Walter Herrmann: su legado en la Generación Dorada, la tragedia familiar que lo marcó y el aprendizaje de convivir con el dolor

En Random, el ciclo de entrevistas de Infobae, el exbasquetbolista repasó su trayectoria deportiva, los momentos más intensos de su carrera y las pérdidas personales que cambiaron su vida. También habló de su vínculo con los aficionados y de su proceso de recuperación emocional

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Walter Herrmann es un exalero argentino de 2,06 metros, que desarrolló una carrera de más de dos décadas entre Argentina, España, la NBA y Brasil. Se formó en Olimpia de Venado Tuerto, brilló en Atenas de Córdoba y dio el salto a la ACB con Fuenlabrada y Unicaja Málaga, donde en 2003 fue elegido MVP y máximo anotador de la liga antes de desembarcar en la NBA con Charlotte Bobcats y luego Detroit Pistons. Se retiró profesionalmente en 2019, tras ciclos finales en Flamengo, San Lorenzo, Obras y un último paso por Atenas.

Integrante de la Generación Dorada, fue campeón olímpico en Atenas 2004 con la Selección Argentina y MVP del Sudamericano 2004, torneo que Argentina ganó con una actuación descollante suya. En la NBA protagonizó una irrupción destacada: fue Rookie del Mes del Este en marzo de 2007 y miembro del All-Rookie Second Team de esa temporada con los Bobcats.

Tras su retiro, Herrmann se mantuvo ligado al desarrollo formativo y la divulgación. Organiza el Campus ADN y brinda clínicas y charlas en distintas provincias, además de participar en iniciativas con gobiernos locales y clubes. Ese trabajo lo ha consolidado como referente educativo del básquet nacional, volcando la experiencia acumulada en ACB, NBA y Liga Nacional.

Walter Herrmann, para Random
Walter Herrmann repasó su carrera, el impacto de la tragedia familiar y el secreto del éxito de la Generación Dorada

Leo: — Te veo muy bien. ¿Cómo te sentis con tu nuevo presente?

Walter: — La verdad que muy bien, por suerte. Con una agenda media complicadita en estos dos meses. Una vez al año, son dos meses intensos de básquet constantemente y ya después me relajo un poquito...

Leo: — Después te volvés a vivir a tu lugar de residencia que es Málaga, en España, ¿correcto?

Walter: — Sí. Después vuelvo para Málaga. Pero normalmente en junio, julio y una parte de agosto suelo estar acá. Ya es el cuarto año consecutivo que hacemos los Campus. Y después me voy a Málaga. Cada tres o cuatro meses por ahí vengo una escapadita, pero la residencia fija está en Málaga.

Leo: — Participaste en el Juego de las Estrellas en Argentina y deslumbraste. Más allá de la diversión y de ese tiro que se volvió viral, ¿qué sentís cada vez que podés tener contacto con el cariño del público argentino hacia lo que lograron con la Generación Dorada?

Walter: — Yo siempre digo que después de que terminó mi carrera profesional, fue todo un disfrute... En el caso mío, puntualmente, como solamente hago clínicas de básquet, charlas y demás, recibo solamente cariño a diferencia de otros compañeros que son entrenadores y que les toca ser rivales de algunos equipos. El Juego de las Estrellas es el único momento donde tenés cero presión y todo lo que hacés está bien, entonces para mí es un disfrute enorme. Sobre todo que se acuerden de mí, porque quieras o no, van pasando los años y están todos los chicos nuevos. Que me sigan invitando es un privilegio.

Leo: — ¿El tiro que hiciste estaba ensayado o fue improvisado?

Walter: — Si buscás en Internet, tengo el mismo tiro sentado en la cancha de los Detroit Pistons desde en el banco de suplentes. Lo tiro antes de empezar el partido y lo metí de sentado. Se hizo viral en su momento, lo que pasa que no había las redes que hay hoy. Puede entrar o no, como cualquiera, pero son tiros raros que la gente disfruta mucho.

