Como suele suceder, la votación de hoy en la Cámara de Diputados a favor del aborto legal dejó ganadores y perdedores. Pero, a diferencia de lo que ocurre habitualmente, esta vez muchos de los que quedaron de un lado y del otro comparten el partido de gobierno. Y el resultado, sorpresivo para la gran mayoría, será muy difícil de digerir para varios legisladores y funcionarios que solo lograron superar la incomodidad de los últimos meses convencidos de que el proyecto chocaría con la resistencia de la mayoría de los diputados.

Desde que Mauricio Macri anunció que habilitaría el debate por el aborto en el Congreso, un grupo importante de integrantes de Cambiemos -por cantidad y relevancia de sus cargos- se sintió descolocado. Como quedó demostrado con las dos fotos delante del Congreso, el partido oficialista exhibió ante la sociedad sus profundas divisiones en un tema de sensibilidad extrema.

Pero la vehemencia de uno y otro grupo nunca fueron iguales. Varios de los que se manifestaron a favor de la legalización exhibieron un compromiso creciente con una causa que parecieron ir descubriendo a lo largo del debate. Muchos de los que lo hicieron en contra, en cambio, mostraron en público -y aun más en privado- una profunda convicción religiosa en contra del aborto.

A la 1:30 de la mañana de hoy, cuando la votación empezaba a inclinarse a favor de la despenalización, un importante funcionario del Gobierno no ocultaba su sorpresa ni su molestia. "Mauricio siempre me habló de 'los nuestros' cuando se refería a los que están en contra de la ley", se lamentaba. De ser así, el resultado podría interpretarse como una derrota del Presidente.

Más temprano, en cambio, otro funcionario con despacho en la Casa Rosada analizaba que un traspié del proyecto en el Congreso sería también una derrota de Macri por haber sido él quien impulsó el debate. En esa lógica, el Presidente tendría hoy, después de mucho tiempo -si no se tiene en cuenta el acuerdo con el FMI-, un motivo para celebrar.

Lo cierto es que a Macri nunca pareció importarle demasiado el resultado de la votación en Diputados. Tampoco lo que pueda ocurrir ahora en el Senado. El Presidente siempre insistió con respetar la libertad de conciencia y de acción de sus legisladores y solo se preocupó porque el debate no se saliera de cauce. Parecía entender que el hecho de haber promovido la discusión ya era un triunfo en sí mismo.

Difícil saber si evaluó en algún momento cómo podría afectar una derrota a los miembros de Cambiemos que le pusieron el cuerpo a la campaña antiaborto. Macri sabe muy bien a quiénes tendrá que contener a partir de hoy.

Elisa Carrió y Gabriela Michetti encabezan ese grupo. La vicepresidenta fue, se sabe, quien organizó la foto de los que se oponen a la despenalización como respuesta a la que se habían sacado días antes los ganadores de hoy. No lo hizo por obligación ni por conveniencia, sino convencida a partir de sus creencias.

Con pañuelos celestes y un grito de "sí a la vida", la acompañaron los ministros Luis Caputo (Finanzas), Guillermo Dietrich (Transporte), Alejandro Finocchiaro (Educación) y Andrés Ibarra (Modernización) y el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo. Y muchos otros funcionarios de segunda línea.

En esa foto hubo al menos tres ausentes que deben haber sentido muy fuerte el impacto de la votación de hoy: Jorge Triaca (el ministro de Trabajo estaba en Ginebra por la Conferencia Internacional de la OIT), Carolina Stanley (se encontraba en Roma junto a la gobernadora María Eugenia Vidal para reunirse nada menos que con el papa Francisco) y el senador Esteban Bullrich, que estaba recién operado de una apendicitis que derivó en peritonitis. Para ninguno de los tres, al igual que para muchos otros, la votación a favor del aborto legal pudo resultar indiferente.

Ahora, Michetti, Pinedo y Bullrich podrán hacer esfuerzos para que el proyecto que votó Diputados no sea aprobado en el Senado. Pero a esta altura, con la derrota tan fresca, ninguno se animaría a anticipar qué puede pasar durante el próximo debate.

Mientras tanto, será el propio Macri quien deberá trabajar duro para curar las heridas que dejó la votación en varios integrantes de su gabinete.