Las viviendas construidas sin supervisión técnica enfrentan un problema que suele quedar relegado frente a las fallas estructurales: instalaciones eléctricas improvisadas, con cables sin certificación, empalmes informales y sistemas que no responden a la demanda de los hogares. El riesgo aumenta ante lluvias, filtraciones, humedad y un mayor consumo de energía durante periodos de altas temperaturas.
El Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade) estima que el 69% de las viviendas de Lima y más del 70% a nivel nacional fueron levantadas mediante autoconstrucción. De ese universo, cuatro de cada cinco no cumple con buenas prácticas de construcción.
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La edificación por etapas también suele trasladarse a la red interna. Muchas familias parten de una instalación básica y, con el tiempo, añaden habitaciones, electrodomésticos y conexiones sin revisar si el cableado inicial soporta la nueva carga.
Ese proceso puede dejar conductores de calibre insuficiente, conexiones expuestas, tableros sin protección y puntos eléctricos afectados por filtraciones. Las consecuencias van desde el sobrecalentamiento y los cortocircuitos hasta incendios o fallas en el suministro dentro de la vivienda.
La humedad y el calor elevan la presión sobre las redes domésticas
La vulnerabilidad de las instalaciones internas coincide con un escenario climático que puede elevar el uso de electricidad. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la generación hidroeléctrica cayó 6,21% en mayo de 2026, mientras que la producción termoeléctrica aumentó 27,61% para atender la demanda.
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El Ministerio de Energía y Minas indica que el 58% de la electricidad del país proviene de centrales hidroeléctricas. Las alteraciones climáticas pueden afectar esa fuente de generación, al mismo tiempo que las altas temperaturas incrementan el uso de ventiladores, refrigeradoras y otros equipos en los hogares.
La Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) mantiene una alerta por un Niño Costero que se extendería hasta el verano de 2026-2027, con una intensidad prevista entre fuerte y extraordinaria.
Para Mirko Males, gerente de Marketing de INDECO by Nexans, el análisis de la vivienda segura debe incorporar el componente eléctrico. “La discusión sobre autoconstrucción suele concentrarse en la estructura, pero la instalación eléctrica es parte de la misma ecuación de seguridad”, afirmó.
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Cables certificados y una red calculada para el crecimiento de la vivienda
La empresa plantea cuatro medidas para reducir el riesgo eléctrico. La primera es priorizar conductores certificados, ya que los cables sin norma técnica o de calibre menor al requerido pueden calentarse en exceso y provocar fallas.
La segunda recomendación es proyectar la demanda futura. Una vivienda que crece por etapas necesita una red preparada para nuevos ambientes y equipos, no solo para el consumo que tenía al momento de la primera instalación.
También resulta necesario proteger la canalización, el aislamiento y las conexiones frente a la humedad. Las filtraciones en paredes y techos deterioran los materiales eléctricos y exponen a los ocupantes a accidentes.
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El cuarto punto es contar con personal técnico calificado para diseñar, ampliar o revisar el sistema. Una instalación eléctrica sin evaluación profesional puede convertirse en un riesgo permanente para las familias.
Las fallas eléctricas se suman a la fragilidad de la autoconstrucción
La vulnerabilidad de la red eléctrica se agrega a los problemas estructurales identificados en viviendas autoconstruidas. La especialista de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), Sandra Santa Cruz, advierte sobre tres factores que elevan el riesgo ante un terremoto: cimientos sin estudios de suelo, uso de ladrillo pandereta en muros portantes y falta de columnas y vigas de concreto armado.
El ladrillo pandereta sirve para tabiques divisorios, pero no para soportar cargas estructurales. Su uso en muros portantes puede reducir la resistencia de una vivienda frente a un sismo.
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La PUCP calcula que una familia limeña tarda 16 años en terminar su casa e invierte cerca de S/ 190.000, un monto 33% mayor al costo estimado de una construcción formal. La falta de supervisión durante ese proceso puede dejar deficiencias desde los cimientos hasta el cableado.
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