Tanya Hartfield llegó a Buenos Aires sin dinero y hoy ayuda a miles de mujeres a emprender: “Soy fanática de la plenitud”

En Ellas, la exmodelo y mentora repasó el recorrido que la llevó desde una infancia atravesada por las dificultades económicas en Misiones hasta construir una vida de independencia y libertad. Además, habló sobre la búsqueda de su hija, los desafíos de reinventarse profesionalmente y su propósito de acompañar a otras a fortalecer su confianza y desarrollar sus propios proyectos

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“Yo soy una fanática de la plenitud en la vida. Me banqué los procesos de crecimiento de la nada a un montón, porque hoy mi vida, no solo en lo económico sino también en términos de libertad, es una fiesta. Soy una mujer súper independiente, me va muy bien y además viajo un montón”, aseguró Tanya Hartfield en Ellas, el ciclo de entrevistas de Infobae.

Exmodelo y exreina de belleza nacida en Oberá, Misiones, Hartfield se hizo conocida a mediados de la década del 2000 mientras estudiaba Fonoaudiología en Buenos Aires. Su carrera en el modelaje creció tras sumarse a la agencia Chekka y participar en campañas publicitarias, producciones fotográficas y programas de televisión. En 2008 fue elegida Miss Misiones y representó a la provincia en el certamen Miss Argentina.

Su historia es la de una transformación personal y profesional. De los años en los que trabajaba como fonoaudióloga y atravesaba dificultades económicas a la construcción de un negocio digital con presencia internacional, Tanya encontró en la búsqueda de la independencia y la confianza en sí misma el motor para redefinir su camino. Actualmente, es mentora y lidera comunidades de mujeres en distintos países, promoviendo el desarrollo personal, el emprendedurismo y la autonomía económica como herramientas para alcanzar una vida más alineada con los propios deseos.

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Tanya Hartfield: “La búsqueda de la plenitud tiene que ver con salir de todas las cajitas”. (Maximiliano Luna)

—Llegaste de muy chica de tu Misiones natal a Buenos Aires, pero propósito u objetivo en la vida era otro. ¿Es así?

—Sí, es que la vida es tan linda y tiene tantos ciclos y cosas preparadas si uno se anima a transitar el camino de ir a donde tiene que ir, ¿no? Yo llegué hace más de 20 años. Hoy soy más de acá que de allá. Soy de Oberá y tengo tonada. Siempre digo que soy la Anamá Ferreira de Oberá (risas). Ya son muchos años viviendo acá y me encanta. Yo soy de allá, pero también soy de acá también. Amo vivir en Buenos Aires y me gusta mucho mi vida acá.

—Me acuerdo en su momento que estabas estudiando, nos cruzábamos en castings y en pocos años te recibiste de fonoaudióloga.

—Así es.

—Cómo la vida puede cambiar porque hoy capitaneas tu propio proyecto que involucra procesos, ¿no?

—Cien por ciento. Yo estudié fonoaudiología, entonces siempre estuve muy ligada a la comunicación y al lenguaje, pero trabajé con chiquitos con autismo desde los dos años y sus familias. Pero estaba todo el día metida en mi consultorio. Me sentía un poquito libre porque arrancaba a las once de la mañana, pero hasta las siete u ocho de la noche, era atender, atender, atender. Y era chica en ese momento. Me imaginaba toda mi vida haciendo esto y me hacía ruido. Yo me moría de ganas de ser una mujer más libre, más libre económicamente. Y no tenía plata para comprar una campera. No pasé frío porque tenía amigas que me prestaban las de ellas…

—Pero no sobraba nada.

