A Martín Campilongo quizás no lo reconozcan de inmediato por su nombre. En cambio, por Campi, su apodo, lo conoce todo el mundo. El actor, uno de los más queridos en el ambiente de la televisión, protagoniza la adaptación teatral de la célebre película Esperando la carroza, un clásico argentino, en el teatro Broadway y con producción de RGB.
A lo largo de la entrevista con el Pollo Álvarez en el ciclo de Infobae Casino Resort, Campi reflexionó sobre su carrera, su vida personal junto a Denise Dumas y hasta una desopilante anécdota con Ricky Martin que casi termina mal. En sus respuestas, Campi se mostró como un hombre sencillo con una carrera llena de momentos memorables. Y, como no podía ser de otra forma, abordó su faceta como comediante: “No soy un cago de risa, soy un tipo normal que labura de esto”, dejando claro que aunque la comedia sea su oficio, su vida va mucho más allá del humor.
—Hacés Esperando la carroza en el teatro. Es muy difícil interpretar un personaje de una película que todos vimos, ¿O te dan el guión y decís “bueno, es trabajo”?
—Es una responsabilidad muy grande, porque es parte de la argentinidad esa obra. Aparte yo hago de Mamá Cora, el personaje de mi amigo Antonio (Gasalla). Yo de movida dije que no.
— ¿Por qué?
—Porque hay muchos ojos puestos. O es muy difícil. A los primeros que invité fue a Los Carroceros, que son fanáticos de Esperando la carroza y son un montón. Y les dije, ‘si pasamos esta valla, ya está‘. Los tipos estaban felices, chochos. Les encantó. Antonio no la vio, ya no estaba bien. La vio Carlos, el hermano, y la familia de Antonio. Para mí era importante. Es como cuando hice a Tato Bores, me empezaron a llamar los Borensztein
—¿Y te quedaste más tranquilo?
—Sí, sí, porque ya está.
—Sos un tipo muy gracioso en tus personajes. ¿En la vida real sos igual?
—No, no soy un cago de risa. Soy un tipo normal que labura de esto. No soy el que te hace chistes todo el tiempo. Me pasa que, si estamos en una cena, soy el que mira. A mí me gusta disfrutar de la risa de los demás, no ser el centro de atención. A veces, en reuniones, me dicen “contá algo”, pero no, no soy el que rompe el hielo con chistes. Prefiero ver cómo se da la situación, disfrutar la naturalidad de los demás.
—Antes de ser actor, fuiste mil cosas, y leí que querías ser camionero, ¿es cierto?
—Sí, de pendejo, cuando cumplí los 18, saqué el registro de camioneta. Porque hay que ir con un camión, y yo no tenía un amigo camionero que me lo preste. En ese momento era así.
—¿Pero qué querías? ¿Hacer rutas largas?
—Sí, me gustaba la idea de estar solo, escuchando música, que nadie te joda, pensar. Me parecía un planazo. Y todavía me sigue pareciendo un planazo. Tengo un montón de amigos camioneros.
— Es una profesión que te copa, ¿no?
— Me encanta. Me gusta todo lo que tiene que ver con la ruta, la soledad del camino. Y el plan de amanecer en la Patagonia, mañana ir a Salta, me vuelve loco. Es algo que, si pudiera, lo haría, sin dudas.
— Esas historias de parar, cambiar una rueda, dormir en la cucheta…
—Sí, sí, todo eso. ¡Es un planazo!

