“El footgolf es la mezcla de golf y fútbol. Si lo tuviese que describir: es lo mismo que el golf, pero cambiando los palos y la pelotita chica por la pierna y una pelota de fútbol”, dice Patricio Lahitou, quien desde hace más de una década dedica su vida a este deporte.
Aunque pueda sonar nuevo o exótico para muchos, la disciplina nació con una identidad propia en 2009 en Países Bajos y, un año después, llegó a Argentina. “El deporte para mí es golf. No hay cancha de fútbol. No hay reglas de fútbol. El reglamento es el de golf”, explicó Patricio.
Sin embargo, para quienes llegan a este deporte buscando los gritos y la energía típica del fútbol, se llevan una sorpresa en los primeros minutos. “Es un lugar donde hay un manto de respeto absoluto. Hay paz y tranquilidad. Se escuchan los pájaros, la naturaleza, es más tranquilo que el fútbol”, aclaró Lahitou.

¿Qué es el footgolf?
La disciplina conecta directamente con el universo del golf, aunque con una vuelta de tuerca que le da una identidad propia. “Principalmente es la mezcla de golf y fútbol. Tiene el mismo objetivo: embocar la pelota en la menor cantidad de golpes posibles”, explicó Patricio.
La esencia del juego es claramente golfística. Esta diferenciación no es menor, sobre todo en un territorio donde el fútbol domina la conversación. En el footgolf, las canchas son campos de golf adaptados, no hay potreros ni estadios. “Los hoyos nuestros normalmente están en el antegreen, son más grandes y se ubica en distintos lugares”, explicó.
El objetivo es mantener la esencia del golf, aportando el toque de precisión y estrategia que del fútbol. Y aunque existen canchas propias, son la excepción y no la regla. “Tenemos una cancha propia en Mar del Plata, que es la primera de footgolf del mundo. Pero en el 95% de los casos, son canchas de golf que se arman para esta disciplina”.

La convivencia entre el footgolf y el golf tradicional
Se juega hace más de 15 años en el país. Pero la idea de compartir espacios con el golf estuvo rodeada de prejuicios e incomodidad. “Nos costó lograr que nos presten sus canchas. Sobre todo por prejuicio”, admitió Patricio.
El rechazo de la comunidad del golf era evidente. “El golfista es muy tradicional, es un deporte de elite, muy cerrado, y le cae alguien con una pelota de fútbol y lo primero que piensan es que van a romper la cancha y va a haber problemas porque se imaginan el fútbol”, explicó el jugador.
Pero la realidad desmintió esos temores. “Nosotros incluso rompemos menos la cancha que ellos, porque con el palo levantan mucho el pasto. Nosotros no usamos botines con tapones, entonces no se lastima la cancha”, aclaró.
Lejos de generar conflictos, el footgolf terminó encontrando una dinámica de convivencia. “Nos suele pasar que una vez que conocen el deporte nos vuelven a llamar”, remarcó Patricio. Con el tiempo y el conocimiento mutuo, muchos clubes aceptaron la alternancia en el uso de las canchas.