—Mi familia estaba en crisis, en Misiones. Papá dentista, mamá maestra y me vine acá con una capacidad de soñar un montón de cosas para mí. Es muy de taurina enfocarse en lo que querés. Y sí, pasaron 20 años desde ese momento. Pero incluso hace 10 años, para poder comprarme mi primer autito, me fui a vivir a la casa de una tía en una habitación de servicio. Me banqué los procesos de crecimiento: de la nada a un montón porque sí bien hoy mi vida económicamente, y no solo económicamente, sino a nivel libertad, es una fiesta y soy una mujer súper independiente, me va muy bien y viajo un montón, fue un proceso largo. Tengo una nena de cuatro años, Inés, que cuando tenía un año ya se había tomado 27 aviones. Y eso es un poco el reflejo de que vamos para acá, vamos para allá, viajamos a Misiones, nos vamos afuera y sin alguien que lo permita, siendo yo quien se hace cargo de sus posibilidades, su economía, su autoconfianza y de poder de la nada armar un montón de cosas y comprarme mi casa. Tiene que ver con haberme comprometido con lo que yo tenía en el deseo de mi corazón, que es ser una mujer libre, no depender de nadie ni de nada. Y sí, todo lo que construí lo hice desde un lugar de mucha libertad y hoy mi vida es muy flexible laboralmente. Me encanta trabajar, pero también puedo apagar mi teléfono y mis negocios siguen funcionando sin mí.

—¿En qué momento sentís que te cayó esa ficha en donde dijiste: “Necesito transformarme, moverme del lugar personal, espiritual, profesional, para ir a un lugar mejor y estar donde quiero estar”?

—El salir de la cajita. Si yo tendría que haber sido fonoaudióloga toda la vida, porque a los 17 años tomé una decisión de ser fonoaudióloga, de alguna manera no llego a mi plenitud. Yo soy una fanática de la plenitud en la vida y plenitud no es perfección. Por ejemplo, yo tardé cuatro años en que Inés llegara a mi vida. Tratamiento de fertilidad y toda esta historia. De hecho, yo tenía una endometriosis muy silenciosa que no salía en ningún lado. Me hicieron una laparoscópica de control y quedé a los dos meses de manera natural, porque ahí me limpiaron esa endometriosis. Un caso bastante distinto, porque generalmente se dan cuenta antes. Pero en todos esos años de búsqueda de mi hija yo desarrollé toda mi confianza de que lo que está en el deseo de mi corazón es posible para mí. Y para mí fue un gran aprendizaje, que no significa que no tuve mil mañanas donde una vez por mes me despertaba, me lloraba todo y pasaba un duelo. Pero volvía a confiar, a desarrollar confianza y otra vez volvía a frustrarme. No era fácil. Pero era mi fue un momento de construcción. Yo hoy lo veo así.

—Hoy con el diario del lunes lo ves. Pero en ese momento uno va transitando el proceso que es complejo, que es muy difícil que alguien te entienda si no lo atravesó.

—Exacto, pero a la vez es tu máster de la vida. Entonces, en la próxima nube gris o en el nuevo desafío que aparece es mucho más fácil tomártelo con más confianza. ¿Cómo aprendés a confiar en vos? ¿Qué es manifestar? ¿Manifestar es poner unas fotos en un corcho? Yo las tengo, amo hacer mi board. ¿Manifestar es escribir, un script de cómo te sentís dentro de seis meses? Sí, lo re hago y lo enseño. Pero manifestar es revisar qué tenés vos en el deseo de tu corazón. No es lo mismo lo que tenés vos de lo que tengo yo. Y es ser coherente en tu camino hasta llegar ahí. Porque van a venir voces de afuera y de adentro a decirte: “¡¿Estás loca?! ¡¿Vas a dejar el consultorio?!”

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“Si te animás a hacer un proceso incómodo, podés construir una vida más plena”, expresó la mentora. (Maximiliano Luna)

—Mencionaste antes a tus padres. Me imagino el esfuerzo que hicieron para que estudies, ¿cuál fue su reacción cuando les dijiste: “No me veo toda la vida atendiendo en el consultorio”?