Leo: — Más allá de haber logrado la medalla dorada, ¿por qué creés que la Generación Dorada genera un cariño tan unánime?

Walter: — Primero, no hemos tenido problemas nunca con nadie. En general, no hemos sido conflictivos y demás. Siempre hemos tenido una cierta disciplina y nos hemos brindado a nuestro público. Los resultados nos han acompañado y las veces que no se ha conseguido el objetivo final que es salir campeón, la gente sabe que nos hemos entregado al 100 por ciento y nunca nos guardamos nada. Entonces, cuando estás ante alguien que entregó todo y más que esto no podíamos hacer, me parece que es uno de los secretos. Indudablemente también, en un momento, el básquet argentino era una cosa y apareció la Generación Dorada y empezó a ser otra... Creo que todo el mundo tiene esa nostalgia, ese recuerdo, lo vivo constantemente en los campus. Los chicos se anotan, pero porque los papás son contemporáneos míos (risas).

Leo: — ¿Te gustó más ser jugador de la NBA o de la FIBA España?

Walter: — Si es para jugar, NBA toda la vida. Me pareció mucho más divertido. NBA lo que tiene es que el nivel es altísimo, pero en realidad, en uno contra uno, si tenés una cierta calidad para jugar, tenés mucho espacio. Como no se puede defender zona…

Leo: — También brillaste en Europa, en España, donde conociste a Elena, tu esposa… todo eso junto en pocos años.

Walter: — Sí. Lo que pasa es que en realidad fue una carrera rara porque fue como muy meteórica. Arranco en Olimpia de Venado Tuerto, me voy a Atenas de Córdoba, llego muy joven, tenía 21 recién cumplidos. Aparece Marcelo Milanesio, que yo lo tenía como un ídolo, como medio inalcanzable, y de repente me dice: “Tenés que ser el goleador del equipo” y me potenció. Primer año MVP de la liga, segundo campeón con él. Me voy a España y, pese a todos los pronósticos y la gente que me decía que España era imposible y que a los argentinos todo les costaba más ahí, llego y soy MVP de la liga, máximo anotador. O sea, venía todo súper así hasta que pasa el accidente de mi familia y es como que me bajó un montonazo la motivación y el incentivo.

Walter Herrmann, para Random
El exbasquetbolista argentino abrió su corazón y contó cómo superó el duro golpe de perder a sus seres queridos

La tragedia personal y su impacto emocional

Leo: — Fue un accidente terrible de auto donde mueren tu mamá, tu hermana, tu novia…

Walter: — La mejor amiga de mi hermanita y la mamá de la mejor amiga. O sea, mueren cinco personas.

Leo: — En ese momento de éxito te toca una tragedia familiar y, cuando llega la medalla dorada al año de ese accidente, fallece tu papá. Todo ocurrió entre 2003 y 2005. ¿Sentís que a partir de ahí Walter Herrmann fue otro?

Walter: — Sí, en realidad cuando yo termino de jugar en Fuenlabrada, que salgo MVP de la liga, estaba entre los mejores de Europa, como que digo: “Bueno, de acá a la NBA directo". Vengo a la Argentina, estamos haciendo la preparación para el preolímpico, que se jugaba al año siguiente, y en esa preparación, un día estoy en La Plata, me acuesto a dormir la siesta para jugar a la noche con Venezuela y cuando me levanto llamo a mi familia, como lo hacía siempre. Mi novia estaba en Venado Tuerto con mi mamá y mi hermanita y se iban todos para Belleville a ver el partido ahí, que estaban mis suegros. En ese viaje, faltando 10 kilómetros para llegar, chocan de frente con otro auto. Yo me entero ahí, cuando me levanto de la siesta, que llamo por teléfono y me dicen que falleció mi novia. Yo no entendía nada, estaba con Fede Kamenich en la habitación y fue todo un caos. Me vienen imágenes del momento y era una locura. Termino pensando en dejar de jugar porque dspués de semejante lío, es como que decís: “Se terminó todo”. Me fui a Venado Tuerto, estuve casi un mes y me había quedado mi hermana y mi papá, nada más; y estaba pensando en ya no jugar más...

