Una semana atrás, en el Senado de la Nación hubo quienes planearon arrojar una bandera pero desistieron. No había clima, no son las formas de la Cámara alta, donde todo parece más controlado y donde los legisladores representan a los Estados provinciales y antes de votar escuchan a sus gobernadores. En la Cámara de Diputados la composición es distinta, mayor, y a la vez más fragmentada, y el estado deliberativo permanente, con pronósticos de fuertes y viscerales debates a partir de la semana que viene. Para muestra basta lo que hoy ocurrió.

El sindicalista Walter Correa fue el primero en pronunciar los nombres de Néstor y Cristina Kirchner en la sesión preparatoria donde prestaron juramento 126 diputados electos. Una parte de los presentes estalló en aplausos cuando el diputado de Unidad Ciudadana juró por los ex presidentes. En orden alfabético, pero agrupados según la fórmula elegida, lo siguieron Daniel Scioli, Fernando Espinoza, Vanesa Siley, Magdalena Sierra y del Frente Renovador, Mirta Tundis y Felipe Solá.

Siley, del gremio porteño Sitraju, juró "por los trabajadores y trabajadoras y por Néstor y Cristina". Tundis, por los jubilados. Espinoza, ex intendente, "por el pueblo de La Matanza" y Sierra, puesta en la lista de Unidad Ciudadana por el intendente de Avellaneda Jorge Ferraresi, juró por su localidad y "por los 30.000 desaparecidos y Néstor y Cristina". Sólo Scioli y Solá no agregaron nada.

A cada uno, sectores de La Cámpora y tribunas peronistas los alentaron y aplaudieron fuerte.

Pero otra parte del recinto aplaudió con las mismas ganas los discursos que expresaron desde el otro lado de la grieta. Fue el caso de uno de los últimos, el periodista Martín Grande, de Cambiemos de Salta, que juró "porque los delincuentes no gobiernen nunca más este país". Como él hubo juras "contra la corrupción" y no hubo necesidad de que explicaran que se referían al anterior gobierno. Los propios, volvieron a apabullar con los aplausos en el recinto, aunque hubo pocos gritos.

Fue excepcional entre los diputados electos de Cambiemos el agregado de palabras a sus fórmulas. Cuando fue el turno de Santa Fe, Agustín Rossi y Luciano Laspina, uno jefe del bloque del FpV-PJ con aspiraciones reiteradas en su provincia y el otro, con las mismas aspiraciones, estratega de Cambiemos en temas económicos. Parados frente al micrófono simbolizaron los dos modelos, el del oficialismo y el de la oposición más dura después de la presentación del bloque Argentina Federal que nucleará a 35 diputados de las provincias de Salta, San Juan, Córdoba, La Rioja, Tucumán, Chaco, Entre Ríos y Misiones. Dos caballeros, Rossi y Laspina, se saludaron con corrección y al término del "sí juro" que pronunciaron al unísono hubo un abrazo entre los dos.

La lista siguió con la mayoría de los kirchneristas haciéndose oír y repitiendo los nombres de ambos ex presidentes y a veces también el de Perón o Evita. Mónica Macha, de Nuevo Encuentro, lo hizo como la mayoría de los bonaerenses K y Horacio Pietragalla, nieto restituído de las Abuelas de Plaza de Mayo y ex funcionario de Nación y del gobierno de Alicia Kirchner, juró "por los organismos de Derechos Humanos que no son ningún curro". La referencia, claro, fue para una frase de Mauricio Macri cuando aún no era presidente en una entrevista en la que así calificó a parte de los manejos en esta materia durante el kirchnerismo.

Elisa Carrió, abanderada de la pelea entre el futuro de Cambiemos y el pasado de Cristina, llegó última y se retiró primera. Un embotellamiento la retrasó, explicaron cerca suyo, y evitó a la jura de Martín Lousteau y Carla Carrizo, que fueron candidatos en su contra por la UCR (con el nombre Evolución) después de que el PRO y la Coalición Cívica no aceptaran internas en la ciudad de Buenos Aires. Se fue, junto a una enfermera con tensiómetro en la mano, después de ser la última en jurar, sola, pero muy aplaudida. Se comprometió a cumplir "con la ayuda de Dios". En su entorno dijeron a  Infobae que estaba "bien" y que se había retirado a tomar algo fresco.

(Adrián Escandar)
(Adrián Escandar)

En el recinto fue evidente el nuevo reparto del poder: el oficialismo como la primera minoría con 107 diputados; el FpV-PJ con 60 o 65 legisladores férreamente opositores (entre ellos Máximo Kirchner); el nuevo interbloque Argentina Federal con 35 dialoguistas; el massismo sin Sergio Massa (ya sin banca esperaba a los suyos en su oficina de Libertador para un brindis) con 21 o 22 legisladores obligados a recalcular estrategias y últimamente más opositores que el bloque donde está Diego Bossio.

Argentina Federal tuvo premio: le arrebató a los renovadores la vicepresidencia tercera que ahora queda en manos del cordobés Martín Llaryora. Y los massistas le arrebataron al peronismo cordobés una diputada, Adriana Nazario, pareja  de José Manuel De la Sota, que no va al bloque de los gobernadores que impulsó Schiaretti con Sergio Uñac, Sergio Casas, Gustavo Bordet, Juan Manuel Urtubey y Juan Manzur, todos definitivamente alejados del kirchnerismo.

En ese marco, donde algunos dialogan y otros cada vez se alejan más, hubo otro premio al interbloque de los gobernadores: el ex jefe del Bloque Justicialista, esbozo de esta fracción ampliada, Oscar Romero, fue electo prosecretario administrativo.

De Salta, por Unidad Ciudadana, juró Sergio Leavy que expresó su promesa "por la igualdad del norte argentino y la unidad del peronismo". Hoy, parece no ser más que una utopía.