La Operación Eureka LXXVIII pone sobre la mesa un escenario que merece especial atención. Sus resultados muestran condiciones biológicas poco favorables para la anchoveta, con una elevada presencia de juveniles y niveles bajos de condición somática y contenido graso, en un contexto de condiciones ambientales todavía desfavorables. Los resultados no permiten mirar la próxima temporada con ligereza y hacen necesario mantener una vigilancia estrecha sobre la evolución del recurso.
La historia nos recuerda que no es la primera vez que la pesca peruana enfrenta un escenario de esta naturaleza. En 1997 y 1998, las condiciones asociadas a El Niño llevaron a una prolongada interrupción de la actividad extractiva. Años después, en 2014 y 2015, se presentaron nuevamente episodios que evidenciaron cómo las condiciones oceanográficas pueden alterar la disponibilidad y el comportamiento de la anchoveta. Estos antecedentes muestran que la pesquería está sujeta a ciclos marinos que pueden modificar las condiciones de una temporada y exigen capacidad de adaptación frente a un mar que no permanece constante.
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Los resultados de Eureka aportan elementos relevantes para esa evaluación. La elevada presencia de juveniles, que alcanzó el 65 % en número y el 48 % en peso, junto con la persistencia de condiciones ambientales poco favorables, refuerza la necesidad de mantener un monitoreo cercano de la población. Al mismo tiempo, el incremento de la actividad reproductiva observado durante agosto muestra que el recurso continúa respondiendo a las condiciones del entorno. Es precisamente esta combinación de factores la que exige prudencia y evita que una fotografía del momento sea interpretada como una certeza sobre lo que ocurrirá en los próximos meses.
Para el sector pesquero, las decisiones que se desprenden de esta situación tienen un costo evidente. Una eventual ausencia de una segunda temporada supone menores ingresos para las empresas y efectos que alcanzan a trabajadores, proveedores y distintas actividades vinculadas a la cadena pesquera. No obstante, asumir ese costo no significa renunciar al futuro de la actividad. Por el contrario, supone reconocer que la continuidad de la pesquería depende de que las decisiones de hoy permitan conservar las condiciones para su desarrollo posterior.
En ese contexto, resulta relevante la disposición que ha mostrado el sector pesquero para apoyar el trabajo científico y poner sus capacidades a disposición del monitoreo del recurso. La Operación Eureka LXXVIII se realizó con la participación de embarcaciones de la flota industrial, bajo la coordinación del IMARPE, y permitió actualizar información sobre la distribución, estructura y condición biológica de la anchoveta. Esta colaboración adquiere especial importancia en un escenario en el que las condiciones pueden cambiar y en el que contar con información oportuna resulta indispensable para reducir la incertidumbre.
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La principal enseñanza de esta operación, entonces, no está únicamente en la posibilidad de una temporada menos, sino en la importancia de contar con información suficiente para decidir cuándo pescar y cuándo esperar. El desafío hacia el 2027 será mantener ese esfuerzo de investigación y monitoreo, de manera que las decisiones sobre la anchoveta respondan a la evolución real del recurso y no a expectativas ajenas a ella.
Para una pesquería de la importancia de la peruana, esa capacidad de adaptarse a la evidencia será tan importante como la capacidad de aprovechar el recurso cuando las condiciones lo permitan.
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