A más de 4,200 metros sobre el nivel del mar, un equipo de arqueólogos peruanos encontró evidencias que permiten reconstruir parte de la vida de las poblaciones de la cultura Huaylas que habitaron las zonas altas de Áncash. Las excavaciones revelaron viviendas, espacios de almacenamiento, áreas productivas, posibles corrales para camélidos y sectores vinculados con prácticas ceremoniales y funerarias.
Los hallazgos también incluyen restos de maíz y oca, instrumentos utilizados para el procesamiento de fibras, piruros decorados y materiales líticos. El registro arqueológico ofrece nuevas pistas sobre las actividades pastoriles, las redes de intercambio y la organización de estas comunidades en un entorno de gran altitud.
El arqueólogo Ilder Cruz, responsable de las investigaciones, explicó a la Agencia Andina que los trabajos se concentran actualmente en tres de los cinco sitios que conforman el conjunto.
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“Estamos abriendo seis unidades. Son cinco sitios y estamos ahora en el dos, el tres y el cuatro excavando”, señaló. Según detalló, los espacios muestran un comportamiento similar y permiten identificar diferentes actividades desarrolladas por los grupos Huaylas.
Oca, maíz y piruros revelan las actividades de los Huaylas en zonas altas
Las excavaciones permitieron identificar viviendas y espacios destinados al almacenamiento y procesamiento de productos. En una de las casas apareció un área de cocina y, en una esquina, una estructura de almacenamiento trabajada sobre la roca madre y acondicionada con un empedrado. Allí los investigadores encontraron oca quemada, además de evidencias de maíz.
La presencia de productos agrícolas adquiere especial importancia por la ubicación de los asentamientos, situados aproximadamente a 4,200 metros de altitud, donde las condiciones para cultivar son más restringidas. Para Cruz, estos hallazgos abren la posibilidad de que las poblaciones pastoriles mantuvieran vínculos con comunidades asentadas en zonas de menor altura.
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El investigador planteó a la Agencia Andina que los habitantes pudieron descender para conseguir productos agrícolas y establecer intercambios con otras poblaciones. A cambio, habrían ofrecido recursos como carne, lana o fibras procesadas. A ello se suman numerosos piruros, algunos de ellos con decoraciones elaboradas.
“Los piruros mucho más elaborados que en el sitio cinco, con bastante decoración, obviamente todo asociado al tema Waylas, al Intermedio Tardío”, explicó.
Arqueólogos hallan entierros secundarios y espacios ceremoniales de los Huaylas
Uno de los hallazgos más singulares corresponde a una estructura funeraria con entierros secundarios, donde aparecieron restos humanos fragmentados junto con huesos de camélidos. Los arqueólogos identificaron mandíbulas y fémures humanos, además de restos de estos animales, dispuestos conjuntamente.
“Son huesos de individuos fragmentados, por ejemplo, hay mandíbulas, hay fémures, mandíbula de humano, mandíbula de camélido y mezclados así. No es un entierro que está completo”, detalló Cruz. El contexto se encuentra asociado a un abrigo rocoso trabajado que conserva pintura de color rojo.
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Debajo de los restos óseos también apareció pigmento rojo. Esta evidencia permite plantear que la pintura estuvo relacionada con el momento en que se realizó la ofrenda. El arqueólogo considera que este tipo de entierros pudo responder a la necesidad de reunir restos de diferentes individuos y tener además una relación con los vínculos sociales de estas comunidades.
Las excavaciones identificaron, además, estructuras de grandes dimensiones prácticamente libres de restos de actividad cotidiana. Por sus características, Cruz plantea que pudieron funcionar como plazas o espacios ceremoniales. “Claramente se asocia a plazas o espacios dedicados al ceremonial. Están limpios, no son espacios de producción ni mucho menos domésticos”, sostuvo.
Cerámica revela el contacto de los Huaylas con el Imperio Inca
El conjunto arqueológico está compuesto por cinco sitios con funciones diferenciadas. Según Cruz, uno presenta características asociadas a actividades funerarias, otro tendría una función ceremonial y un tercero mostraría rasgos de un centro administrativo, con avenidas y evidencias de planificación. En otro sector se identificaron viviendas, áreas de procesamiento y posibles corrales para camélidos.
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La investigación también encontró cerámica inca, entre ella fragmentos de aríbalos y piezas con elementos decorativos. La presencia de estos materiales a más de 4,200 metros aporta información sobre el contacto entre las poblaciones pastoriles locales y el Estado inca. “Estamos tratando de caracterizar un nuevo grupo social que son los Huaylas y su relación con los incas”, afirmó el arqueólogo.
El registro arqueológico también incluye materiales de época colonial temprana, lo que sugiere que algunos espacios continuaron ocupados hasta aproximadamente el siglo XVII. Cruz plantea que el abandono pudo relacionarse con las reducciones de población y el proceso de evangelización, que habría llevado a grupos asentados en las zonas altas hacia lugares más bajos.
Las excavaciones se reiniciaron aproximadamente una semana antes de la entrevista y todavía quedan unidades por abrir. Un equipo de unas 30 personas trabaja en campo junto con vuelos de dron y labores de registro arquitectónico. Para los investigadores, la continuidad del proyecto permitirá precisar cómo se organizaban estas comunidades, sus redes de intercambio y sus prácticas rituales y funerarias, además de profundizar en su relación con los incas y la sociedad colonial.
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