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El costo invisible de la geopolítica

La estimación de la EIA señala que, solo en abril, seis países del Golfo recortaron su extracción por las disrupciones vinculadas a las restricciones de tránsito en el Estrecho de Hormuz

FILE PHOTO: Oil tankers pass through the Strait of Hormuz, December 21, 2018. REUTERS/Hamad I Mohammed/File Photo

Cuando pensamos en el impacto de un conflicto geopolítico sobre la energía, solemos mirar primero el precio del petróleo. Es lógico. El barril, los combustibles y su efecto sobre la inflación son algunos de los indicadores más visibles. Sin embargo, lo que viene ocurriendo en Medio Oriente muestra que las consecuencias pueden extenderse mucho más allá y alcanzar insumos indispensables para el funcionamiento cotidiano de la economía.

El Estrecho de Hormuz es un buen ejemplo. Durante los primeros meses del conflicto, las restricciones al tránsito por esta ruta afectaron los flujos de petróleo y productos energéticos procedentes del Golfo. La Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) estimó que, solo en abril, seis países de la región redujeron conjuntamente su producción de crudo en 10,5 millones de barriles diarios como consecuencia de las disrupciones.

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Pero existe otra consecuencia menos visible.

Los lubricantes que utilizan vehículos y maquinaria se elaboran a partir de aceites base, materias primas producidas en refinerías especializadas y clasificadas en distintas categorías según sus características y nivel de refinación. Entre ellas están los denominados Grupos I, II y III. Cuando disminuye la oferta de una categoría, la demanda se desplaza hacia las otras, generando presión sobre toda la cadena.

Eso es precisamente lo que está ocurriendo hoy. La menor disponibilidad de aceites base Grupo III ha trasladado parte de la demanda hacia el Grupo II, mientras las refinerías priorizan además la producción de combustibles como el diésel. El resultado no es solo una mayor presión sobre los precios, sino una menor disponibilidad de materias primas para la fabricación de lubricantes.

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Aquí aparece una lección relevante para las empresas: el riesgo no está únicamente en el precio. Está en la disponibilidad.

Durante años hemos evaluado buena parte del riesgo energético observando cuánto puede subir o bajar una materia prima. Pero cuando hablamos de insumos especializados, una empresa puede enfrentar un problema distinto: que el producto que necesita simplemente no esté disponible en las cantidades o en los plazos habituales.

Y allí el impacto de la geopolítica adquiere otra dimensión.

Para economías importadoras como las latinoamericanas, episodios como este deberían llevarnos a observar con mayor atención de dónde provienen los insumos críticos, qué tan concentrada está su producción y qué alternativas existen ante una interrupción prolongada. No se trata de aspirar a cadenas de suministro completamente locales ni de renunciar a las eficiencias del comercio global. Se trata de gestionar mejor la exposición.

Cambio de aceite del motor de un coche en un taller mecánico.

Además, recuperar una ruta logística no significa recuperar inmediatamente una cadena productiva. En mercados especializados, normalizar el abastecimiento requiere tiempo: reconstruir inventarios, recuperar producción y atender compromisos comerciales acumulados no ocurre de manera inmediata.

La geopolítica puede parecernos distante hasta que una planta deja de producir, una ruta se interrumpe o una materia prima comienza a escasear. Entonces descubrimos hasta qué punto las cadenas globales están conectadas.

Por eso, quizá una de las principales lecciones de esta crisis sea que la resiliencia empresarial ya no depende solamente de comprar bien. Depende también de conocer dónde están nuestras vulnerabilidades y anticiparnos a ellas.

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