
El jueves cerca de la medianoche, Alberto Fernández llamó al celular de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) para contarle su reunión con Christopher Dodd, un ex senador demócrata enviado por Joseph Biden a Buenos Aires para asegurar la participación del Presidente en la Cumbre de las Americas que organiza Estados Unidos en Los Ángeles.
El cónclave entre Alberto Fernández y Dodd fue una calamidad diplomática.
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El jefe de Estado enumeró y explicó sus diferencias geopolíticas con la agenda Washington para América Latina, y el enviado especial de Biden abandonó Balcarce 50 convencido que Alberto Fernández no concurría a la Cumbre.
La presunción negativa de Dodd no tuvo en cuenta dos hechos políticos que evalúa el Presidente para definir su concurrencia a la Cumbre de las Americas: el rol personal asumido por Biden para facilitar la negociación de la Argentina con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y las posibilidades de Donald Trump para recuperar el Salón Oval en 2025.
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El Presidente considera que Biden defraudó sus expectativas respecto a la agenda que propuso para América Latina, pero no olvida su protagonismo al momento de cerrar con el FMI. “Me ayudó con el Fondo, y eso hay que reconocerlo”, comentó Alberto Fernández.
Sin embargo, el jefe de Estado factura a la administración demócrata que preservó los mismos parámetros geopolíticos que Donald Trump.
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Alberto Fernández piensa que Biden mantuvo la agenda republicana que se vincula a Bolivia, Cuba, Venezuela, la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y que esa decisión lo alejó de las verdaderas necesidades de América Latina.
La mirada crítica de Alberto Fernández sobre Biden se aplaca cuando analiza el peso político creciente de Donald Trump en la agenda doméstica de los Estados Unidos. Trump tiene intenciones de regresar a la Casa Blanca y Biden aparece debilitado por la situación económica causada por la pandemia y agravada por la guerra de Rusia contra Ucrania.
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En este contexto, Alberto Fernández evalúa que una Cumbre de las Américas vacía de líderes y contenidos regionales puede beneficiar las posibilidades electorales de Trump.
El Presidente ya sacó las cuentas: AMLO anunció que no va, está en duda Jair Bolsonaro (Brasil), Ivan Duque (Colombia) termina su mandato con una pésima imagen política, Luis Arce (Bolivia) medita qué hacer, Cuba, Nicaragua y Venezuela no fueron invitadas, hay incertidumbre sobre un puñado de naciones caribeñas, y Argentina aún no decidió su concurrencia a Los Ángeles.
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Muy poco para Biden que enfrenta los comicios de medio término en noviembre y la mayoría de las encuestas pronostican un derrota irreversible.

Con esta composición de lugar y desde la quinta de Olivos, Alberto Fernández describió a López Obrador su largo cónclave con Dodd, reiteró su posición a favor de la participación de Cuba, Nicaragua y Venezuela en la Cumbre y ratificó que no tiene intenciones de dañar a Biden, pese a sus cuestionamientos a la agenda diplomática que la administración demócrata aplica en América Latina.
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El Presidente de México coincidió con su colega argentino y recordó que ya había exigido esa decisión política a Biden durante una video conferencia que protagonizó con el ex senador Dodd a mitad de la semana pasada.
En esa oportunidad, Dodd ratificó ante AMLO que Biden no tenía intenciones de invitar a los líderes autoritarios Miguel Díaz-Canel, Daniel Ortega y Nicolás Maduro. Para justificar la decisión de la Casa Blanca, Dodd utilizó con López Obrador los mismos argumentos que días más tarde ofrecería a Alberto Fernández.
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A continuación, medianoche en Buenos Aires, el jefe de Estado le preguntó a López Obrador si finalmente participaría de la Cumbre en Los Ángeles. “No puedo. Me lo prohibe la Constitución. Sería una injerencia en los asuntos internos de los Estados Unidos-, contestó AMLO.
-Si vos no vas, y yo tampoco, la Cumbre no tiene valor para Biden. Es un costo político para él, que es lo que quiero evitar-, opinó Alberto Fernández.
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-Andá vos. Vos no tenés una limitación constitucional. Vas en representación de la CELAC. Y nos representas a todos...-, sugirió López Obrador.