El espíritu y la comunidad del footgolf
La experiencia es radicalmente diferente a la pasión, el bullicio y hasta la rivalidad que vive el fútbol. “Nuestro comportamiento es ejemplar. Suele pasar que muchos vienen del fútbol y traen todo eso de gritar los goles, de la burla, de festejar y acá es todo lo contrario. Obviamente queremos ganar, pero bajo un manto de respeto. Si tenés un error, no te lo festejo. Si yo tengo un mérito, tampoco te lo grito en la cara. Hay paz y tranquilidad”, remarcó el jugador de la selección argentina de footgolf.
Esa dinámica forma parte de la identidad del deporte, en la que tanto los veteranos como los recién llegados se ven inmersos en una cultura de respeto y compañerismo. “Lo que tiene de bueno el footgolf es que es súper inclusivo. Lo puede jugar cualquiera, incluso si no están en el mejor estado físico”, afirmó Lahitou.
Esta adaptabilidad explica en buena parte su crecimiento. “Vienen muchos exfutbolistas, gente que jugaba al fútbol, pero que físicamente ya no le da la exigencia. Entonces, pueden mantener el contacto con la pelota, sin tanto esfuerzo físico. En el fútbol necesitás aire y correr. Acá vas caminando, tranquilo”, explicó.
Competencias, mundial y profesión
El footgolf no solo se vive en los clubes y en las canchas de golf. También tiene un circuito competitivo con reglas claras, campeonatos nacionales e internacionales que desafían a los mejores. El próximo Mundial es en Acapulco, México, en 2026.
Ser profesional en esta disciplina exige pasión, persistencia y un esfuerzo económico. “Es un deporte semiprofesional. Los que nos dedicamos a esto le encontramos la vuelta: dar clases o lo que sea”, señaló Lahitou.
“Los jugadores de selección solemos tener un subsidio, hacemos actividades para juntar plata. Los socios de footgolf también colaboran. Y después aparece alguna marca que quizás ayuda con la compra de algún pasaje. Como todo deporte chico, hay mucha cosa a pulmón”, agregó.
Este esfuerzo colectivo e individual, lejos de generar desánimo, alimenta el espíritu de aventura. Para Patricio, cada experiencia es una oportunidad: “Mis fines de semana son todo footgolf. Mis gastos son apuntados al footgolf y mis vacaciones las usé en los últimos años para el footgolf. Esto es mi vida”.

Técnica y aprendizaje
Lejos de ser un simple pasatiempo, exige estrategia y una mentalidad muy afinada. La enseñanza es uno de los ejes que más apasionan. “Lo primero que enseño son los conceptos básicos del deporte. Sacarle las mañas al que viene del fútbol y explicarle que esto es otra cosa”, afirmó el profesor.
Los golpes principales adoptan los nombres del golf, pero con la pierna como herramienta. “Hay distintos tipos de golpes: tenés el de la salida, que es el drive, que sería para pegar fuerte y ganar distancia. Tenés el approach, que es para acercarse al hoyo, y después tenés el putt, que es el tiro para embocar en el hoyo”, detalló.
La precisión en la ejecución, la lectura del terreno y el control emocional juegan un rol fundamental. “A mí me gustó mucho la parte estratégica del deporte: el hecho de tener que planificar un hoyo”, relató Patricio sobre su experiencia personal con el deporte.
El equipamiento es también específico. En el footgolf, cada jugador lleva su pelota. “Es especialmente hecha para este deporte. Tiene distribuido un contrapeso de cada lado y es un poco más corredora que una de fútbol”, explicó el deportista.
La cuestión de la vestimenta, en apariencia superficial, también responde a la cultura del golf. “No se puede vestir nada que sea referido a un equipo de fútbol. El código de vestimenta habla de botines sin tapones, medias altas, bermuda y chomba con cuello. Pasa mucho que las primeras veces la gente no lo sabe”, describió. Sin embargo, la creatividad tiene espacio en los colores. “Hay gente que le mete mucho color. Hay vestimentas muy llamativas”, advirtió.

Acceso y Cultura
Uno de los grandes mitos alrededor del footgolf tiene que ver con su accesibilidad. Mientras el golf está envuelto por un halo de exclusividad y altos precios, esta disciplina busca ser más inclusiva. “El golf es caro porque cuesta salir a jugar, comprar los palos y tomar clases. El footgolf no es caro. Salir a jugar todo el día te puede salir 10 mil pesos. Comprar una pelota y unos botines, tampoco. No está ni cerca de parecerse a lo que es el golf en cuanto a los costos”, indicó Pablo.
¿Y qué pasa con el público y el espectáculo en torno al footgolf? La respuesta sorprende a quienes imaginan un ambiente reservado o demasiado íntimo. “Se puede ir a ver. En los torneos grandes suele haber mucha gente. En el Mundial estaba lleno”, concluyó Lahitou.
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