, mostrarme de otra manera. Galán es un término de los 90, creo que hoy ni existe. Puede ser que me digan chongo o lo que sea. Tampoco es que reniego si me ponen en el papel ese, digo, está bien. Pero como actor siempre prefiero la contrafigura o el amigo del galán, que podés desarrollar otra cosa.

Cocina, MasterChef y proyectos familiares

Después de su paso por Casi Ángeles, Agustín exploró el mundo de la cocina guiado por su entorno familiar. Su hermana, chef radicada en Nueva Zelanda, y su abuela, dedicada a los postres, marcaron su vínculo con la gastronomía.

El actor relató que durante la experiencia de MasterChef mantuvo largas conversaciones nocturnas con su hermana para recibir consejos y recetas, a pesar de la diferencia horaria. “Ella se grababa y me mandaba, porque si no me tenía que conectar de dos a cinco de la mañana, era imposible”, recordó sobre el apoyo a la distancia.

Con la cocina como nueva pasión, sueña con abrir un restaurante junto a su hermana. “Tengo el sueño de repatriar a mi hermana, que ella no quiere volver a Argentina, pero bueno, yo quiero que vuelva y poner un negocio entre los dos”, expresó. No descarta hacerlo en el sur del país o en algún destino internacional más cercano, y confía en que contar con la familia es clave. “Quiero tener ese negocio con alguien que sé que no me va a cagar y sabe lo que hace”, concluyó.

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