
La liberación de Elkana Bohbot, ciudadano colombo-israelí, tras más de dos años de secuestro en Gaza, se convirtió en el inicio de una etapa transformadora para su familia.
El reencuentro con su esposa Rebeca González y su hijo Reem en un hospital de Tel Aviv estuvo cargado de emociones y de la certeza de que la vida cotidiana no volverá a ser la misma.
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“Empieza una nueva etapa, una etapa que no va a ser fácil, pero para eso me preparé también estos dos años, física y emocionalmente, porque efectivamente estoy encontrándome con una nueva persona”, relató González en entrevista con Blu Radio.
Sin embargo, durante su intervención, la colombiana fue enfática en señalar que, tras 24 meses, la situación para ambos como pareja ha cambiado, pues su cautiverio habría generado fuertes traumas que podrían afectar su relación sentimental.

El momento del reencuentro fue descrito por González como “maravilloso” para toda la familia. Tras una espera de dos años y seis días, la imagen de Elkana de pie representó la culminación de una lucha constante.
La experiencia del secuestro en Gaza dejó huellas profundas en la dinámica de pareja. González señaló que Elkana regresó con cambios notables, tanto positivos como negativos.
Según comentó, ahora valora aspectos cotidianos que antes pasaban desapercibidos, como la comida o los objetos simples, y muestra una apreciación renovada por la vida.
Por otro lado, enfrenta heridas emocionales y una confusión marcada por la pérdida de autonomía durante el cautiverio. “Él viene sin decidir nada por dos años. Le quitaron la libertad de decisión. Inclusive, escogerle la ropa, preguntarle: ‘¿Quieres ponerte estos zapatos?’... Él estuvo descalzo por dos años. Ahora, ponerse unos zapatos para él fue como: ‘¡Guau!’”, detalló González a Blue Radio.
La readaptación implica devolverle a Elkana la capacidad de tomar decisiones y reconstruir su identidad, un proceso que, según su esposa, requerirá paciencia y apoyo constante.
Sin embargo, señaló que guarda el miedo de que su proceso de recuperación afecte su relación de pareja, pues las cicatrices del cautiverio podrían haberle cambiado su perpectiva de vida y sus prioridades.
“A lo único que yo le tengo miedo en este momento, hablando personalmente, es que mi esposo no vuelva a ser la persona de la que yo me enamoré. Los dos en este momento cambiamos como seres humanos, tanto yo, mi hijo, él, y personalmente tengo miedo de que él no se recupere, que su corazón mantenga el dolor de lo que él sufrió por, por todo lo que él pasó”, señaló.
Incluso, González señaló que antes del secuestro de Bohbot su situación sentimental atravesaba por un momento difícil y se planteó la posibilidad de asistir a terapia de pareja.
“Él, cuando antes de ser secuestrado, él me hablaba a mí de psicólogos, porque como pareja también hay muchos problemas y como yo le dije: “¿Por qué no buscamos un poco de ayuda profesional? ¿Cómo lidiar con eso?”. Y me dice: “¿Usted qué cree? ¿Que yo estoy loco, que yo necesito un psicólogo?”. Un psicólogo que solucione la vida de él. Y respondía de una manera como: “Yo estoy bien”“,señaló.
Sin embargo, el papel de Raem en la reconstrucción familiar ha sido fundamental. Durante el secuestro, González procuró explicarle la situación de manera gradual, adaptando la información a su edad.
El niño, expuesto a la palabra “secuestrado” en su entorno escolar y social, vivió la ausencia de su padre con ansiedad y preguntas sobre la posibilidad de tener hermanos y una familia completa.
La preparación para el reencuentro fue cuidadosa, y la reacción de Raem al ver a su padre fue un alivio para ambos padres. “La manera en que lo recibió su hijo fue lo más importante, porque su hijo es un niño. Es la sangre y fue algo que llena el alma”, expresó González.
Entretanto, el proceso de recuperación de Elkana Bohbot estará acompañado por un equipo médico y psicológico en el hospital de Tel Aviv. Tras la liberación, Bohbot se encuentra en un estado de euforia y confusión, con síntomas físicos derivados de la desnutrición —perdió dieciséis kilos durante el cautiverio y ahora pesa cincuenta y tres kilos— y secuelas emocionales profundas.
“Él viene con muchas heridas emocionales... hay mucho que contar. Yo no puedo dar muchos detalles, porque a partir de ahora la privacidad de mi esposo es decisión de él”, explicó González.
Los profesionales de la salud han recomendado paciencia y permitir que Elkana hable a su ritmo, sin sobrecargarlo de información. La familia ha recibido apoyo psicológico durante todo el proceso, lo que ha sido clave para enfrentar la incertidumbre y el dolor.
A pesar de la euforia inicial y los planes que Elkana menciona —como viajar a Colombia y adquirir una propiedad—, González reconoce que ambos han cambiado y que la reconstrucción de la vida familiar será un proceso largo y complejo.
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