Hablar sobre la muerte sigue siendo un tema incómodo para muchas familias en el Perú. La sola mención de ordenar documentos, revisar partidas o dejar un testamento suele interpretarse como una señal de mal augurio o una falta de sensibilidad. Sin embargo, la experiencia cotidiana demuestra que evitar estas conversaciones puede derivar en conflictos largos y costosos cuando ocurre un fallecimiento inesperado, especialmente si hay bienes, herederos o documentos con errores.
La abogada de familia Aida Parró advierte, en conversación con RPP, que ese silencio tiene consecuencias prácticas muy concretas. En su ejercicio profesional, ha visto cómo trámites que pudieron resolverse en poco tiempo terminan extendiéndose por años debido a omisiones mínimas o a la falta de previsión. Para ella, el problema no es legal sino cultural, y se traduce en procesos engorrosos para quienes quedan a cargo de resolver la herencia.
El tabú de ordenar los documentos en vida
Parró reconoce que proponer la revisión de documentos o la elaboración de un testamento suele generar rechazo. La abogada explica que este tipo de reacciones impide tomar conciencia de que ordenar papeles no tiene relación con desear la muerte de alguien, sino con evitar problemas futuros a los herederos.
Desde su experiencia, la falta de previsión se refleja sobre todo en errores simples que luego se vuelven obstáculos legales. Actas de nacimiento, partidas de matrimonio o documentos de identidad con nombres mal escritos, letras omitidas o diferencias mínimas pueden bloquear un proceso sucesorio. “Por favor, revisen sus documentos y vean que sus actas, sus partidas están bien”, recomienda, recordando que una rectificación tardía puede demorar cinco, seis o incluso siete años.
Los documentos clave tras un fallecimiento
Cuando una persona fallece, hay una serie de documentos básicos que deben reunirse para iniciar cualquier trámite legal. Entre ellos se encuentran el acta de defunción, el DNI del fallecido y las actas de nacimiento de los posibles herederos. Si existe cónyuge sobreviviente, también es indispensable el acta de matrimonio. Todo este conjunto debe ser revisado por un abogado o un notario antes de iniciar la sucesión.
El punto más delicado suele estar en los nombres y apellidos. Una sola letra distinta basta para que el documento sea observado. Parró explica que, en muchos casos, estas correcciones pueden hacerse de manera administrativa ante la Reniec, sin mayores costos y en un plazo aproximado de dos meses. Solo cuando el error es más complejo se requiere una vía notarial o judicial, lo que alarga el proceso.
Sucesión intestada y conflictos entre herederos
Si no existe testamento, el camino es la sucesión intestada, que puede realizarse por vía notarial o judicial. Una vez reunidos los documentos, el trámite inicial puede avanzar con relativa rapidez. El verdadero problema suele aparecer después, cuando llega el momento de repartir los bienes y surgen desacuerdos entre los herederos.
Parró señala que estas disputas son frecuentes cuando hay varias propiedades o cuando no existe claridad previa sobre la distribución. Las discusiones, según indica, no solo retrasan la adjudicación sino que deterioran las relaciones familiares. Por ello, recomienda que, una vez reconocidos los herederos, se avance hacia acuerdos claros que permitan adjudicar los bienes sin prolongar el conflicto.
El testamento como herramienta preventiva
Frente a ese escenario, la abogada sostiene que el testamento es una solución simple y eficaz. Hacerlo no requiere trámites complejos: basta acudir a una notaría con el DNI y manifestar la voluntad de dejar testamento. En el caso de personas mayores de setenta años, se solicita además un certificado médico psiquiátrico que acredite que se encuentran en pleno uso de sus facultades.
El contenido del testamento puede ser sencillo. Parró explica que no es obligatorio detallar cada bien, y que muchas veces basta con declarar quiénes son los herederos para evitar conflictos. La ley permite, además, disponer libremente de un tercio del patrimonio, mientras que el resto se reparte según los porcentajes legales. El documento puede modificarse, actualizarse o incluso revocarse en cualquier momento.
Bienes sin herederos y cuentas olvidadas
Cuando una persona fallece sin herederos conocidos, los bienes no quedan en el limbo. En esos casos, la beneficencia es la entidad que toma conocimiento y dispone de ellos mediante un procedimiento específico. Este escenario, aunque menos frecuente, también evidencia la importancia de dejar instrucciones claras en vida.
Respecto a cuentas bancarias, seguros o fondos previsionales, Parró señala que los herederos pueden solicitar información a los organismos correspondientes para saber si existen depósitos, seguros de vida o afiliaciones a AFP. Sin esa gestión, muchos de estos recursos pueden quedar olvidados durante años, especialmente cuando la muerte ocurre de forma intempestiva y no hubo una organización previa.