— ¿Tenés algún ritual para dormir?
— Jajaja. Sí, cómo no.
— Es un ritual que no es tan estético, pero parece que te funciona.
— Es que tengo problemas para dormir. No es un ritual religioso ni nada de eso, pero si no hago esto, no puedo dormir. Necesito oscuridad absoluta. Yo tengo que tener la habitación totalmente a oscuras, sin luz del televisor, sin nada. Y uso tapones, porque el ruido me mata. No soporto los gritos, los bocinazos, el ruido en general.
—¿Usás tapones?
—Sí, sí, los tapones descubrí que me ayudaban un montón. Y aparte, tengo problemas de respiración, como la hipertrofia de cornetes. Soy un desastre, jajaja. Pero esos tapones, junto con la oscuridad, me salvan la noche.
— ¿Y eso es algo que le contás a la gente, o lo descubriste solo?
— No, no, lo descubrí solo. Y la gente me pregunta mucho por Instagram, porque hay gente con el mismo problema, y me agradecen. Es algo raro, pero funciona como loco. Y también uso medias para dormir.
—Pero llevás casi 19 años casado.
—SI. El tema fue cuando arranqué con esas primeras veces. Porque era, ¡uh, esta se me puede ir y tiene todos los dientes! No la voy a dejar (risas).
— Imagino que las primeras veces que durmieron juntos no te pusiste nada. Te hiciste el boludo.
—Sí, me hice el boludo. Años después escuché la versión de ella, de cómo era yo durmiendo la primera vez. Porque yo transpiro mucho la cabeza, el cuerpo. Dice que ella me veía, y yo uso medias de toalla. ¿No es una cosa espantosa?

— ¿Cómo es esa relación?
— La verdad que al principio era complicado, porque ella no entendía mucho mis manías.
— ¿Y cómo es ahora?
— Todo es más tranquilo. Y lo más gracioso es que, a pesar de todas mis manías, ella también tiene sus cosas. Pero ya nos entendemos. De todas maneras, las medias de toalla no las dejo, jajaja.
— En ustedes está muy claro lo del amor. Ella habla de vos y hay mucho amor. Y lo mismo pasa en las notas tuyas.
—Sí. Nos reímos mucho juntos y somos muy respetuosos. Hay límites que no se pasan. Si se llegan a pasar, se pide perdón y se vuelve para atrás. Nunca nos puteamos, por más que sea una discusión fuerte. Es un límite que nunca se pasa. No me imagino traicionándola. Y calculo que ella tampoco. Entonces vas muy cómodo por la vida. Podés concentrarte en otras cosas. Si mi mujer está en casa sola, está en casa sola. No toda la gente tiene la suerte de confiar en su pareja. Yo le creo todo. Y ella también.
—Es eso, la admiración también.
—Yo la admiro en un montón de cosas. Y ahí está el amor. Es como una buena semilla la admiración. Pasaron 18, 19 años y yo sigo admirando un montón de cosas de ella que yo no tengo y ya a esta altura sé que no voy a tener, pero me encanta que las tenga mi mujer. Y a ella le pasa lo mismo.

—Voy a cambiar de tema. Nada que ver ¿Casi te agarraste a piñas con Ricky Martin o te agarraste?
—No. Gracias a Dios, porque el pibe mide como dos metros.
—Vos decís que te caga a trompadas.
—Si. Yo lo calzo, un par de ñoquis se come. Pero es enorme, loco. Es grandote. Menos mal. Aparte, es un pingazo el tipo.
—¿Pero qué pasó? ¿Hubo una confusión?
— Fue muy irrespetuoso. Y eso no va.
— Pero contame algo. Lo que puedas.
—Empezaba el año de Videomatch. 40 puntos de rating. Cuando empezaba mandaban saludos las grandes figuras del mundo. Ricky Martin, Julio Iglesias, Maradona, esa época. O venían al piso o le mandaban un saludo a Marcelo. Tinelli quería el saludo de Ricky Martin. ¿A dónde está Ricky? En Nueva York. Y dice, ‘José María (Listorti) y Jorge, mi personaje, van a Nueva York’.
—Hoy sería imposible, hoy no hay presupuesto.
—Era una época que decían, dónde está Nueva York y vamos los dos más camarógrafo, sonidista y productor. Así era la vida. Había que tener la visa al día, el pasaporte todo el tiempo.
— Pará,te mandan donde estaba Ricky, a Nueva York.
—Lugar que a mí me encanta, me vuelve loco. Con José María, con mi amigo. ¿Cuánto? Uno o dos días. Buenísimo. Listo, hacemos la nota y a pasear. Llegamos, era un hotel medio croto. (Hace la mímica de hablar por teléfono) ‘¿Ricky Martin?’ ‘En media hora los atiende, quédense en el hotel’. A la media hora: ‘los atiende en tres horas, quédense en el hotel’.

