Gallego González: el consejo que ignoró, la separación que lo dejó en cero y el reencuentro con el amor de su vida

En Random, el ciclo de entrevistas de Infobae, el exdelantero repasó con crudeza los altibajos que marcaron su historia. Desde los errores que afectaron su economía y el fracaso de su primer emprendimiento tras dejar el fútbol, hasta una anécdota inolvidable con Maradona

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Esteban Fernando González, conocido popularmente como el Gallego, es un exfutbolista argentino. Se formó en las divisiones inferiores de Ferro Carril Oeste, donde debutó en Primera División en 1982 y se convirtió en una de las figuras del equipo que conquistó los torneos Nacionales de 1982 y 1984.

Ese mismo año, sufrió un grave accidente automovilístico que casi pone fin a su carrera, pero logró una recuperación asombrosa y continuó destacándose dentro de las canchas. En total, disputó 140 partidos con Ferro y marcó 43 goles, siendo el máximo goleador del club en competiciones internacionales.

Tras su etapa en Ferro, jugó brevemente en Deportivo Español y luego en el CD Málaga de España. En su regreso al país, firmó con Vélez Sarsfield, donde vivió una de sus mejores etapas: fue goleador del torneo 1990-1991, campeón del Torneo Clausura 1993 y parte del plantel que ganó la Copa Libertadores 1994. Más tarde pasó a San Lorenzo, donde volvió a consagrarse campeón en el Clausura 1995, marcando un gol clave en la definición en Rosario. Cerró su carrera en Quilmes, jugando en la Primera B Nacional.

Después de su retiro, incursionó en la dirección técnica y la representación de futbolistas. Fue asistente de Oscar Ruggeri en San Lorenzo y en 2011 asumió como entrenador interino junto a Claudio Biaggio durante un breve paso por la Copa Argentina. También participó en un reality televisivo en 2006, manteniéndose presente en los medios.

Actualmente, el Gallego continúa vinculado al fútbol como parte del equipo de Radio La Red, donde trabaja junto a Carlos Mancini, el Chino Tapia, Mancuso y nuevos talentos del periodismo deportivo. Su trayectoria deportiva es recordada por su capacidad goleadora, su espíritu de lucha tras el accidente y por haber sido parte de equipos campeones en tres grandes del fútbol argentino.

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Gallego González: “Cuando me separé, la única que me llamaba era mi ex suegra”. (Candela Teicheira)

Leo: —¿Sentís que por inexperiencia te equivocaste dentro y fuera de la cancha?

Gallego: —No, no me equivoqué. Pero de algunas cosas sí me arrepiento. Por ejemplo, yo hice todo lo contrario a lo que me dijo Timoteo Griguol. Él me dijo: “Comprate la casa primero, no te compres el auto”. Me compré 19 coches en 17 años que jugué en Primera. Una cosa de locos. Timoteo me decía: “Podrías tener diez locales ahora en vez de 19 coches”. Y tenía razón, fui un irrespetuoso y un tarado.

Leo: —¿Ganaste mucha plata en tu carrera profesional?

Gallego: —No. Yo era muy despelotado. No tuve representante nunca...

Leo: —¿Perdiste mucha plata?

Gallego: —Sí, perdí y no la supe ganar. Imaginate que yo me voy de Vélez siendo el goleador del Campeonato del Fútbol Argentino, pasé a San Lorenzo y Zandoná vino a Vélez. O sea que Vélez trajo un defensor y largó al delantero goleador gratis. No existe ahora, imagínate. ¡Goleador del campeonato! Te viene a buscar…

Leo: —O sea que pudiste haber ganado más. Por ejemplo, ganaste 10 pesos y lo perdiste todo…

Gallego: —No los perdí, los gasté. Los gastaba en coche, en viajes, en cosas para mí, para mis nietos, en regalo para mi mujer. Ni sabía lo que tenía. Yo llegaba y dejaba la plata en mi casa. Si quería comprar un Rolex para mi mujer porque era cumpleaños, se lo envolvía en una caja y listo...

Leo: —No tenías noción de cuánto te quedaba guardado. No supiste nunca ahorrar.

Gallego: —No. Yo estaba muy bien económicamente, pero me separé de mi mujer y fue el peor negocio de mi vida. Tenía casa en Pinamar, una casa de 400 metros, tenía un departamento, todo. Me separé y dejé todo. Yo me fui a vivir a la casa de mis padres, con mi madre, porque mi papá ya no estaba. Y me puse de novio con una mujer.

Leo: —Empezaste de nuevo...

Gallego: —Sí, le dije a mi entonces ex mujer: “No me esperes porque me enamoré de otra mujer”. Fui con la verdad. Y bueno, pasó el tiempo, cada uno hizo su vida. Yo iba a ver a los nenes. Y la persona que estaba viviendo, ella tenía dos nenas de la misma edad que mis dos hijos. Y las nenas decían: “Gallego, papá, papá y papá”. Y el padre me puteaba en arameo y la madre también porque decía que las nenas querían estar más conmigo que con el padre. Hasta que un día me dice: “Me parece que vamos a tener que vivir separados”. Y yo le digo: “Qué bien, después del quilombo que hice, que me separé, que se pudrió todo, no me saluda ni los perros...”. La única que me llamaba era mi ex suegra en ese momento cuando estaba separado de la hija.

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“Me compré 19 coches en 17 años mientras jugué en Primera. Ahora podría tener 10 locales”, confesó González. (Candela Teicheira)

Leo: —Pero no fuiste desprolijo en el amor, solamente te separaste porque dijiste: “Me enamoré de otra chica”

Gallego: —Dije la verdad y me fui.