—Mis padres también aprendieron a confiar en mí. Porque cuando yo tenía un mes y pico de facultad, cuando me vine a Buenos Aires a vivir en el departamento de mi hermano. Ahí había una ayuda, pero la realidad era que todo era muy difícil. Yo llegué y mi hermano, tenista profesional en ese momento, me dijo: “Me tengo que ir a entrenar. Vos vas a caminar hasta una avenida que se llama Cabildo, vas a agarrar una escalera que va para abajo y vas a agarrar un tren que va por abajo de la tierra y se llama subte”. Y yo: “Ah. Ok”. Pero a los dos meses de facultad empecé con los casting y me salió mi primer publicidad. Ahí le dije a mi papá con mucho miedo: “Papi, no me tenés que mandar más plata. De ahora en adelante me mantengo yo”. Tenía 18 años recién cumplidos. Y si bien tuve momentos donde achiqué un montón, nunca más mi papá me tuvo que mandar plata.

—¿De qué era el casting? ¿Te acordás?

—Era un casting de una marca de ropa interior teen. Era muy disruptivo para mi casa. Mis papás son de la iglesia evangélica y de repente ver a la nena que iba a estar en un catálogo de ropa interior era como bastante fuerte. Pero la vida se trata de salir de las cajitas. Yo venía de una recajita, te imaginarás, la iglesia, la virginidad, toda la cuestión. Y para mí la búsqueda de la plenitud en la vida tiene que ver con saber a dónde vas y con ser coherente en todo lo que hacés para llegar a donde vas. Desde mi punto de vista, es salir de todas las cajitas que tengas que salir. Yo hasta ahora, a mis casi 39 años, salí de un montón de cajitas y sé que voy a seguir saliendo de otras.

—Es importante trabajar en uno mismo para salir de esas estructuras, de esas “cajitas” que mencionás. ¿Cuánto influye que el entorno también haga el esfuerzo de salir de las suyas?

—Sí, también. Lo que pasa es que uno elige el entorno. Hay una frase que es muy conocida que es: somos el promedio de las cinco personas con las que nos rodeamos. Muchas veces hay que cerrar ciclos para realmente ir a un lugar donde vos sabés adentro tuyo que hay algo más lindo para vos y rodearte de personas que te ayuden a acompañar ese camino. Personas con sabiduría, trabajadas, despiertas. Y si no las tenés, para mí las tenés que buscar.

—Si tuvieses que definirte, ¿quién sos? ¿Cómo te describís?

—Yo hace ocho años empecé a trabajar en algo que es como marketing de afiliados. Es una empresa internacional donde vos podés, a través de links, compartir productos y quedarte con una comisión de lo que eso se vende. Pero empecé a conectar con muchas mujeres que querían hacer lo mismo y desarrollé muchísimas franquicias digitales y muchas afuera, en México más que en Argentina, en España y la verdad es que se volvió un negocio súper lindo, porque además de crecer económicamente, como me lo merezco, ayudar a muchas mujeres a tener el poder propio para lograr cosas es algo que me llena el corazón y hace no tanto empecé a abrir esa posibilidad a todas las mujeres para que puedan buscar adentro suyo qué es lo que tienen y hacer un camino acompañadas. Hay muchas mujeres que son exitosas, pero están todo el día tapadas de laburo, llegan agotadas y no tienen energía para la crianza. Y para mí hay una hermosa plenitud en la crianza, que yo soy coherente y la puedo vivir. Creo que es posible si uno aprende a poner límites, a pedir ayuda, a ponerse primero el modo avión, a uno y después a los demás.

—Voy a jugar un poco al abogado del diablo. Te escucho y pienso: “Quiero ser Barbie plenitud”. Pero después suena el despertador a las 5am y yo, que soy una mujer llena de privilegios, tengo que preparar el lunch, despertar a mi hijo, hacer el desayuno y salir corriendo. Después vuelvo y están los perros, la casa, la vida misma. ¿Cómo le decís a alguien que no llega a fin de mes, o que no puede hacer lo que quiere sino lo que puede, que su vida puede cambiar?