—¿En el de Ricky Martin?
— No, en el nuestro, en el croto. A la mancha de humedad le encontrábamos la forma. Yo veo a Mickey. Yo veo un delfín, decía José María. A las 21:00 de la noche, ‘los llaman en cualquier momento’. Bueno, en el hotel al otro día. ‘Che, perdón por lo de ayer, hoy, a lo largo del día, estén en el hotel’. Dos o tres días. Al tercer día yo ya estaba loco. No podía salir del hotel, porque llamaba Ricky Martin. Y había que ir a la Sony.
—Pero igual podrías haber paseado y te ibas.
—No había teléfono celular en ese momento. Yo tenía una novia española en ese momento, que venía a conocer la Argentina al cuarto día… El día 3, yo estaba loco, la llamo a mi vieja y le digo, mira, mi situación es esta tengo una novia española, viene mañana, andá a buscarla, vieja. Es rubia, bajita, cuando veas un acento, decile que sos mi vieja. Todo un loco.
—Un chino total.
— Día número cinco, ya la española amiguísima de mi madre. Y llaman: ‘vengan a la Sony’. Listo, yo ya lo tenía montado en un huevo a Ricky Martin. Llegamos. Me pongo a Jorge (hace el gesto de ponerse una peluca), y Ricky Martin estaba con el productor. Lo veo que me mira, y le dice (susurra). Viene el productor, me dice ‘Vos no vas a estar’. Le digo ‘¿cómo?’, ‘no, vos no, José María. Le pone el micrófono, manda el saludo a Marcelo y listo’. Le digo, ‘¿Por qué no voy a estar?’ ‘No, por las luces’. ¿Qué luces? Le digo al tipo ‘yo lo vi a este que te dijo a vos, pepepepepepe. Yo estaba loco.
—Vos ya venías con información.
—Eso es mi barrio es piña. Le digo: ‘Che, loco, tené los huevos de decírmelo en la cara, ¿qué te pasa? Yo hace cinco días que te estoy esperando acá Ricky Martin’. Y Ricky Martin me dice ‘no, bueno..’. ‘Qué bueno ni bueno, hace cinco días, loco, yo estoy laburando, yo no tengo un disco tuyo, no tengo idea lo que hacés vos, yo estoy laburando acá’. Loco estaba. Y el tipo entró a encarar también.

—En la Sony aparte, imagino un estrés.
—Sí, en la recepción de Sony, ahí con sillones. Se para, me paro y encaro y el pibe también. Y nos entraron a separar. Menos mal, porque se me venía un edificio, pero igual yo lo ponía.
—¿Él arrancó también?
—¿Cómo? Él arrancó cuando vio que yo no lo dejaba hablar. ¿Que qué me decís, la concha de tu madre! El pibe encaró. Sí, sí, sí.
—¿Nunca sanaste esto con Ricky?
—No, no lo vi más. Ni sé si tiene idea quien soy yo.
— Igual te queda para toda la vida.
—Yo no sé ni si sabe quién soy ni si se acuerda de eso, yo me acuerdo. Y si se acuerda, viene abrazo. Ya está. Es una anécdota genial.
— ¿Qué edad tienen tus hijos?
—Eh, 13, 17, 21 cumplió recién y 23.
—No vaya a ser cosa que venga Ricky Martin a Argentina y alguno esté desesperado por ir a verlo.
—Y está muy bien. Labura divino.
Ver la entrevista completa:
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