Las autoridades en Perú detectaron la presencia de una mafia albanesa de la droga que utiliza Lima Metropolitana y el Callao como puntos estratégicos para el tráfico internacional de cocaína hacia destinos europeos.
La investigación, difundida en un reportaje periodístico por Panorama, dominical de Panamericana Televisión, reveló que clanes familiares de nacionalidad albanesa han consolidado conexiones con grupos locales y utilizan el principal puerto marítimo de Perú como eje en la exportación ilícita.
El principal implicado, Maglent Dybeli, ciudadano con triple nacionalidad y dominio de varios idiomas —albanés, español, italiano, francés, alemán—, lideraba la operación. Su capacidad para manejar múltiples identidades permitió que se integrara en la vida peruana y coordinara actividades delictivas de alto alcance.
Según la pesquisa, Dybeli encabezaba una estructura que gestionaba el envío de cargamentos de cocaína a Europa, con especial destino en Alemania y los Países Bajos.
El modus operandi incluía el camuflaje de droga en contenedores de pescado y calamar gigante, así como en ladrillos, dos métodos principales empleados para evitar los controles aduaneros.
Registros audiovisuales mostraron cómo los cómplices detallaban el proceso de ocultamiento de la sustancia en productos listos para exportación.
Socios locales, rutas y métodos de exportación
La Fiscalía Antidrogas del Callao y la Dirección Antidrogas (Dirandro) de la Policía Nacional del Perú (PNP) lograron establecer la colaboración directa de Dybeli con ciudadanos peruanos.
Entre los aliados locales, se identificó a Juan Vidal Vásquez Centeno, encargado de abastecer la droga desde el Vraem, y Rómulo Mengoni Calderón, vinculado a antecedentes por falsificación de documentos.
El producto era acopiado, marcado con logotipos de estrella y delfín para certificar su pureza y origen, y luego preparado para el traslado.
Las investigaciones incluyeron seguimientos y registros de reuniones en Lima, donde se pactaba la salida de cargamentos. Un integrante del grupo, captado en imágenes, explicó el camuflaje de la droga en cajas de pescado, subrayando la sofisticación del método.
En el mercado europeo, el kilo de cocaína peruana alcanzaba entre ochenta mil y cien mil dólares, con el puerto de Hamburgo como principal destino. La mafia albanesa controlaba la recepción y posterior distribución en Europa, consolidando una red eficaz entre Sudamérica y el Viejo Continente.
Durante los operativos policiales en Callao, Comas y Los Olivos, se incautaron decenas de paquetes listos para exportación, junto con radios portátiles y documentos falsos. En la vivienda de Dybeli, las autoridades hallaron pasaportes, registros y material que evidencia el alcance internacional de la organización.
Los dispositivos electrónicos intervenidos ofrecieron pruebas clave: comunicaciones internas, imágenes de contenedores contaminados y rastros de envíos previos. Ante el avance de la investigación, Dybeli ajustó su estrategia legal, solicitando la presencia de un traductor de albanés en cada diligencia, pese a su dominio del español.
El Ministerio Público dictó dieciocho meses de prisión preventiva para Dybeli y sus socios peruanos, marcando un avance en el combate a las redes de tráfico transnacional. Las pesquisas continúan, mientras las autoridades buscan desmantelar completamente la estructura y sus conexiones internacionales.