—Su vida puede cambiar paulatinamente. La mía cambió paulatinamente. De hecho, te conté que pasaba frío en Buenos Aires porque no tenía un mango. ¿Cómo? Para mí el secreto es súper lindo, es mágico. Nosotros tenemos la capacidad de manipular la energía. Se que suena raro y muchos se pueden preguntar: “¿Cómo vamos a manipular la energía?" Pero a lo que le ponés tu energía, eso crece. Es como regar una plantita.

—Es verdad que, si estás en la queja todo el tiempo, entrás en un loop que no está bueno. Pero ¿cómo se desaprenden los patrones que arrastramos no sólo desde la infancia, sino también de nuestro linaje familiar?

—Desde ese lugar, un cambio de identidad arranca simplemente con ponerle luz, con darme cuenta que me estoy quejando todo el día. Yo por lo menos no tuve una vida en el amor todavía, pero estoy muy encaminada y con mucha confianza. En la incertidumbre también hay que confiar. En la vida en pareja yo estaba muy enfocada en lo malo. Porque lo había aprendido de alguna manera. Pero así como pude mejorar en un montón de áreas de mi vida y el aprendizaje de este momento de mi vida es el merecimiento, pongo el foco en lo que sí y en el amor. Habiendo aprendido en las otras áreas, es más fácil llevarla a la última área. Es como quien hace deporte o quien aprendió idiomas. Si tiene que aprender el quinto idioma, ya tiene facilidad. Esto es lo mismo. Y si una persona está muy en la desgracia y todo el tiempo hablando de esto, empezar de a poquito a sentir gratitud con algunas cosas. Entiendo esto de las rutinas a la mañana, me pasó en una cena de mamis del jardín que contaban que sus mañanas eran caóticas. Yo tuve la suerte de tener una nena trampa, como le dicen, porque es como una nena muy fácil.

—También tenés el plus de haber trabajado tantos años con niños con autismo, seguramente tenés facilidad para hacerle frente a determinadas situaciones.

—Sí, seguramente tengo muchas herramientas. Pero básicamente me acuerdo de estar en esta cena con las mamis y decir: “Yo a la mañana no tengo quilombo. Arranco con el cuento de la capibara y la tengo entregadita para que le ponga toda la atención a eso y poder vestirla”. Yo las re entiendo, pero les decía: “Probá con el cuento”. Y ninguna proba hasta que una sí se animó. El cuento de la capibara es muy simple. Ya sé que tenés fiaca a las siete de la mañana, pero es mucho más caro ponerte a pelear y terminar todo sin energía a las siete, que ponerte un poquito creativa y mimosa y contar un cuento y levantarte media hora antes para preparar el snack.

—Eso seguro.

—Una mamá probó con el cuento y lo puso en el grupo. “Chicas, no saben, me cambiaron las mañanas con el cuento de la capibara de Tanu”. Y todos empezaron a implementarlo y de repente todas las mamis del cole con el cuento con mañanas están más felices. Entonces, sí hay algo para hacer. ¿Sabés cuál es el problema? Que la gente se queda con que esto es la vida y que las mañanas son difíciles… Yo te garantizo que vos movés dos o tres cositas, las cosas son diferentes.

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“Yo me moría de ganas de ser una mujer más libre económicamente”, admitió Tanya en diálogo con Luli. (Maximiliano Luna)

—En una entrevista reciente de este ciclo, una de las entrevistadas decía: “Todos sabemos lo que tenemos que hacer”. Y es verdad. Si querés que tu mañana sea más tranquila, te despertás 30 minutos antes, vas a estar más relajada, todo va a fluir de otra manera y vas a despertar a tu hijo con más disponibilidad. ¿Cuánto hay de hacernos cargo de lo que queremos —y también de lo que no queremos— antes de buscar excusas o responsabilizar a factores externos?

