El viernes pasado, cerca de cuatrocientas personas nos reunimos en Israel -en el bosque de Ben Shemen, ubicado entre Tel Aviv y Jerusalem- para honrar al asesinado fiscal Alberto Nisman en una nueva fecha aniversario. Por iniciativa del vicepresidente del KKL (Fondo Nacional Judío), el argentino-israelí Hernán Felman, y con el apoyo sostenido de su junta directiva y staff, ahora Alberto Nisman tiene un monumento en su memoria, junto a otros que recuerdan a las víctimas de los atentados contra la embajada de Israel (1992) y la AMIA (1994) en Buenos Aires.

Durante la ceremonia, los expositores fueron muy claros en torno a los hechos. El atentado a la AMIA que Nisman investigaba "constituyó un crimen imperdonable contra la humanidad, contra la Argentina y contra la comunidad judía" aseveró el embajador de Argentina ante Israel, Mariano Caucino. "Están aquellos que temen a la verdad y que harán todo lo posible por esconderla", declaró el titular del Parlamento Yuli Edelstein, "pero la verdad se arraiga profundamente en la tierra… y la verdad florecerá en algún otro lugar".

Un árbol fue plantado en nombre del ex fiscal, y todos fuimos invitados a plantar muchos más, lo que debe hacerse con las propias manos, las que quedan sucias de polvo y tierra, en un acto que nos impele a recordar el esfuerzo colectivo del pueblo israelí en forestar este pedacito del Medio Oriente. "No es para nosotros los judíos un asunto si buscar o no justicia", pronunció Hernán Felman, "es una obligación", mientras que los presidentes de DAIA y AMIA subrayaron el combate contra la impunidad y el motivo criminal del atentado contra la vida de Nisman. "Estuve con Alberto Nisman tres días antes de su muerte y no vi un suicida" dijo Jorge Knoblovits, en tanto que Agustín Zbar pidió por "internacionalizar el reclamo de justicia".

Cuando Sara Garfunkel subió al estrado para agradecer a los presentes, asegurarles que este acto la ayudaba a seguir viviendo y afirmar "gente querida, debo decirles que me siento en casa aquí", después del cántico conmovedor a voz y guitarra del músico argentino-israelí Shlomo Yedov, nada más debía agregarse a un homenaje muy especial. Esperemos que esta ceremonia marque un precedente que la Argentina quiera emular y empiece a idear su propio monumento en tributo a un fiscal argentino que perdió su vida en el ejercicio profesional, buscando la verdad, señalando a los asesinos y exponiendo a los encubridores. Esperemos que, por una vez, la política no interfiera con la moral.

Fui invitado a Israel por el KKL a un programa de trabajo durante la semana entera, que culminó con este gran evento. Junto a autoridades del KKL Argentina, el periodista Daniel Berliner y la madre de Alberto, Sara Garfunkel, recorrimos el centro, sur y norte del país, apreciando los proyectos  importantes que el KKL lleva adelante en materia de promoción educativa inclusiva, población de zonas desérticas, plantación de árboles y cultivos excepcionales, entre otros. Debe notarse una "bio-abeja" cuyo natural aleteo intenso se emplea industrialmente en polinización eficiente en invernaderos, ananás -fruta tropical- que hacen crecer en el desierto y los doscientos cincuenta millones de árboles que el KKL ha plantado en Israel, transformándolo en un verdel increíble. La magnitud de sus tareas requerirá una nota aparte. Baste aquí resaltar que, al igual que este sentido homenaje, fue una visita excepcional.