Leo: —Te vas, te separás y haces división de bienes. ¿Ahí quedaste en cero, bancarrota? ¿Todavía jugabas al fútbol?

Gallego: —No, ya estaba retirado. Vendí una casa que tenía en Pinamar que me la quedé yo porque no tenía trabajo. Ya había dejado el fútbol, todo y puse un bar.

Leo: —¿Y qué hiciste con el bar?

Gallego: —Empecé a vivir. Yo iba a mi casa a ver a los nenes o me los traían.

Leo: —Y arrancaste de nuevo…

Gallego: —Y el que puso el bar era un gallego que me dijo: “González, si usted en un mes, en una semana de trabajo, no recupera la plata del alquiler, ciérrelo porque se funde”.

Leo: —¿Ese fue el consejo?

Gallego: —Sí. ¿Y qué pasó? Me fundí. Nunca recuperé la plata. No venía nadie. Venía Ricardo Gareca de vez en cuando y me ponía la plata abajo del plato de fideos y se iba. Traje gente a cantar, puse barman. Hice un desastre...

Leo: —¿Y con tu mujer qué pasó?

Gallego: —Mi mujer estaba haciendo su vida y yo la mía. Y los pibes me decían: “Dale, papá. Vení, quédate a comer, quédate a dormir”. Y yo: “No, no. Me voy”. Y un día me agarra mi ex mujer y me dice: “¿Por qué no te quedás acá y te dejás de romper las pelot**?” La miro y le digo: “¡¿Qué está diciendo?!” “Que te quedes acá”, me responde. “¿Y cómo hacemos?”, le digo (risas). Entonces, propuse el cero a cero. “Lo que hiciste vos, lo hiciste vos. Lo que hice yo, lo hice yo. Si vos me haces un gol, cagam**, y si yo te hago un gol, cagam**”, dije. Entonces cero a cero. En Pandemia me volví a casar con ella. Gracias a Dios.

Leo: —¿Se había separado legalmente?

Gallego: —Estábamos casados legalmente, nos divorciamos y nos volvimos a casar (risas).

Leo: —Es una historia de amor espectacular. Sacando el receso, ¿cuánto llevan juntos?

Gallego: —25 años. Dos hijos: Yamila y Fernando; y tres nietos. Mi mujer es un ser de luz, un ángel, una tipa que hizo todo por todos.

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“Separarme de mi mujer fue el peor negocio de mi vida”, admitió el Gallego en diálogo con Leo Montero. (Candela Teicheira)

Leo: —Fuiste muy cercano a Diego Armando. ¿Qué es lo que más te acordás de él?

Gallego: — Me emociono. Soy medio maricón cuando hablo de mi padre o de gente a la que quiero mucho. Se me ponen los ojos así (llorosos). Un día, un viernes, me dice: “Viene a comer Ruggeri, Gareca, Goikoetxea”. A mí me encanta recibir gente, hacer asado. Lo traigo a Diego y había amigos míos. No había celulares, no había cámaras. Antes, les digo: “No rompan las bo*** con las fotos que viene Diego”. Y al rato él me dice: “¿Ninguno de estos se quiere sacar una foto conmigo?” (risas).

Leo: —Él estaba esperando…

Gallego: —Ahí pregunté: “¿Alguien se quiere sacar una foto?”. ¡Salieron volando! Cable, cámaras... fue una locura.

Leo: —Tenía gestos que todos valoran y recuerdan hoy en día.

Gallego: — Sí. Ese domingo jugaban un partido Argentina-Brasil que organizaba Tinelli. Le digo: “¿Vos no vas al partido? Y me dice: “No, no me invitó”. “¿Cómo no te va a invitar?”, le respondí. “Yo quiero cobrar”, me explica. Entonces lo llamo a Hugo Isa, amigo de toda la vida que hace mucho que no veo y era íntimo de Tinelli. Le digo: “Está Diego comiendo en casa y no va a jugar el partido. ¿Cómo no va a ir?”. “No quiere”, me responde y le digo: “Sí que quiere”. “Y Cuánto quiere?”, me pregunta. Imaginate cuando me preguntó a mí. Yo no sabía arreglar la plata mía, menos la de Maradona. Yo le dije: “50 verdolagas”. “Esperá que ahora le digo a Marcelo que lo llame”, me dice. “No, que no lo llame, si confirmás lo que te digo. Que Marcelo diga: ‘Se confirma la presencia de Diego Maradona el domingo…’ Si dice eso, ya está”, le dije.

Leo: —¿Y pasó eso?

Gallego: —Marcelo cierra el programa diciendo: “Se confirma la presencia de Diego Armando Maradona en el partido el domingo”. Diego me mira: “¿Cuánto le pediste?”. “50”, le digo. Me abrazaba y me agarró la cara y me empezó a besar (risas). Jugamos, fuimos a comer y me dice: “Me voy a tu casa”. ¡Seís días se quedó en mi casa!

Leo: —No se quería ir…

Gallego: —Se quedó viviendo conmigo (risas). Llamaba Claudia: “¿Dónde está Diego?”. “No estoy, no estoy”, decía. No se quiso ir. Es la historia más importante de mi vida que tuve con él.

Leo: —La mejor transacción de tu carrera la cerraste para Diego.

Gallego: —Nunca en mi vida hice un contrato por esa plata. Marcelo anunció: “Estamos comunicados con la casa del Gallego González”. No sabés lo que era la puerta. Había una abuelita congelada. Le digo a Diego: “La hago pasar”. Y se sacó una foto con ella y con el hijo. Después él salió al balcón como Perón: “¡Gente, yo de acá no me voy! Hace frío, váyanse. Los quiero”. Ahí se fueron todos y apareció Tinelli en mi casa después. Eran las cosas que pasaban con Diego.

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