Leo: — Hasta ese momento te habían dicho que había fallecido tu novia. ¿Cuándo te cuentan lo que había pasado realmente?

Walter: — Eso me lo dice una persona, que después me entero que era el novio de una de las hermanas de mi novia. Cuando yo llamo no sabía quién era y me decía: “¿Quién habla, quién habla? ¿Habla Walter?”. Fue el 18 de julio del 2003. Ya eso era una catástrofe, imagínate después cuando me entero que mueren todos. Porque me contaron que era un accidente, pero no me dicen que murieron todos en el accidente. Me dicen: “Falleció tu novia”. Al principio me dijeron que están internados, pero estaban dando vueltas. Yo todavía tenía la esperanza. Pensaba que todavía estaba mi mamá, mi hermanita, estaban bien. Dentro de todo el dolor, querés rescatar algo. Pero después cuando me entero bien cómo fue todo, que murieron todos en el acto. Las cinco personas del coche nuestro y dos personas del coche de enfrente...

Leo: — ¡Qué terrible!

Walter: — Ahí fue un mes que directamente no quería jugar más básquet, pero por una cuestión de que perdés el incentivo. Yo toda la vida todo lo que hice era por mi vieja. Es la realidad. Si metía 30, eran para ella. Lo que me da paz es que yo les di todo, les decía que las quería y no me guardé nada. Por eso muchas veces cuando doy charlas digo: “Si tienen a sus seres queridos, díganle que los quieren. Aprovechen porque al final la vida va pasando”.

Leo: — ¿Y ahí te preguntaste por qué? ¿Por qué a mí?

Walter: — No, no sé si por qué. En realidad, dejás de creer. Yo dejé de creer absolutamente en todo, pero más que nada porque yo hice comunión, confirmación, parecía como que…

Leo: — Me hablás de la parte religiosa...

Walter: — Sí, porque nosotros veníamos con ciertos patrones de chiquito y después al final, vas destrabando ciertas cosas y después cada cual va eligiendo su camino...

Leo: — Vos decís: “No creo en Dios, no creo en nadie más, después de lo que me pasó...”

Walter: — Claro. Después de lo que me pasó, ¿para qué voy a seguir creyendo, portándome bien y haciendo las cosas bien si al final me pasa lo peor? Son los primeros pensamientos que le vienen a la mayoría que pasa por situaciones así. Porque es una situación que encima no es un problema. Ni siquiera podés solucionarlo, es un dilema que ocurre y ya. Ahora lo único que te queda es aguantar él mientras tanto, que es lo más difícil.

Leo: — ¿Y te hundiste emocionalmente, te deprimiste?

Walter: — Sí, estuve complicado. No quería ver a nadie, esa es la realidad. Era bronca con la vida, con Dios, con el más allá. Y no quería jugar más al básquet. Estaba renegado con todo el mundo... Cuando ya pasó casi un mes, hablando con mi hermana, ella me dice: “¿Por qué no vas a Málaga?” Yo encima tenía el contrato firmado, sino no iba a ningún lado. Pero como ya lo había firmado por tres años, mi hermana me dice: “Ya que tenés el contrato firmado, vamos”. Si después ves que te cuesta, nos volvemos y ya está, renunciás y listo. Pero mientras tanto, salgamos de acá, de los recuerdos. Porque estábamos en la misma casa con los recuerdos de la familia, pero de repente no había nadie. Mi papá estaba en pareja...

Leo: — Y volviste a Málaga.

