El presidente de Chile, José Antonio Kast, puso en marcha su promesa más ambiciosa de campaña: el “Plan Escudo Fronterizo”. Se trata de una barrera física de cinco metros de altura y zanjas de tres metros de profundidad que se extenderá por más de 500 kilómetros. Ante este despliegue de maquinaria y fuerzas militares en la zona de Arica, el presidente peruano, José María Balcázar, rompió el silencio con una advertencia cargada de simbolismo histórico.
“Es una decisión presidencial que nosotros respetamos. Nosotros somos demócratas. Pero sí, hay que indicar que cuidado, cuidado, vayamos a volver a los tiempos en que se construía el muro de Berlín y todo fue un fracaso posteriormente”, sentenció Balcázar en diálogo con RPP.
Consultado sobre si la obra fracasará, el mandatario evitó hacer predicciones exactas, pero se reafirmó en su analogía histórica y destacó que, de acuerdo al canciller Hugo de Zela, el mandatario José Antonio Kast tiene “las mejores intenciones”.
“Yo no prejuzgo, yo pienso que el diálogo razonado es la única forma de cómo los países y las sociedades pueden caminar. Sin diálogo razonado, como siempre soy un habermasiano, de Habermas, eso es fundamental. Si se aplica esa tesis de Habermas, tendríamos muchas cosas por resolver y no entrar en peleas y disquisiciones, a veces de exquisitez, que no resultan aplicables para poder solucionar los problemas del país”, sentenció.
¿Un muro contra la soberanía peruana?
Aunque el mandatario aseguró que su gestión es respetuosa de las decisiones internas de Santiago, marcó una línea roja infranqueable: la integridad territorial. “Respetamos lo que pueda decir o hacer el presidente chileno, pero respetando nosotros nuestra soberanía”, subrayó.
Esta preocupación no es menor. El trazado del muro contempla zonas limítrofes extremadamente sensibles. En entrevista con Infobae Perú, el abogado internacionalista Miguel Ángel Porras, del estudio Ugaz Zegarra, advirtió que el punto crítico es el denominado Triángulo Terrestre, un área de 3.7 hectáreas que permanece bajo diferendo pese al fallo de la Corte de La Haya en 2014.
“Si el muro se levanta en áreas en disputa, puede interpretarse como un acto de demarcación unilateral y tensar las relaciones en el plano internacional”, explicó Porras. Según el especialista, si Chile decide cimentar su barrera sobre este territorio costero, Perú tiene el camino expedito para volver a los tribunales internacionales. “Nos quedan los mecanismos de reclamo ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya”, precisó.
Asimismo, calificó la medida como “efectista” y “populista”. El abogado recordó que la experiencia global, desde el muro de Donald Trump en EE. UU. hasta las vallas de Ceuta y Melilla en España, demuestra que las barreras físicas no detienen los flujos, sino que los encarecen y vuelven más peligrosos.
“Este tipo de medidas no frenan el flujo de migrantes, solo desplazan las rutas hacia zonas más inhóspitas. Es una respuesta para congraciarse con el electorado, pero no resuelve el problema de fondo del crimen organizado”, sostuvo el internacionalista.
También advirtió sobre un inminente “efecto embudo” en Tacna, donde miles de migrantes podrían quedar varados, generando una crisis humanitaria que el Perú tendría que gestionar de forma directa.