La comunicación política será uno de los principales retos del próximo Gobierno. Keiko Fujimori asumirá la presidencia en un escenario marcado por la fragmentación política, el escrutinio permanente y una ciudadanía más exigente. En ese contexto, la forma en que el Ejecutivo comunique sus decisiones será clave para construir confianza, fortalecer legitimidad y afrontar la resistencia de un sector del electorado al fujimorismo.
La comunicación durante los primeros cien días de gestión debería priorizar un enfoque positivo, prospectivo y programático, centrado en explicar las políticas públicas y los objetivos del Gobierno. El contraste con las gestiones anteriores puede ser útil, pero sin recurrir a mensajes negativos que profundicen la polarización o debiliten la legitimidad.
En un entorno donde las crisis reputacionales pueden surgir con rapidez, los primeros meses de gestión también serán claves para consolidar la confianza ciudadana. Durante ese periodo, la presidenta deberá demostrar capacidad de gestión y comunicar con claridad, precisión y credibilidad, sobre todo en un sistema político donde el liderazgo personal suele tener mayor peso que los partidos políticos.
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En esa línea, la comunicación del Gobierno debería concentrarse en la figura de la propia presidenta. En un sistema presidencialista como el peruano, será ella quien enfrente el mayor escrutinio público, por lo que deberá asumir una vocería activa y estar preparada para responder con solvencia tanto a entrevistas favorables como críticas.
A diferencia de una campaña electoral, la comunicación de un gobierno tiene que dirigirse a toda la ciudadanía. En ese contexto, es conveniente combinar entrevistas en medios tradicionales y plataformas digitales, incluso con espacios críticos, para demostrar apertura al diálogo, fortalecer la legitimidad y proyectar un liderazgo capaz de responder con solvencia a los cuestionamientos públicos.
La credibilidad del nuevo Gobierno dependerá más de las acciones que de los discursos. Por ello, la comunicación debería priorizar la difusión de políticas públicas y resultados concretos, acompañados de espacios de escucha y diálogo con la ciudadanía y diversos actores sociales, para construir una narrativa basada en hechos y participación.
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En temas como la seguridad ciudadana, la comunicación gubernamental debería centrarse en explicar las acciones emprendidas y el rumbo de las políticas públicas, antes que prometer resultados inmediatos. La exposición de los avances concretos y objetivos verificables contribuirá a fortalecer la credibilidad y evitar que los mensajes sean percibidos como propaganda o triunfalismo.
Para preservar su capital político, la presidenta no debería delegar por completo su comunicación en sus ministros y asumir de manera personal sus principales mensajes. Sin embargo, la comunicación solo será efectiva si está respaldada por resultados concretos. La gestión debe preceder al discurso: las promesas deben convertirse en acciones verificables mediante un equipo técnico sólido que permita cumplir los compromisos anunciados.
El principal desafío comunicacional del nuevo Gobierno será construir un relato propio basado en una visión de futuro, y no solo en la oposición al adversario. La comunicación política debe movilizar a la ciudadanía mediante propuestas, esperanza y objetivos compartidos. Para ello, Keiko Fujimori debería trascender los mensajes de confrontación electoral y plantear un horizonte positivo y esperanzador para el país.
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