—Para mí hacernos cargo es todo lo que necesitamos. Manifestar el proceso de llegar hasta acá es la coherencia de hacerte cargo y de poner adentro y no afuera. Si a alguien es exitoso económicamente le preguntás: ¿por qué hiciste toda tu fortuna? Te va a decir: “Porque laburé, me levanté temprano, fui creativo, bajé, subí y me transformé en una persona exitosa”. Y si le preguntás a alguien que quizás no está pasando por lo mismo, generalmente, no en todos los casos, pero te van a decir: “Es que el Gobierno, porque Argentina”. Siempre van a apuntar al afuera. Y capaz son del mismo lugar. Pero uno elige hacerse cargo, tomar las decisiones incómodas, desarrollar la autoconfianza y hacer un caminito. Obviamente hay muchas personas con historias muy tristes, muy difíciles, pérdidas muy grandes que uno no puede ni imaginar si no estuvo ahí y es dificil reponerse. Sin embargo, dentro de ese tipo de personas hay algunas que deciden salir adelante y elegir todos los días ponerle el foco en lo que sí. Y para mí esto es un poco el camino a la plenitud de una persona. El proceso de bancarte no tener ganas de entrenar, pero ir igual. A mí me pasa, pero yo a los 90 años quiero llegar con masa muscular porque pienso levantar a todos mis nietos y llevármelos a Disney, alzarlos en mi espalda... Entonces, si yo quiero eso a mis 90 años, no me queda otra que ir todas las mañanas a entrenar. No es que hoy tengo ganas de que se me vea o no un abdominal. Es lo que yo quiero para mi vida a mis 90 años.

—También es darle el ejemplo a los hijos con ciertas acciones, ¿no?

La coherencia que ven los chicos en nosotros es mucho más importante que lo que decimos. Le decís: “No mires tanta pantalla”, y estás todo el día con el teléfono. Cuando uno se separa, lo mejor que puedo hacer yo es hablarle bien de su papá. Contarle lo que me encanta trabajar para que ella vaya con ganas al jardín. Porque sino, ¿cómo quiero que vaya con ganas al jardín, si yo cada vez que tengo que ir a una reunión o ir a trabajar digo: “Otra vez me tengo que ir a trabajar”? Ellos nos miran un montón, pero no tanto lo que decimos sino lo que somos. La energía de lo que hacemos contagia a un niño. También hay una responsabilidad enorme ahí. Para mí, separarme con Inés tan chiquita fue mi gran trabajo sobre la culpa, así como buscarla fue mi trabajo de confianza. Yo tuve que entregar a una bebita de un año y medio para que se vaya a dormir con su papá y todavía tomaba la teta. Fue decirle: “Vamos a estar bien”. Pero no solo a ella, a él también. Porque todos estábamos transitando eso.

—Y a vos misma, me imagino.

—Y a mí. Quedarme el domingo sola, rota al medio, porque yo priorizaba que ella tenga un domingo familiar y mi familia estaba en Misiones, era duro. “Andá con tu papá”, le decía y yo era ponerme otro pódcast... Fue un momento re duro, pero el haber salido de mi cajita en búsqueda de mi plenitud hace que yo hoy tenga mucha plenitud en la maternidad. Tengo tiempo para ella de calidad, tengo tiempo para mí. Haber salido de la cajita de los pensamientos de: me tengo que quedar acá porque hace doce años estoy con esta persona, porque tengo una hija, por fin tengo una hija, porque lo que nos costó encontrar una hija, porque él es un buen hombre. Era también la cajita de lo que me decía todo el mundo: “No salgas de ahí, el consultorio lleno”. Y salí con mucha incertidumbre en el corazón, porque hoy parece que lo tengo todo claro, porque tengo el diario del lunes y tengo incluso un papá que me puede decir “gracias a esto tengo el vínculo que tengo con mi hija”. Hay que confiar en la vida, porque cuando uno se escucha un poquito adentro, esa intuición te habla siempre. A veces nos ponemos más atentos a escucharla. Pero ahí adentro está todo eso lindo que podemos manifestar. Después lo ponemos en figuritas, en mapas de sueños, pero en realidad adentro tuyo lo que es lindo y pleno para vos. Si te animás a hacer un proceso incómodo, muchas veces valiente, de escucharte a vos, de no escuchar tu autosabotaje que te viene a tirar abajo, que no lo vas a lograr, que no conocés a nadie, no tenés redes sociales, sos de Oberá, vas a poder armar un negocio en España y México, ¿no? Volver a conectar todo el tiempo, con tus posibilidades y tener personas cerca que te impulsen.

