Segunda vuelta en Perú: navegar con poca visibilidad

En un escenario de voto fragmentado, baja satisfacción democrática y conflictividad territorial, las empresas deberán mirar más allá del resultado electoral y fortalecer sus capacidades de anticipación

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Keiko Fujimori y Roberto Sánchez presentan sus planes en el debate de la segunda vuelta| Composición Infobae Perú

Perú llega a una segunda vuelta con un sistema político cada vez más fragmentado y con menor capacidad de ordenar mayorías. Esta dispersión es clara en las urnas: mientras que en 2016 los dos candidatos más votados concentraban cerca del 61% de los votos, hoy apenas superan el 29%. Más que un fenómeno electoral, esto refleja a una ciudadanía que mira la política con distancia. Según el Barómetro de las Américas 2025/26, solo el 31% de los peruanos declara interés en la política y apenas el 18% está satisfecho con la democracia.

Esta desconexión convive con una conflictividad territorial latente. Solo en abril de 2026, la Defensoría del Pueblo registró 190 conflictos sociales. Las tensiones reales se disputan en el territorio, en torno a recursos naturales, seguridad, empleo, inversión y la presencia efectiva del Estado.

El balotaje definirá mucho más que la Presidencia. El próximo gobierno enfrentará el reto de administrar demandas sociales activas y construir acuerdos en un Congreso bicameral sin mayorías automáticas. Por eso, el punto central ya no es solo quién gane, sino cómo se reconfigurará el poder institucional. En este escenario móvil, la clave no será esperar certezas, sino fortalecer las capacidades de anticipación.

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Para el sector privado, esto exige un riguroso análisis de escenarios para identificar señales tempranas de presión regulatoria, reputacional o de negocio, distinguiendo los riesgos coyunturales de las transformaciones estructurales.

La predictibilidad económica será central. Ante demandas sociales y un menor margen fiscal, el riesgo radica en medidas cortoplacistas o cambios regulatorios que puedan frenar la inversión. Frente a una eventual presión recaudatoria, la dirección del Banco Central de Reserva será un ancla vital de estabilidad.

A esto se suman riesgos cuya intensidad varía por sector. Según un estudio de LLYC (diciembre de 2025), sectores con contacto directo ciudadano (servicios, banca, retail) enfrentarán mayor escrutinio público. La industria y la construcción lidiarán con debates sobre empleo y transparencia; y la minería, el agro y la pesca con presiones territoriales y de recursos. En todos los casos, la vulnerabilidad dependerá del capital reputacional acumulado.

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Prepararse exige lectura temprana, definición de escenarios y el mapeo de los nuevos interlocutores para ordenar una agenda de relacionamiento proactiva, antes de que la urgencia límite los márgenes de acción. A la par, será vital afianzar las narrativas corporativas, explicando mejor el aporte empresarial al desarrollo y al empleo. Una mejor reputación no elimina el riesgo, pero sí lo amortigua: reduce la exposición regulatoria, fortalece la legitimidad y mejora la capacidad de respuesta ante escenarios complejos.

En resumen, el balotaje no despejará la incertidumbre: probablemente inaugure una nueva etapa de negociación institucional, disputa regulatoria y reconfiguración de prioridades. En un contexto de baja visibilidad, la diferencia no estará solo en reaccionar rápido, sino en leer mejor el entorno, anticipar escenarios y construir una ruta propia. En el Perú que viene, anticiparse será tan importante como adaptarse.