Walter: — Sí, al mes voy a Málaga. Al principio, obviamente no tenía ni ganas de jugar. Había perdido ese emoción, ese entusiasmo del básquet. Pero siempre comprometido porque era mi trabajo, hay mucha gente detrás y yo siempre pensaba en hacer las cosas lo mejor posible. Pero sin ese fuego que me llevó a ser quien fui hasta el 2003. Al final de la temporada del 2003-2004, me recupero, empiezo a encontrarme otra vez como jugador y demás. Vengo a jugar un Sudamericano al año siguiente, en 2004, para intentar quedar entre los doce de los olímpicos, porque en realidad había una pequeña preselección, que eran los doce que estaban antes y Carlitos Delfino y yo que podríamos llegar a entrar o no. Estábamos ahí. El Sudamericano era en Brasil y la vida también te va llevando por caminos raros porque juego todo el torneo y último día del partido es el 18 de julio, cuando se cumple el aniversario del fallecimiento de mi familia. Yo me levanto, estaba con Leo Gutiérrez en la habitación y le cuento. Termina el partido, 37 puntos meto y salimos campeones.

Leo: — Es un partido tuyo que fue tremendo.

Walter: — Hasta ahí todo increíble y lo primero que hago es llamar a mi papá para hablar con él y no me atiende, no me atiende, no me atiende. Hablo con mi hermana y ahí queda. Salimos a festejar, lo normal cuando salís campeón. Vuelvo como las seis de la mañana y me agarra el entrenador, me llama y yo lo primero que pienso es que me cortaron de la Selección porque mi cabeza estaba metida en el básquet... Y cuando me llama me dice: “Tengo una mala noticia, falleció tu papá anoche”. Justo el año exacto. Yo se lo achaco a la angustia de que justo se cumplió un año sin su hija, yo estaba jugando fuera y me ve por televisión...

Leo: — Es increíble como viviste el éxito deportivo en medio de lidiar con tragedias familiares y golpes anímicos tan fuertes…

Walter: — Es muy difícil cuando me lo preguntan y me dicen: “¿Cómo lo superás?” Porque mucha gente le pasan problemas grandes o pérdidas y me escriben en Instagram para que yo les dé la poción mágica de cómo se hace y no la tenés. Es aguantar el mientras tanto y vas esperando. La realidad es que el tiempo te termina... No te vas a olvidar, ni te va a curar ni nada, pero es como que te suaviza un poco lo que te pasó y aprendés a convivir con el dolor que tenés porque no tenés otra.

Walter Herrmann, para Random
Herrmann destacó la importancia del cariño del público y la disciplina del equipo en el éxito de la Generación Dorada

Quién y por qué

Leo invitó a Hernán a participar en un juego de preguntas y respuestas en el que tuvo que decidir qué compañero de la Generación Dorada le confiaría distintas tareas en escenarios hipotéticos.

Leo: — ¿Quién sería la persona correcta para cortarte el pelo o cambiarte el look?

Walter: — Carlitos Delfino. Tiene alta facha, tiene su onda. Yo creo que tendría buen gusto en cambiarme el look. Podría ser igual un poquito larguito, un estilo Horacio Cabak en su época.

Leo: — ¿Quién sería el mejor organizador de un partido homenaje a tu carrera? Tiene que ocuparse de todos los detalles, conocer tus gustos e invitar a la gente adecuada.

Walter: — Manu Ginóbili. ¿Pero sabés por qué? Porque sé que no dejaría detalle al azar. Me parece que sería impecable en todo los aspectos.

Leo: — Además levanta el teléfono y dice: “Necesito para Walter...” ¿Quién le va a decir que no a Manu?

Walter: — ¡Los personajes que va a llevar! Yo le tengo mucha fe...

Leo: — ¿Quién pedirías que esté presente?

Walter: — Que decida él. Pero me encantaría que Michael Jordan estuviese.

Leo: — ¡Ah, bueno! Le estás pidiendo una fuerte...

Walter: — Pero es Ginóbili. Si no puede él, ¿quién va a poder? (risas).

Leo: — Última pregunta. ¿Quién y por qué te haría el mejor regalo de los chicos de la Generación Dorada?

Walter: — El Colo Wolkowyski. Sabría cuál sería el mejor regalo. No sé si me lo haría, porque tendría que gastar (risas). Pero el Colo yo sé que me haría un buen regalo, me conoce muy bien. Sabe mis gustos, me conoce mi forma de ser, todo.

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