Cuando cortó la llamada telefónica, Alberto Fernández se quedó meditando. AMLO le pedía ir a la Cumbre, pese a las muy probables ausencias de Cuba, Nicaragua y Venezuela. El Presidente mexicano había hecho un movimiento diplomático que completaría durante sus habitual conferencia de prensa en el Palacio Nacional.
“El presidente Biden es gente buena, no tiene el corazón endurecido, pero hay grupos pequeños de intereses que actúan y amenazan”, señaló AMLO -el viernes pasado- en su encuentro con los periodistas.
Y remató para completar su jugada de ajedrez: “Ayer hablé con Alberto Fernández (por el jueves), gente buena, solidaria, ellos no tienen el principio de no intervención en su Constitución como nosotros, por eso la política exterior de México es extraordinaria”.
Las declaraciones López Obrador llegaron sin escalas al celular de Alberto Fernández. Fueron enviadas por el canciller Santiago Cafiero, que estaba en Ciudad de México para coronar una gira destinada a profundizar las relaciones bilaterales entre ambos países.
El mensaje de López Obrador era simple: le pedía al Presidente de la Argentina -titular además de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños- que participara de la Cumbre para explicitar las críticas de ciertos países de la región a la mirada de Biden sobre América Latina.
Pero AMLO no sólo movió en su territorio.
Nicolás Maduro, desde la Cumbre de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), se plegó a la estrategia del presidente de México. Estaba en Cuba, otro de los regímenes autoritarios que la Casa Blanca dejó afuera de la Cumbre de las Americas.
“Quiero agradecer las declaraciones valientes del Presidente de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, el presidente argentino Alberto Fernández. (...) Sabemos que su voz, firme, clara y valiente, va a ser una de las voces más poderosas para cuestionar la exclusión y el intento de división de América Latina y el Caribe, con esta política errática del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica”, señaló Maduro desde La Habana.

La presión diplomática ejercida por AMLO y Maduro sobre Balcarce 50 encierra una paradoja geopolítica: coinciden con Joseph Biden, que envió al ex senador Dodd para lograr que Alberto Fernández confirme su presencia en la Cumbre de las Américas.
El Presidente se asume como un representante regional con suficiente envergadura multilateral -por la CELAC- para articular una relación estable entre los países aliados de la Casa Blanca y los regímenes autoritarios que aún sueñan con la época de Sandino, Ernesto Guevara y Salvador Allende.
Desde esta perspectiva, no debería sorprender que Alberto Fernández anuncie su participación en la Cumbre de las Américas antes que concluya la semana próxima. Tiene la invitación formal de Biden y el respaldo público de López Obrador y Maduro, mientras Cuba y Nicaragua se mantienen en silencio -hasta ahora-como una implícita señal de consenso diplomático.
Si finalmente el jefe de Estado viaja a Los Ángeles, en Olivos habrá una larga tertulia política para definir la intensidad y el volumen crítico del discurso que Alberto Fernández pronunciará para respetar su alianza bilateral con AMLO, satisfacer los deseos autoritarios de Díaz Canel, Maduro y Ortega y evitar que Biden quedé en falsa escuadra ante Trump y su renovada ambición electoral.
Este discurso será un desafío intelectual para el Presidente. Es probable que Alberto Fernández vaya a Los Ángeles, pero toda su expectativa política está puesta en la reunión del G7 que organiza Alemania. Si cruza ciertos límites ideológicos durante su discurso en la Cumbre de las Americas, esa expectativa quedará como un sueño distópico.
Biden cobrará en Europa, lo que Alberto Fernández se exceda en Estados Unidos.
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