Las campañas visuales buscan identificar problemas de refracción en niños, como miopía, hipermetropía y astigmatismo, que pueden afectar el desarrollo de la visión durante los primeros años de vida. La iniciativa pone el foco en la detección temprana de la ambliopía, conocida como ojo perezoso, una condición que puede dejar secuelas permanentes si no recibe tratamiento oportuno.
El doctor Jesús Malpartida, coordinador del Servicio de Oftalmología del Instituto Nacional de Salud del Niño San Borja (INSN San Borja), explicó que el control oftalmológico no debe depender de la aparición de molestias. Durante una entrevista con Radio Nacional, indicó que los niños deben pasar una evaluación visual alrededor de los cuatro años, incluso si aparentemente ven bien.
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Los defectos de refracción ocurren cuando el ojo no enfoca las imágenes de forma adecuada. La miopía dificulta la visión lejana; la hipermetropía afecta con mayor frecuencia la visión cercana, aunque también puede interferir en otras distancias; y el astigmatismo provoca una visión borrosa o distorsionada. Cuando estas condiciones no se corrigen, el cerebro puede dejar de usar la imagen que recibe uno de los ojos.
La ambliopía puede avanzar sin síntomas evidentes
La ambliopía aparece cuando uno de los ojos trabaja menos que el otro o no alcanza el mismo nivel de visión, aun con el uso de lentes. En esos casos, el problema no se limita al ojo: el cerebro prioriza la información visual que recibe del ojo con mejor capacidad y deja de procesar de manera suficiente la imagen del otro.
Malpartida señaló que esta situación puede ocurrir por varias razones. Una de ellas es la presencia de un defecto refractivo sin corrección. También puede estar vinculada a una diferencia importante de graduación entre ambos ojos, al estrabismo o a otras alteraciones que impiden que el cerebro reciba imágenes nítidas y similares desde los dos lados.
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El riesgo aumenta porque muchos niños no expresan dolor ni refieren dificultades para ver. Cuando la alteración se presenta en un solo ojo, el otro puede compensar la función visual y ocultar el problema durante meses o años. Por esa razón, una observación cotidiana de los padres no reemplaza a una evaluación realizada por un especialista.
Acercarse a los objetos o inclinar la cabeza son señales de alerta
Algunas conductas pueden indicar la necesidad de una revisión oftalmológica. Entre ellas figuran acercarse demasiado al televisor, a los libros o a los juguetes; entrecerrar los ojos para mirar a distancia; observar de costado; cubrirse un ojo de manera frecuente; o inclinar la cabeza para fijar la vista en determinados objetos.
También es importante prestar atención a los niños que se cansan al leer, pierden el interés en tareas que exigen mirar de cerca o muestran dificultades para seguir objetos. Sin embargo, la ausencia de estas señales no descarta un trastorno visual. La evaluación profesional permite medir la capacidad de cada ojo por separado, algo que no siempre es posible advertir en el hogar o en el entorno escolar.
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El especialista recomendó que los padres consulten si tienen antecedentes de miopía, hipermetropía, astigmatismo o estrabismo. Los defectos refractivos pueden tener un componente hereditario, por lo que el control resulta necesario incluso si los adultos fueron operados o usan lentes de manera ocasional. La cirugía refractiva de los padres no elimina la posibilidad de que sus hijos presenten una alteración visual.
El tratamiento temprano puede evitar una pérdida visual permanente
El diagnóstico precoz marca una diferencia en los casos de ojo perezoso. Durante los primeros años de vida, el sistema visual todavía está en desarrollo y responde mejor a las intervenciones. El tratamiento puede incluir lentes, parches oclusivos, ejercicios visuales u otras medidas, según la causa y la evaluación de cada paciente.
El uso del parche tiene relación con el nombre de la campaña. En algunos casos, se cubre temporalmente el ojo con mejor visión para estimular al que presenta menor capacidad visual. El objetivo es que el cerebro vuelva a utilizar la información procedente del ojo afectado y recupere la función que no desarrolló de manera adecuada.
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La duración y las características del tratamiento dependen de la edad del niño, del grado de ambliopía y de la causa que la originó. Por eso, Malpartida remarcó la importancia de cumplir las indicaciones médicas y asistir a los controles. La mejoría requiere constancia de la familia y seguimiento por parte del servicio de oftalmología.
La campaña Los piratas vengadores plantea la detección de estos problemas antes de que afecten de forma irreversible la visión. La consulta a los cuatro años, junto con una atención anticipada ante cualquier señal de alerta o antecedente familiar, puede permitir que los niños reciban corrección visual en una etapa decisiva de su desarrollo.
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