Miembro de número del Instituto de Historia Militar de la Escuela Superior de Guerra, del Consejo Académico de la Escuela de Defensa Nacional y de la Academia Argentina de la Historia, Rosendo Fraga aseguró en InfobaeTV que si el Gobierno no propone un plan, cada vez que haya un accidente en las Fuerzas Armadas se recordará lo que no hizo después de la tragedia del ARA San Juan.

El experto consideró además que la desaparición del submarino es un episodio que sirve para cerrar la grieta entre la sociedad y los militares y señala un detalle: el 85% del voto en la Antártida fue para Cambiemos en el 2015 y el 2017 porque "el Gobierno fue neutral con los militares, pero el kirchnerismo fue hostil, hubo un claro avance".

– Estamos conmovidos como toda la sociedad argentina por este suceso dramático del ARA San Juan. Habitualmente usted habla de los "imponderables" en política. ¿Qué consecuencias está teniendo este imponderable hoy en la Argentina?

– Primero, este es un suceso que concentró la atención y desplazó los fenómenos políticos del centro de la atención pública y de los medios. Antes de que se cumpliera un mes de una elección muy importante, que fortaleció mucho al Gobierno, el tema desapareció del centro de la escena, los efectos políticos de esa elección se diluyeron. Los acuerdos políticos de Macri, otro paso importante (más allá de lo que se alcance, por la filosofía de búsqueda de consenso) duraron 48 horas en cuanto a efecto político por el tema del submarino. Hay que asumir que esta es una crisis que va a durar un tiempo más en el centro de la escena, no diría meses, pero sí semanas.

– ¿Es positivo o negativo para el Gobierno que se instale este nuevo debate?

– Puede tener un efecto positivo o un efecto negativo, de acuerdo a cómo se maneje. Esto puede servir para un debate o replanteo en la política en defensa, que yo sugiero sería lo conveniente a hacer. O puede generar un estancamiento en el problema, y una crisis constante. Es decir, cada vez que aparezca un episodio negativo, volverá a traer este asunto al centro. Hace dos semanas, por ejemplo, un soldado del Ejército murió en un accidente. Esto no lo notó nadie porque se trataba de una sola persona, pero de ahora en más, este tipo de episodios van a tener un efecto político mayor.

– ¿Colabora esta tragedia para cerrar la grieta entre la sociedad y los militares?

– A mí no me cabe la menor duda de que sí. Lo que observo en la gente, incluso en los dirigentes, es una disposición a pensar que aquí había un problema, algo para revisar. El drama de 44 familias genera una cierta empatía de la sociedad ante las Fuerzas Armadas, y colabora en cerrar esa grieta.

– ¿Y esto le puede permitir al Gobierno resolver esta cuenta pendiente de la democracia, el rol de las Fuerzas Armadas?

– Hace pocas semanas, cuando el Presidente lanzó la reforma previsional, tributaria, el pacto fiscal y la reforma laboral, en el CCK, esbozó una reforma educativa y una reforma electoral. Lo decía antes y lo digo ahora: tuvo la oportunidad de plantear la reforma en Defensa, también. Creo que la respuesta política a esta crisis es plantear la reforma en defensa, es un área que necesita un replanteo, una renovación. En la coyuntura a veces es un tema que no parece relevante, pero en las visiones de largo plazo de cualquier Estado juegan un papel importante.

– A veces se lo ve al Presidente un poco incómodo con esto de sentirse obligado a pensar esto, que no estaba en sus prioridades. No solo él, no fue prioridad para ningún gobierno de la democracia.

