La historia de Marializ Duende Malafaya comenzó en Iquitos, donde vivía rodeada de su familia. A los 19 años, convencida de que en Lima tendría mayores oportunidades, se trasladó a la capital para perseguir el sueño de convertirse en diseñadora de modas. De acuerdo con el reportaje de Domingo Al Día, sus familiares la apoyaron en esta decisión.
Comenzó a trabajar en el emporio comercial de Gamarra, donde se integró rápidamente. En ese contexto conoció a Peter Carvajal Villacres, de 28 años, quien se presentó bajo el nombre de Sebastián. A través de las redes sociales, iniciaron una relación que, al poco tiempo, la llevó a mudarse a un departamento que Carvajal alquilaba junto a su familia.
La convivencia, sin embargo, alteró por completo la vida de la joven. Testimonios señalan que Carvajal ejercía control sobre las comunicaciones de María Liz, revisando sus redes sociales y mensajes.
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Sus familiares y amigos notaron episodios de violencia psicológica y física, además de un marcado aislamiento. “Le decía que no se sentía cómoda en la casa. Decía que la trataba mal, pero a mí nunca me ha dicho nada. Pero a sus amigos sí”, manifestó su hermana.
La situación se tornó insostenible y María Liz decidió terminar la relación el 15 de enero de 2026. Desde esa fecha, nadie volvió a tener noticias suyas. Su familia comenzó una búsqueda incansable, pegando fotografías en postes y solicitando información a través de redes sociales.
La ruta del feminicida
Durante cinco meses, Peter Carvajal ofreció versiones contradictorias sobre el paradero de la joven. Inicialmente aseguró que ella se había marchado con una amiga. En otra ocasión, afirmó que se había trasladado a Santiago de Chile, versión que intentó reforzar publicando una actualización en la cuenta de Facebook de María Liz. Mientras tanto, bloqueó a las hermanas de la víctima, dificultando el contacto e incrementando la incertidumbre.
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Las sospechas de la familia crecieron cuando Carvajal abandonó Lima y viajó con su familia a Ucayali. La división de homicidios de la Dirincri inició un operativo de inteligencia que permitió ubicar y detener al sospechoso en el centro poblado de Orellana. Durante su traslado a la capital, mantuvo una actitud distante y negó cualquier responsabilidad.
Según la reconstrucción de los hechos, Carvajal confesó el crimen tras varias horas de interrogatorio. Declaró que, tras una discusión, empujó a María Liz, quien cayó y sufrió un golpe fatal en la cabeza. Posteriormente, adquirió una sierra, descuartizó el cuerpo y lo ocultó durante horas en la vivienda.
Según la investigación, contrató un taxista por 300 soles para deshacerse de los restos, que arrojó en un contenedor subterráneo de basura en la avenida José Gálvez Barnechea, en el distrito de San Borja.
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Durante el proceso, Carvajal modificó su versión en dos oportunidades: primero negó saber del paradero de la joven, luego aseguró haber arrojado su cuerpo al mar y, finalmente, confesó el abandono en el contenedor de basura.
Esta conducta dificultó la localización del cuerpo, por lo que hasta el momento no se halló. La familia pide celeridad en el proceso y cadena perpetua para el feminicida.