La inminencia de lluvias más intensas en la costa norte y la permanencia de El Niño en niveles extraordinarios hasta febrero de 2027 vuelven a poner el foco sobre los mecanismos financieros que las empresas pueden usar ante interrupciones operativas.
En ese escenario, los seguros paramétricos ganan espacio como una cobertura complementaria a las pólizas tradicionales.
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A diferencia de un seguro convencional, este modelo no activa el pago después de una inspección y valorización de daños materiales. La cobertura se ejecuta cuando un indicador previamente pactado alcanza un umbral definido: por ejemplo, una determinada cantidad de lluvia acumulada, la magnitud de un sismo o el caudal de un río en una zona específica.
Un desembolso basado en datos objetivos
La Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS) aprobó en septiembre el Reglamento de Seguros Paramétricos, mediante la Resolución SBS N.° 02260-2026. La norma fija las condiciones para el diseño, comercialización y operación de estos productos en Perú, además de exigir que las pólizas identifiquen el evento cubierto, el ámbito geográfico, el parámetro de activación, la fuente de los datos y el mecanismo de pago.
El esquema busca atender un vacío frecuente después de un desastre: la necesidad de liquidez antes de que concluya el proceso de evaluación de daños cubierto por una póliza tradicional. El pago paramétrico no depende de demostrar, en una primera etapa, que un activo específico sufrió una afectación, sino de la verificación de un dato independiente.
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La SBS establece que los parámetros deben sustentarse en fuentes confiables y especializadas. Las aseguradoras, a través de un agente de cálculo, deben monitorear la información, verificar si se cumplió el umbral y determinar el pago correspondiente.
“Este tipo de cobertura puede funcionar como una capa de liquidez para enfrentar gastos de emergencia y sostener la continuidad operativa”, afirmó Giulio Valz-Gen, gerente general de Howden Group Perú. El ejecutivo sostuvo que el producto no reemplaza las coberturas de daños materiales, sino que puede complementar la protección frente a eventos climáticos.
El diseño de la póliza resulta determinante. Si el umbral se fija por debajo de la severidad real del evento, puede activarse un pago que no refleje las pérdidas. Si se establece demasiado alto, una empresa puede sufrir daños sin que la cobertura se ejecute. Esa diferencia entre la indemnización y la pérdida efectiva se conoce como riesgo base.
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El Niño Costero eleva la exposición en el norte
El contexto meteorológico aumenta el interés por estas coberturas. El Comité Multisectorial encargado del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) mantiene la alerta y prevé que el calentamiento del mar frente a la costa peruana conserve una magnitud extraordinaria hasta febrero de 2027.
El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi) informó que las lluvias registradas desde septiembre en Tumbes y Piura evidenciaron un inicio anticipado de la temporada de precipitaciones. La estación Cañaveral, en Tumbes, acumuló 78,5 milímetros en 24 horas el 26 de septiembre, un volumen muy por encima de su referencia climática mensual.
Las empresas expuestas a lluvias, inundaciones, interrupciones de transporte o daños en cadenas de suministro pueden estructurar coberturas basadas en niveles de precipitación, velocidad del viento, temperatura, caudales o actividad sísmica. El reto será definir indicadores que reflejen la exposición real de cada operación.
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Un mercado aún pequeño frente al seguro tradicional
La consultora Allied Market Research estimó que el mercado mundial de seguros paramétricos alcanzó USD 18.000 millones en 2023 y podría llegar a USD 34.400 millones en 2033. La cifra es una proyección privada y debe leerse en un mercado donde no existe una medición pública homogénea de estas primas a escala global.
En Perú, la nueva regulación abre la posibilidad de desarrollar productos para empresas, actividades agrícolas y entidades expuestas a fenómenos naturales. Su expansión dependerá de la calidad de los datos, la claridad de las pólizas y la capacidad de las aseguradoras para explicar un mecanismo que paga por un evento medible, no por la cuantificación directa del daño.
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