—Siempre digo que hay personas que transitan el escenario que la vida les pone adelante y hay otras que armamos el escenario que queremos transitar. Vos recién mencionaste esto que tiene que ver con la identidad y con la búsqueda de esa identidad.

—Es así.

—Si pudieras compartir un mate con la Tanya que llegó desde Oberá, sin dinero, siguiendo las indicaciones de su hermano para subir al subte y llena de miedos e incertidumbre, ¿qué le dirías? ¿Lo hubieras creído este presente si en ese momento te contaban todo lo que ibas a construir?

—Yo creo que sí. Creo que esa parte soñadora que siempre tuve adentro, y taurina y terca, me trajo hasta donde estoy. Cuando vine a Buenos Aires en mi viaje de séptimo grado, tengo una linda historia porque eran mis amigas de séptimo y yo estaba en sexto y yo quería ir al viaje con mis amigas. Mi papá me decía: “No hay plata, Tanya. Si querés podés vender bollos y pastelitos por Oberá”, que tiene las calles en subida y bajada, la gente que conoce me va a entender. Tenés que caminar y es tremendo con el calor. “Yo te ayudo, pero plata no hay”, me dijo mi papá. Pero yo hice todo eso para pagarme mi primer viaje. Cuando llego, íbamos en ese micro que venía a Buenos Aires y veo un cartel en las paradas de colectivos como de una de peluquería. Cuando veo una chica en ese cartel, adentro mío algo dijo: “Yo algún día voy a estar ahí”. Pero no se lo dije a nadie, lo vi, lo sentí y quedó ahí. Todavía me lo acuerdo perfectamente. Me acuerdo la parada y todo. Años después, sin saber, porque no era mi sueño ser modelo o trabajar en publicidad. Todo lo contrario. No me gustaba mucho, pero lo hice para pagarme la facultad. No era algo que yo amaba y me apasionaba. Me llegó el casting del pelo, de la peluquería y de repente cuando miro en la parada, había aparecido mi cara, mi pelo, así todo enrulado. Ese era el deseo de mi corazón. Yo no sabía ni cómo ni cuándo, porque yo no manejo los tiempos, pero sabía que se iba a cumplir. Yo creo que si hoy me tomaría ese mate con la Tany de hace 22 años atrás, solo tendría que sonreírle. Porque ella de alguna manera sabe que las cosas lindas que ella tiene en su corazón, se van a cumplir. Se tiene que bancar los procesos, tiene que ser valiente y abrazar la angustia. Cuando uno se angustia, cuando pasa por un momento de dolor, por momentos tristes, es más fácil echarle la culpa a los demás, pero la verdad es que enfocándote en tu dolor es mucho más fácil hacer un duelo y es más sabio buscar ayuda. Es importante enfocarte en tener un entorno sano que colabore e ir a donde vos querés. Agarrar tu ruta que te lleva a donde querés ir, preguntarte dónde querés estar dentro de cinco años y saber si realmente lo que estás haciendo hoy te lleva ahí. Y si no te lleva, empezar a tomar decisiones incómodas para lograrlo.

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