– Es verdad, no fue prioritario para nadie, pero hubo actitudes políticas distintas. El kirchnerismo tuvo una actitud de hostilidad. En cambio, la administración Macri tuvo una actitud de no hostilidad, de neutralidad, que comparada con la hostilidad es un avance muy importante. Te agregaría un dato de sociología militar. El voto más identificable es el voto militar, porque tiene un lugar específico donde se expresa, en la Antártida. Esos más de 200 votos de la Antártida, donde el 90% son militares en actividad, con pirámide de grado y edades que es una muestra perfecta de una encuesta, por porcentajes de cada fuerza. Históricamente fue medido como un dato del voto militar, desde los años 50. En las dos elecciones, de 2015 y 2017, fueron claras. En ambas elecciones, Macri sacó el 85% de los votos. Es un dato que habla de la buena predisposición respecto al Gobierno. En gran medida porque la neutralidad, frente a la hostilidad, es un avance. Pueden desfilar, cosas que para los militares son importantes. Del Gobierno, yo no lo desperdiciaría. Tiene buena disposición para una nueva construcción.

– Sí, pero antes de esta crisis, si al Gobierno le llevaban este tema antes de lo que pasó con el submarino, no le importaba ese respaldo frente a los votos de La Matanza, por dar un ejemplo.

– Hay un tema institucional. La Constitución es muy clara al decir que el Presidente es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, es una atribución que no puede delegar, como tampoco puede hacerlo con la conducción de las relaciones exteriores. Es lo que sucede en todos los países, son las condiciones que hacen a la esencia del poder presidencial. Es un tema conceptual que yo creo que el presidente Macri tiene que clarificar como jefe de Estado. Son dos áreas que no puede delegar a un secretario de la Jefatura de Gabinete. Esta crisis, además, pone en evidencia la conexión de las dos áreas, defensa y relaciones exteriores. Fijate cómo se articulan las dos áreas conceptualmente. Presupuestariamente, si se suman las dos áreas, no son áreas relevantes, pero son la proyección externa del Estado. Si hoy tenemos la participación activa de los principales países del mundo es porque eso tiene una conexión con una política exterior. Para tomar un ejemplo simple, en el segundo mandato de Cristina se interrumpieron las relaciones militares con los Estados Unidos. Esta es una de las primeras cosas que se recompusieron en el gobierno de Macri.

– Hay un interés genuino de la población sobre este episodio, sobre la suerte de los 44 tripulantes. ¿Diría que se está volviendo a despertar un interés sobre las Fuerzas Armadas?

– Diría que sí, pero… Hoy es así, pero no sé si se sostiene en el tiempo. Tenemos una sociedad que se mueve por espasmos. Hoy no cabe ninguna duda de que para la sociedad esto pasó a ser un tema prioritario, lo que no sé es si se mantiene en el tiempo, porque hemos tenido muchas experiencias con intermitencias en estos aspectos. El Gobierno tiene una oportunidad, que yo no desperdiciaría. En mi opinión debería plantear la reforma en defensa, sus lineamientos por lo menos, en los próximos 90 días.

– ¿Por dónde debería pasar esa reforma en Defensa?

– Los fines de las Fuerzas Armadas son dos, la defensa de la seguridad integral de la Nación y la defensa de la Constitución. Sobre estos fines, el Presidente fijó seis objetivos precisos. El 29 de mayo del año pasado dijo que deben ser instrumento de la política exterior, que significa fuerza de paz, ejercicio combinado con otros países, como hacen otros países. Segundo, protección del medio ambiente, evitar que no tiren residuos nucleares en nuestro mar, por ejemplo. Tercero, lucha contra el terrorismo, es decir, participación en las coaliciones globales contra el terrorismo, no algo interno. Y el 3 de julio, dice cooperación en la defensa de las fronteras, que es bastante claro, ayudando a Gendarmería y Prefectura, y lucha contra el narcotráfico; no es desplegar fuerzas armadas como México, pero sí aviones, radares, apoyo logístico para las Fuerzas de Seguridad. Y, sexto, asistencia social en las emergencias climáticas. Lo que ahora vienen son las acciones para lograr esos objetivos. Por acá pasa lo que hay que hacer para lograr estos objetivos. Habrá que reforzar el sistema militar conjunto, algo que el Presidente tiene claro. Hace falta una ley de reservas para optimizarlas. Hace falta una ley de movilización, cuando tenés una crisis como esta, ¿cómo hacés para que colaboren los civiles? Así, el Presidente podrá lograr esos objetivos.