El kilo de maracuyá llegó a venderse hasta en 6 soles en el mercado de Caquetá, en Lima, mientras que el tomate alcanzó precios de entre cuatro y cinco soles. Los comerciantes atribuyeron el aumento al encarecimiento del combustible y del traslado de mercadería desde las zonas de producción hacia los centros de abasto y los puestos minoristas.
La suba impactó sobre dos productos de consumo frecuente en los hogares y redujo la cantidad que adquieren los clientes. Vendedores consultados señalaron que parte de los compradores opta por llevar menores volúmenes o deja de comprar cuando el precio supera el presupuesto previsto para frutas y verduras.
PUBLICIDAD
El alza también redujo el margen de quienes comercializan los productos al por menor. Una comerciante resumió el efecto sobre la demanda con una frase breve: “Ya no compran”. Según explicó, el precio elevado dificulta la salida de la mercadería incluso entre quienes suelen abastecerse para luego revenderla.
El maracuyá pasó de dos soles a superar los S/6 por kilo
Antes del incremento, el maracuyá se ofrecía habitualmente entre dos y 2,50 soles por kilo. Algunos puestos registraban precios de tres o 3,50 soles, según la calidad, el tamaño de la fruta y el volumen de mercadería disponible durante la jornada.
La diferencia actual es mayor en los casos relevados en el mercado. Una vendedora indicó que el kilo llegó a costar 6,50 soles, frente a un rango anterior de entre 1,50 y 2,50 soles. Esa variación elevó el valor de compra para las familias y obligó a los comerciantes a ajustar sus precios para cubrir la reposición de productos.
PUBLICIDAD
El aumento no responde, según los vendedores, a una falta generalizada de frutas y verduras. Los puestos mantienen oferta de varios alimentos, aunque la llegada de mercadería puede variar a lo largo de los días. Para los comerciantes, el problema aparece cuando los distribuidores trasladan a los precios finales el mayor gasto que afrontan en combustible y transporte.
Incremento en el costo del combustible, el gran responsable
“Hay abundancia ahorita de productos. Todavía hay productos. El problema ahorita es el combustible”, afirmó una comerciante del mercado de Caquetá. La declaración refleja la percepción de los vendedores, quienes diferencian el actual encarecimiento de otros episodios vinculados con fenómenos climáticos o con daños en las áreas de cultivo.
El recorrido de los alimentos hasta los puestos minoristas incluye varios tramos. La mercadería sale de las zonas de producción, llega a mercados mayoristas y luego es distribuida hacia distintos puntos de venta de Lima. Cada traslado implica costos que, según los comerciantes, se incrementaron por el precio del combustible y terminan incorporados al valor que paga el consumidor.
PUBLICIDAD
El tomate muestra una variación similar. En una etapa habitual, podía comercializarse entre dos y tres soles por kilo. Una de las vendedoras precisó que el precio había oscilado antes entre 3,50 y cuatro soles, pero que ahora llegó a 5 soles por kilo. La diferencia afecta tanto a quienes compran para el consumo diario como a pequeños negocios que usan ese producto como insumo.
Rocoto, pimiento y alverja también registran precios más altos en los puestos
La lista de productos con incrementos incluye al rocoto, que se ofrece a ocho soles, y al pimiento, cuyo precio alcanza los 10 soles. La alverja también figura entre los alimentos que aumentaron: se vende a 6,50 soles, cuando su valor habitual rondaba los tres soles, de acuerdo con los testimonios de los comerciantes.
La suba de varios productos obliga a los clientes a priorizar compras. Los vendedores describieron una demanda más cautelosa, con consumidores que adquieren menos cantidad de maracuyá, tomate y otras verduras. “Poco lleva”, respondió una comerciante al ser consultada por el volumen de compra de los clientes ante el encarecimiento de la fruta.
PUBLICIDAD
La menor rotación plantea un problema para los puestos minoristas, que necesitan vender con rapidez productos perecederos. Si la mercadería permanece varios días sin salida, aumentan las posibilidades de pérdida. A la vez, los vendedores enfrentan el desafío de conservar precios que permitan cubrir el costo de reposición sin alejar aún más a los compradores.
El limón mantiene un comportamiento diferente y se comercializa alrededor de tres soles. Esa estabilidad contrasta con el aumento del maracuyá, el tomate, el rocoto, el pimiento y la alberja, cuyos valores registraron cambios en los puestos del mercado.
Los comerciantes sostienen que la evolución de los precios dependerá principalmente del costo del combustible y de las tarifas de traslado hacia Lima. Mientras esos gastos se mantengan elevados, prevén que el encarecimiento de frutas y verduras continúe trasladándose a los precios que encuentran los consumidores en los mercados minoristas.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD