Liderazgo educativo y medición de resultados: prioridades impostergables

El liderazgo escolar es el segundo factor intraescolar con mayor impacto en los aprendizajes, solo por detrás de la calidad docente

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Es fundamental elegir una mochila con buen soporte y los zapatos en la talla adecuada para que no sea incomodo al realizar las actividades.
Es fundamental elegir una mochila con buen soporte y los zapatos en la talla adecuada para que no sea incomodo al realizar las actividades.

En el Perú, la educación suele ocupar algún lugar en el debate electoral, pero no siempre el adecuado. Con frecuencia, la conversación se limita a cobertura, infraestructura o presupuesto. Sin embargo, si queremos mejorar los aprendizajes de manera sostenida, debemos poner en el centro un factor clave que aún recibe poca atención: el liderazgo educativo.

Hoy el país enfrenta un sistema de más de 8.3 millones de estudiantes, 550 mil docentes y cerca de 60 mil directivos. En este contexto, la evidencia internacional es contundente: el liderazgo escolar es el segundo factor intraescolar con mayor impacto en los aprendizajes, solo por detrás de la calidad docente.

No se trata de un elemento accesorio. El liderazgo es una palanca estructural del sistema educativo.

Desde el British Council, organización del Reino Unido para las relaciones culturales y las oportunidades educativas, con más de 70 años de trabajo en el Perú, hemos observado de manera consistente que los sistemas que logran mejoras sostenidas en aprendizaje son aquellos que no solo invierten en el desarrollo de sus directivos, sino que construyen trayectorias de crecimiento profesional y aprovechan estratégicamente su rol para impulsar la mejora del sistema.

Cómo impacta el liderazgo en los aprendizajes El liderazgo educativo no es un concepto abstracto. Su impacto se materializa en dimensiones concretas dentro de la escuela y el aula.

Influye en la calidad de la enseñanza, a través de la observación de aula y el acompañamiento docente; en la cultura escolar, al establecer altas expectativas y promover el trabajo colaborativo; en la gestión pedagógica, asegurando el uso efectivo del tiempo y el seguimiento de los aprendizajes; y en la articulación con el entorno, protegiendo las trayectorias educativas de los estudiantes. Este impacto es particularmente significativo en contextos de mayor vulnerabilidad, donde un liderazgo efectivo marca una diferencia decisiva en los resultados educativos.

Cuando estos elementos no están presentes, incluso las inversiones más importantes pierden efectividad. La evidencia muestra que la infraestructura por sí sola no mejora los aprendizajes: lo que marca la diferencia es cómo se gestionan las escuelas.

Lecciones desde la evidencia internacional La experiencia comparada ofrece aprendizajes valiosos. En Ceará, Brasil, una estrategia que combinó liderazgo escolar, uso sistemático de datos, acompañamiento técnico e incentivos alineados a resultados permitió aumentar la alfabetización en segundo grado de alrededor de 40% a más de 85% en poco más de una década.

El elemento central no fue una intervención aislada, sino la alineación del sistema en torno a objetivos claros de aprendizaje, con directores enfocados en resultados pedagógicos.

Perú: avances y oportunidades El Perú ha avanzado en ordenar su sistema educativo y en definir el rol directivo y sus buenas prácticas. Sin embargo, persisten desafíos importantes: formación fragmentada, supervisión predominantemente administrativa, uso limitado de datos para la mejora pedagógica y escasa diferenciación del liderazgo según el contexto territorial de las escuelas.

En contraste, la experiencia internacional en sistemas como el del Reino Unido han desarrollado estándares claros centrados en liderazgo pedagógico, trayectorias estructuradas de desarrollo profesional y mecanismos de evaluación autónomos enfocados en la calidad.

La diferencia es clara: pasar de gestionar procesos a liderar aprendizajes y evaluar resultados.

Un espacio para construir consensos Conscientes de este desafío, recientemente coorganizamos, junto a CAPPES y con el apoyo de la Embajada Británica en Lima, el encuentro “Diálogo electoral sobre calidad y liderazgo en la educación”.

Este espacio reunió a especialistas y equipos técnicos de distintas fuerzas políticas en un momento clave para el país. Su propósito no fue respaldar propuestas ni candidatos, sino contribuir a un diálogo informado, técnico y basado en evidencia.

El resultado fue significativo: emergieron consensos claros sobre la necesidad de fortalecer el liderazgo educativo, y avanzar hacia marcos regulatorios que promuevan la calidad.

De la evidencia a la acción El reto ahora es traducir estos consensos en políticas sostenibles. Esto implica consolidar el liderazgo pedagógico como eje del rol directivo, alinear estándares, formación y evaluación, vincular incentivos a resultados de aprendizaje y fortalecer las capacidades del sistema para acompañar y escalar prácticas efectivas.

Pero, sobre todo, implica algo más profundo: construir una visión de largo plazo que trascienda los ciclos políticos. La educación requiere continuidad, evidencia y acuerdos técnicos.

Hoy, el Perú tiene una oportunidad única. Si logramos colocar en el centro de la agenda el liderazgo educativo, la medición de resultados y la gestión de alianzas público-privadas que fortalezcan el sistema, no solo estaremos mejorando la gestión de las escuelas, sino ampliando las oportunidades de millones de estudiantes.

Porque, al final, la calidad de un sistema educativo depende, en gran medida, de la calidad de quienes lo lideran.

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