Presionar el botón de repetición del despertador es una costumbre tan común que muchas personas apenas la cuestionan. Sin embargo, tres expertos en neurología advierten que el hábito de posponer la alarma cada mañana puede provocar una reducción del volumen cerebral a largo plazo, según publicó Parade el 29 de mayo de 2026. El efecto va mucho más allá de la sensación de cansancio matutino. La interferencia con el sueño REM y la alteración del reloj biológico pueden tener consecuencias profundas sobre la salud cognitiva, según los especialistas consultados.
La neuróloga y experta en medicina del sueño Meredith Broderick señala que el sueño representa el momento en que el cerebro transita del modo activo al de reparación y consolidación de la memoria. “La privación crónica del sueño le arrebata al cerebro esa ventana de mantenimiento nocturno”, explicó la doctora en declaraciones recogidas por Parade. La falta de descanso adecuado priva al sistema nervioso de funciones restaurativas esenciales.
El neurocientífico Evian Gordon, director médico de Total Brain, detalla que durante el sueño profundo y la fase REM el cerebro elimina residuos metabólicos, entre ellos proteínas asociadas a trastornos como el alzhéimer. Además, en ese período se consolidan los recuerdos y se restablece el equilibrio electroquímico necesario para la concentración, el ánimo y la toma de decisiones. Al presionar repetidamente la alarma, el cerebro inicia un nuevo ciclo de sueño que no logra completar. “Con el tiempo, esta fragmentación envía señales confusas al reloj circadiano y erosiona progresivamente la fiabilidad de la señal biológica de despertar”, advirtió Gordon.
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El impacto de la fragmentación del sueño
El neurólogo John Jon Stewart Hao Dy define este fenómeno como “fragmentación del sueño”. Las transiciones frecuentes entre vigilia y sueño impiden que el cerebro complete el proceso de despertar de manera efectiva. De acuerdo con Dy, el resultado inmediato es una sensación de aturdimiento y una menor capacidad para afrontar demandas cognitivas complejas.
Gregg Pauletti, especialista en salud cognitiva y cofundador de NeuroSynchrony Health, advierte que posponer la alarma suele ser un síntoma de privación crónica del sueño o de desajuste entre el ritmo biológico y los horarios habituales. Pauletti indicó que los patrones irregulares de sueño afectan la calidad del descanso, la estabilidad energética y el rendimiento mental durante la jornada. “Los patrones irregulares de sueño y vigilia dificultan que el organismo mantenga una buena calidad de descanso, niveles de energía estables y un rendimiento cognitivo óptimo a lo largo del día”, señaló Pauletti.
Consecuencias a largo plazo y recomendaciones
Según los cuatro especialistas consultados por Parade, la falta crónica de sueño puede reducir el volumen cerebral, en particular en áreas vinculadas a la memoria y la cognición. Pauletti citó investigaciones que asocian el sueño deficiente con un menor volumen cerebral. Por su parte, Broderick remarcó un estudio realizado con 600 adultos, que mostró que quienes presentaban dificultades moderadas para dormir tenían cerebros equivalentes a los de personas 1,6 años mayores, mientras que aquellos con dificultades severas mostraban una edad cerebral estimada 2,6 años superior a la real, incluso tras ajustar por otros factores de salud.
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Para mitigar estos efectos, los especialistas recomiendan cambios concretos en la rutina matinal. El primer paso, según Gordon, consiste en evitar el uso del botón de repetición y levantarse con la primera alarma. Pauletti sugiere mantener una hora de despertar constante, incluso los fines de semana, ya que el cerebro responde mejor a los patrones regulares. Tanto Broderick como Gordon aconsejan reducir la exposición a pantallas durante la primera hora del día, dado que la luz artificial puede modificar el ritmo circadiano.
Todos los expertos destacan los beneficios de la luz solar matutina. Abrir las persianas o salir a caminar unos minutos ayuda a reforzar la función cerebral saludable y la regulación del estado de ánimo. “El movimiento físico por la mañana, incluso algo tan sencillo como un paseo breve, puede reforzar la función cerebral saludable y la regulación del estado de ánimo”, apuntó Pauletti.